PILAS NO INCLUIDAS

SORA SANS

No necesitaban foto, ni un packaging espectacular, ni claims inspiradores, ni un video reel... con verlos era suficiente porque todos y cada uno de los ejemplares eran adorables. Podías interactuar con ellos en real time, observar cómo jugaban y saltaban de un lado a otro: incansables, jóvenes, perfectos. Debían estar diseñados por algún tipo de Dios porque todo lo que hacían parecía tan real: sus voces, su llanto, la flexibilidad de sus cuerpos, sus ojos. ¡Sus ojos eran increíbles! Parecían ojos de dibujos animados, vivaces y brillantes, tan expresivos que casi podían hablar con la mirada. Costaba mucho decidir entre todos los modelos porque tampoco había dos iguales, cada uno tenía sus propias peculiaridades: colores diferentes, alturas y tamaños distintos, rasgos distintivos. Y lo mejor era el precio: gratis. Puedes elegir el que quieras y en unos días, llevártelo a casa, justo a tiempo para la mañana de Reyes. Mis hijos van a alucinar, seré el padre del año, sin duda. Me acerco a uno de los ejemplares e intento tocarlo pero se esconde en un rincón: demasiado tímido. El siguiente se me acerca y me olisquea la mano, ¡perfecto! Me llevo este, le digo a la chica del mostrador. Antes de nada, señor, quería comentarle que no incluye pilas. ¿Cómo, pilas ha dicho? ¿Pero no son animales de verdad? Sí, claro, pero las pilas no son para ellos, son para usted. ¿Para mí, y para qué voy a querer yo tener pilas? Bueno, es sencillo, los animales no son juguetes, no se pueden apagar cuando uno quiere, y las familias los adoptan con entusiasmo pero algunas pierden la energía pocos meses después y ya no son capaces de cuidarlos, jugar con ellos, atenderlos... Así que es mejor que avisemos de que hará falta una gran batería de amor para acogerlos de verdad. Ya entiendo, ¿y aceptan devoluciones?

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