«Picasso viola los cánones de la belleza»

Retrato de Waldermar-George, obra de Alberto Savinio. :: sur/
Retrato de Waldermar-George, obra de Alberto Savinio. :: sur

La Casa Natal reúne en un libro textos inéditos en español sobre el artista del crítico Waldemar-GeorgeEl volumen ofrece un intenso testimonio del debate estético surgido a principios del siglo XX entre las vanguardias y los defensores del clasicismo

Antonio Javier López
ANTONIO JAVIER LÓPEZ

En su delicioso librito 'Cómo escribir sobre arte y arquitectura' (1996), el recordado catedrático malagueño Juan Antonio Ramírez recomendaba a los críticos no dedicarse más que unos pocos años a esa actividad, a fin de evitar filias y fobias que terminasen por nublar su independencia y buen juicio. Waldemar-George afiló su pluma hasta convertirse en una figura tan leída como temida en las primeras décadas del siglo pasado. Una firma deseada en las revistas, polémica en sus juicios y no poco criticada por sus opiniones, que fueron virando desde el afán de modernidad hacia un cariz casi reaccionario. Y en ese periplo, al correr del tiempo, también fue girando la tuerca de su análisis de la obra de Pablo Ruiz Picasso desde la fascinación hasta cierta displicencia.

Ese sugerente viaje a los intensos años del nacimiento del arte moderno, en general, y a la obra del malagueño, en particular, plantean las páginas de 'Waldermar-George. Escritos sobre Picasso (1921-1946)', la nueva entrega de la colección 'Textos recuperables' editada por la Fundación Picasso-Museo Casa Natal, que ayer se presentaba en sociedad.

El volumen ofrece una suculenta selección de textos hasta ahora inéditos en español de Waldemar-George en una edición bilingüe a cargo de Carlos Ferrer Barrera, del Centro de Documentación de la Casa Natal. «Después de 136 años del nacimiento del artista, todavía hay líneas de investigación abiertas sobre su vida y su obra», glosaba en la mañana de ayer el director de la agencia municipal que gestiona la Casa Natal, José María Luna.

En esta ocasión, el lector puede constatar los «vaivenes» del autor, desde el entusiasmo de Waldemar-George, seudónimo de Jerzy Waldemar Jarocinski (1893-1970) en sus primeros textos de mediados de los años 20 hasta el afilado desapego mostrado dos décadas más tarde. Ferrer desgranaba el motivo esencial de ese distanciamiento: Waldemar-George promulgaba un estricto regreso al clasicismo poco amigo del permanente deseo de ruptura de las vanguardias. Mientras Picasso anduvo cerca de esos postulados -en sus periodos azul y rosa y, luego, en los primeros años 20-, su obra recibió elogios del crítico; cuando Waldemar-George comprobó la eterna reinvención del malagueño, jugó al descrédito de su propuesta.

«No es un técnico, es un poeta»

Del lado entusiasta, en la reseña publicada en 'Valori Plastici' en 1924, el autor saluda: «Cada pintura o dibujo de Picasso es un problema planteado y resuelto». Unas líneas más adelante, añade: «Picasso no es un técnico ni un intérprete, es un poeta que da un nuevo sentido a las palabras que emplea». Y al cabo, remata: «En el caos informe de la producción pictórica de hoy, la personalidad de Pablo Picasso aparece como la de un precursor que se adelanta a su época, traza un nuevo camino a sus contemporáneos y les impone una ley, y lo hace sin despejar la clave de su enigma».

La cuerda empezaba a tensarse y en 'Picasso. Dibujos', publicado en 'Éditions des Quatre Chemins' en 1926, Waldemar-George argumenta sobre la obra del malagueño: «Con una base rigurosamente lógica, es irracional como una arquitectura gótica ejecutada por sabios ingenieros. Ataca a la razón, al sentido común y a las leyes de la óptica. (...) Viola los cánones de la belleza proporcional. Es un arte poético de efusión e intuición. Que no me digan que los medios de Picasso son los de un pintor clásico».

Y veinte años después publicaría en la revista 'Ópera' (1946) un artículo que levantaría no poca polvareda en los círculos artísticos. Al hilo de la controversia suscitada por la exposición del malagueño en el Victoria and Albert Museum londinense, Waldemar-George lanza su puya desde el mismo título de la reseña: 'El arte de Picasso no es francés'. El crítico empieza: «La exposición de cuadros de Picasso (...) ha suscitado violentas controversias. Visitantes que, créannos, nadie ha tratado de fascistas, protestaron contra un arte que es, según afirman, 'un atentado contra la persona humana'».

El tiro por la culata

Y, como acérrimo valedor de los valores clásicos, cierra: «El conjunto de su obra es un tiro por la culata de las épocas oscuras. De hecho, Picasso pisotea con una alegría sádica o sadomasoquista los rasgos del arte occidental». Con ese argumento, el reseñista considera al malagueño demasiado «bárbaro» para estar inscrito en la tradición artística francesa.

«Waldemar-George quería encontrar unas reglas del juego fijas y constantes para el arte moderno y ahí se aleja de las pretensiones de las vanguardias artísticas y, sobre todo, de Picasso», explicaba en la presentación del volumen Ferrer Barrera antes de añadir: «Para Waldemar-George, Picasso ya había encontrado su particular humanismo con las gigantas de los años 20 (...), pero esa necesidad del malagueño de seguir buscando le hace caer en un círculo vicioso del que no puede salir nada bueno», en opinión del autor que después de casi un siglo olvidado sale a la luz de la mano de la Casa Natal de Picasso.

Sin rencores.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos