La película que nos llevó a las estrellas

Rodaje. Stanley Kubrick tardó cuatro años en rodar '2001'. Debido a su legendario perfeccionismo, el presupuesto se disparó de los 4,5 a los 10,5 millones de dólares. / SUR
Rodaje. Stanley Kubrick tardó cuatro años en rodar '2001'. Debido a su legendario perfeccionismo, el presupuesto se disparó de los 4,5 a los 10,5 millones de dólares. / SUR

Stanley Kubrick dirigió hace medio siglo el filme que redefinió el género de la ciencia ficción

OSKAR BELATEGUI

En 1968, Stanley Kubrick abrió una ventana por la que entró un cegador baño de luz en la hasta entonces poco ventilada habitación de la ciencia ficción. A partir de entonces, lo que desde los años 50 había sido puro alimento para adolescentes se iba a convertir en imán para multitudes. '2001: Una odisea del espacio', estrenada el 2 de abril en el Loew's Capitol de Nueva York y en España el 17 de octubre, demostró que las fantasías cinematográficas podían ser tan complejas, crípticas y fascinantes como la mejor literatura. En el universo intergaláctico, descubrió Kubrick, hay un vasto espacio para la filosofía.

Habría que remontarse a 'Metrópolis' de Fritz Lang, en 1927, para encontrar una fantasía futurista con tanta repercusión pública y cultural. '2001' fue la película perfecta para la era hippy (hasta se puso de moda ir al cine colocado para sumergirse en el viaje lisérgico del astronauta Bowman). Halló al público que necesitaba en la generación de la contestación y la contracultura. El rasgo distintivo de esta libre adaptación de un relato corto de Arthur C. Clarke, 'El centinela', era su espíritu de verismo, ignorado habitualmente por los filmes fantásticos. El director estadounidense afincado en Londres fue escrupuloso desde el punto de vista de la minuciosidad científica, rodeándose de especialistas que le ayudaron a diseñar un futuro plausible.

Kubrick innovó técnicas de efectos especiales para recrear la conquista espacial sin las cuales no hubiera existido una década después 'La guerra de las galaxias'. Tardó cuatro años y disparó el presupuesto de 4,5 a 10,5 millones de dólares. La Metro Goldwyn Mayer no sabía qué hacer cuando el autor de 'Espartaco' le presentó un filme lento, sin línea argumental clara, que saltaba de los hombres de las cavernas al abismo sideral. Las crónicas del estreno contabilizaron 241 abandonos en la sala, incluido Rock Hudson, que profería gritos del tipo: «¿Alguien puede explicarme de qué diablos va esto?».

¿De qué va '2001'? Su propósito es documentar el primer contacto del hombre con una civilización superior, a través de la crónica de una expedición espacial a las lunas de Júpiter en el año del título (Kubrick no eligió el 2000 porque en esa fecha transcurre 'Metrópolis'). Los protagonistas van tras la pista de un misterioso monolito, vigilante en la Tierra desde los orígenes de la Humanidad. Ningún elemento de una película ha dado lugar a tantas teorías. '2001' reflexiona sobre la perplejidad del individuo ante la dominación de la técnica sobre el espíritu. Y su huella se rastrea en todas las películas que se han interrogado después sobre la presencia del hombre en el Universo.

Un único Oscar

«Jamás traté de dar un mensaje traducible en palabras. '2001' es una experiencia de tipo no verbal», defendía Kubrick en la revista 'Playboy' poco después del estreno. «A lo largo de 2 horas y 19 minutos de película, apenas hay 40 de diálogo. Traté de crear una experiencia visual, que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara indirectamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica». De hecho, el realizador suprimió del montaje final diálogos clarificadores. Como reconocía Arthur C. Clarke, «si has entendido '2001' por completo, es que lo hemos hecho mal». «Queríamos ofrecer más preguntas que respuestas».

Un único Oscar a los efectos especiales recompensó los méritos de un filme que anticipó la tecnología del futuro. El 'Newspad' con el que Bowman se mantiene en contacto con la Tierra fue la inspiración de Apple para crear el iPad cuarenta años después; el 'Picturephone' era el precursor de Skype. Sin la inteligencia artificial de la computadora HAL, una máquina que siente y toma decisiones cuando se siente amenazada, no existiría 'Alien'. Ni Siri.

El ballet cósmico a los sones de 'El Danubio azul' permanece como una de las imágenes más perdurables de '2001', que atesora la mayor elipsis narrativa de la historia del cine: un salto de varios millones de años representado por el hueso que lanza un homínido, transformándose en una nave espacial. Los primeros compases de 'Así habló Zaratustra', también de Strauss, forman parte de la memoria cinéfila. Sin embargo, la cinta contó con una banda sonora propia compuesta por Alex North, que Kubrick sustituyó por piezas de música clásica. El compositor se enteró en el primer pase previo en un cine de Nueva York. 'Senderos de gloria' y sus problemas con el estudio habían enseñado a Kubrick cómo mantener a sus compañeros de producción tan a oscuras como le fuera posible.

El inminente Festival de Cannes, que arranca el 8 de mayo, celebrará el medio siglo de '2001' con una proyección en su formato original de 70 milímetros. Christopher Nolan apadrinará el acto llevado por su pasión por la película: «Uno de mis primeros recuerdos del cine es ver con mi padre '2001' en 70 milímetros en el Leicester Square Theatre de Londres. Recrear esa experiencia para una nueva generación es un honor y un privilegio», se congratula el director de 'Dunkerque'.

Al año siguiente del estreno de '2001', el hombre llegó a la Luna. David Bowie y Lou Reed habían cantado a la fascinación por el futuro y el espacio exterior, espoleados por la película de Kubrick. Su impacto en la cultura pop todavía es detectable en el diseño, el arte, la literatura y el cine.

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