Pedro de Tapia, señor de la villa y de la Plaza Mayor

Recreación anónima de la Plaza Mayor de Madrid, en 1623. /SUR
Recreación anónima de la Plaza Mayor de Madrid, en 1623. / SUR

Se celebra el IV centenario de una de las obras más importantes del Madrid del siglo XVII, cuyo superintendente fue el fundador de Villanueva de Tapia

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Madrigal de las AltasTorres (Ávila) y Villanueva de Tapia tienen mucho en común. En el pueblo abulense nació Pedro de Tapia y Rivera, durante la segunda mitad de siglo XVI, conocido por sus estrechas relaciones con la corona, su posición de licenciado y alto funcionario y por ser el superintendente de una de las obras civiles más importantes del Madrid del siglo XVII: el derribo de la Plaza Vieja y construcción de la actual Plaza Mayor. El pueblo malagueño fue un pequeño capricho al sur de España que el trabajador del Estado le compró a Felipe III por doce mil ducados para convertirse así en señor de una villa, uno de los mayores rangos nobiliarios de la época.

Este vínculo ha sido un gran desconocido durante años hasta que, con la celebración del IV Centenario de la construcción de la Plaza Mayor de Madrid (1617-1619), el Centro de Estudios Madrileños (CEM) quiso indagar en la placa que preside uno de los frontales de la construcción, que recuerda a Pedro de Tapia como superintendente de la obra. Para conocer más sobre este influyente personaje el CEM recurrió al historiador madrileño Isidoro Otero, que ha publicado numerosos artículos en revistas especializada sobre el fundador de Villanueva de Tapia. Otero participó en el ciclo de conferencias con el que se conmemoró la efeméride, en el que participó el máximo exponente del análisis del Barroco Español, Antonio Bonet Correa.

El único libro de poesía de Cervantes está dedicado al hijo del consejero real para ganarse su favor como protector y mecenas

Otero explica a SUR que Pedro de Tapia llegó a ser «una pieza clave en el Madrid de los Austrias», y que todo empezó por una prolífica carrera como jurista en la que recorrió media España. «Estudia Leyes en Valladolid, y desde entonces desarrolla un 'cursus honorum' espléndido». Según comenta el experto, «escaló de forma espectacular». De Tapia comienza siendo oidor de las chancillerías –antiguos tribunales de justicia– de Madrid y luego Valladolid y Granada. En su periodo en Andalucía conoce a la que fue su mujer, doña Clara del Rosal. «Se convierte en alcaide del Castillo de Loja, llega a tener un puesto importante, pero él quería ser no sólo un hidalgo, quería llegar a ser un señor de vasallos, llegar al señorío».

Para ello debe poseer una tierra, y es entonces cuando se da cuenta de que hay una villa en disputa, entre la casa de Iznájar y la casa de Osuna (Archidona y comarca norte de Málaga). Esa zona, conocida como Entredicho, carecía de un municipio titular, por lo que De Tapia se lo notifica a Felipe III, de quien era consejero real, y consigue hacerse primero con los terrenos y luego con la jurisprudencia por un precio acomodado, gracias a su estrecha relación con el monarca. En 1605, el licenciado era señor de los terrenos, impartía justicia y cobraba los impuestos de toda la producción agrónoma del terreno.

Placa en la Plaza Mayor de Madrid en honor a la figura de Pedro de Tapia. Escultura del Licenciado Pedro de Tapia, obra de Pompeyo Leoni, uno de los grandes escultores de reyes.'Viage del Parnaso', única obra, en verso de Miguel de Cervantes, dedicada al hjo de De Tapia en busca de su favor / Isidoro Otero | SUR

Ya acomodado y como señor de Villanueva de Tapia, recibe un encargo muy especial para Felipe III. «El valido Duque de Lerma convenció al Rey para trasladar la capital a Valladolid, en lo que fue una gran especulación urbanística». El capricho vallisoletano duró unos años, y el monarca decidió trasladar de nuevo la corte a Madrid, pero se da cuenta de que echa de menos la Plaza Mayor de la ciudad del Pisuegra, por lo que en 1617 ordena derribar la Plaza Vieja y erigir la actual Plaza Mayor de Madrid. De Tapia entra en escena como superintendente de la obra, «uno de los cargos de mayor confianza del Rey», añade Otero.

En aquél momento, todo el proceso queda en manos del fundador del pueblo malagueño. Eligió como arquitecto a Juan Gómez de Mora, uno de los constructores más valorados de los primeros años del Barroco español. «En la plaza se plasma su gestión, aunque en lo artístico solo queda la placa». Otero explica que en la plaza mayor se van a celebrar todos los actos públicos y sociales de la capital: «Las plazas mayores eran al Barroco lo que en la antigua Grecia eran los anfiteatros o ahora son los campos de fútbol; allí se instrumentalizaba el poder». La gestión de De Tapia hizo que el caso de Madrid se tomara como ejemplo para otras grandes ciudades de España y Europa.

Mecenazgo

El historiador explica que la mayoría de los escritores del Siglo de Oro buscan el favor de los altos cargos reales, y Pedro de Tapia fue uno de ellos. El mayor ejemplo de esta relación está en la única obra de poesía de Cervantes, que dedicó al hijo del funcionario, Rodrigo de Tapia, «en busca del favor de su padre». Según ha podido documentar Otero, De Tapia tuvo relación con Lope de Vega, que hace referencia al señor en varias obras, al igual que estuvo en el punto de mira de Juan de Tassis, Conde de Villamediana. El crítico, que fue «la piedra en el zapato de la monarquía», ataca a Pedro de Tapia en un poema satírico por su posición privilegiada.

De Tapia nunca llegó a vivir en su villa, aunque se le atribuyen algunas visitas de cortesía. No obstante, la localidad malagueña se afana en conocer su pasado.

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