Crítica de música

Patética para recordar

A. J. L. MANUEL DEL CAMPOMÁLAGA.

El cuarto de los programas de abono de la Orquesta Filarmónica de Málaga en esta su XXVIII temporada -anteayer jueves y ayer viernes- contó con la dirección de Manuel Hernández-Silva, director titular y artístico de la OFM, y su concertino Andrea Sestakova como solista de violín, con un programa que se dedicaba únicamente a dos compositores y a otras dos obras: 'Concierto en la menor' Op. 55 para violín y orquesta de Antonin Dvorak (1841-1904) en la primera parte y la 'Sinfonía n.º 6 en si menor' Op. 74 'Patética' de Piotr Illich Tchaikovsky (1840-1893) en la segunda.

Una de las grandes figuras del nacionalismo checo es Dvorak, de temperamento en especial sinfónico, y también entre sus obras figura ese 'Concierto en la menor' para violín y orquesta, que abría la sesión. Andrea Sestakova y la OFM propusieron con la batuta del maestro Hernández-Silva, esforzado en lograr una coordinación y equilibrio sonoro entre solista y conjunto, una traducción estimable, superando nuestra violinista ese virtuosismo no precisamente gratuito, que encierra el 'Concierto en la menor' de Dvorak con la intensidad aportada por la OFM. Se gustó en especial el tercer movimiento, que se asemeja a una serie de danzas más que a una concepción sinfónica. Los aplausos del auditorio tuvieron respuesta con el bis del final de la página del compositor checo.

Si ha habido algún tiempo, que sí que lo hubo, en el que se consideraba a Tchaikovsky un músico fácil y hasta de segunda fila, menospreciándose su obra porque gustaba al público, ya hoy no es así. Heredero de los grandes románticos, un ruso occidental apartado de los que representaban 'Los Cinco' y esta 'Sinfonía patética' es su despedida sinfónica -responsable del título es su hermano Modest- y ha dado leyendas distintas puede que por circunstancias del estreno y fúnebres coincidencias. Hubo emoción en lo escuchado anteanoche tanto por la exposición de su lirismo cantabile como por la generosidad sonora y los efectos logrados por los profesores de la Orquesta Filarmónica malagueña y Manuel Hernández-Silva. Brillantes y con calidad las cuerdas; atentos a todos los detalles vientos y percusión, con interesantes intervenciones solísticas y conjunción. Hernández-Silva volvió a confirmar su excelente hacer, mando, amplio repertorio de gesto y actitudes, obteniendo estupendos resultados de los profesores a sus órdenes. Profundo el arranque del 'Adagio' que precede al 'Allegro ma non troppo', expresivo el famoso vales que le sigue, en cinco por cuatro (siempre se suponen los valses en tres por cuatro), vibrante y enormemente rítmico el tercer movimiento, entre marcha y scherzo, hasta el dramatismo derrochado en el 'lamentoso' final de la 'Patética', estupenda versión reconocida por los grandes aplausos del auditorio con repetidos saludos de todos los profesores de la OFM y el maestro Hernández-Silva. Y para que no falte, hacer notar que la sustitución como concertino de la Orquesta Filarmónica de Málaga la asumió con absoluta solvencia un reconocido violinista como es Miguel Borrego.

En medio de la vorágine virtual queda espacio -y gente interesada- en mantener una relación física con la cultura. Los discos de vinilo, los libros en papel y las fotografías impresas. Y en ese último apartado, pocos formatos pueden competir con el encanto instantáneo de una 'polaroid'. Es la herramienta que emplea el fotógrafo norteamericano Pat Graham, que ayer presentaba en el Centro Cultural Provincial María Victoria atencia la exposición 'Pasado perfecto', incluida en el festival Moments dedicado a la cultura urbana.

«Este tipo de fotografías son muy especiales, porque son un reflejo inequívoco del momento capturado y, al mismo tiempo, se convierte en un recuerdo físico de aquel instante único», ofrecía ayer el fotógrafo sobre la muestra que se mantendrá en cartel hasta el próximo 5 de enero.

El propio Graham es el comisario de una muestra en la que se dan cita creadores de la escena alternativa estadounidense vinculados al diseño editorial, al 'skateboard', el 'street art' y la música.

Los responsables de la Diputación Provincial destacaban ayer que Graham «ha pasado gran parte de su vida retratando a gente, documentando cosas e inmortalizando lugares con varias cámaras Polaroid. Tanto es así, que el fotógrafo conoció en 1997 a Melanie Standage, su futura esposa y colaboradora, gracias a este modelo de cámara. La unión de sus viejas Polaroids con las nuevas fotos que hicieron conjuntamente fue la base de la primera exposición 'Pasado perfecto' en 2004, que pudo verse tanto en Londres y como en Washignton.

«Del mismo modo que sus fotografías se unieron para dar forma a aquella primera muestra, Graham pensó en aplicar el mismo concepto a un grupo más numeroso de fotógrafos. El artista se puso en contacto con algunos de sus fotógrafos favoritos y también con amigos que utilizaban esta técnica y les pidió una serie de imágenes, buscando un detalle especial que las hiciera únicas», añadieron desde la Diputación.

Así surgía la nueva exposición, que en palabras del propio Graham se trata de «una representación del espíritu y del momento en que esas imágenes únicas fueron capturadas, con sus grandes virtudes y sus bellas imperfecciones».

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