Del papa cuestionado a la emperatriz melancólica

Albas y Ocasos

Tal día como hoy nacía Giovanni Maria Ciocchi del Monte que, ya enmitrado y encasullado,intentó en vano mantener la precaria paz entre Francia y el Sacro Imperio, y moría Isabel de Baviera, que las películas de Ernst Marinschka inmortalizarían en romántica posteridad como Sissi emperatriz

MARÍA TERESA LEZCANO

Tal día como hoy nacía Giovanni Maria Ciocchi del Monte que, ya enmitrado y encasullado,intentó en vano mantener la precaria paz entre Francia y el Sacro Imperio, y moría Isabel de Baviera, que las películas de Ernst Marinschka inmortalizarían en romántica posteridad como Sissi emperatriz.

Julio III. Del 10-9-1487 a 23-3-1555

El diez de septiembre de 1487 nacía en Roma Giovanni Maria Ciocchi del Monte, que se convertiría en el papa número doscientos veintiuno de la Iglesia católica con el nombre artístico de Julio III. Ya enmitrado y encasullado, Julio intentó en vano mantener la precaria paz entre Francia y el Sacro Imperio carlista, a la vez que se veía salpicado por escándalos diversos, siendo el más notable el relacionado con su sobrino adoptivo Innocenzo Ciocchi del Monte. Era Innocenzo un mendigo adolescente que fue rescatado de las limosneras y limoneras calles de Parma y contratado por la familia en calidad de sirviente joven de baja categoría. Tras la elevación de Julio al papado, Innocenzo fue adoptado por los Ciocchi del Monte por medio del hermano del papa, y Julio, el tercero de los julios empaliados, que no empalados, no tardó en convertir al ex vagabundo en cardenal-sobrino, a la sazón el funcionario más importante de la Santa Sede, nítido título tras el cual se concentraron toda suerte de rumores brumosos y espinosos: que si cuanto más sobrino más me arrimo; que si papa y cardenal gozan en sexual solideo por igual; que si quien a buen báculo se arrima buena mitra le cobija; que si que bien conjugamos la bibliofilia con la pedofilia; que si cuánto me gusta beber del sobrinesco copón que rima con… Hasta la muerte del tío-papa, el sobrino-cardenal manejó como quiso el cotarro obispal de Roma, aunque el fallo multiórgánico de Julio desgajó el poder multiorgásmico de Innocenzo, a quien desterraron de inmediato bajo las acumuladas acusaciones del asesinato de dos hombres y la violación de dos mujeres aunque no le enjuiciaron porque la sombra papal, aun afantasmada, sigue siendo larga como las epístolas testimoniales. R.I.P.

Isabel Amalia Eugenia de Baviera. Del 24-12-1837 al 10-9-1898

Cuatrocientos once años después del nacimiento romano de Julio III, moría en Ginebra Isabel de Baviera, que las películas de Ernst Marischka inmortalizarían en romántica posteridad como Sissi emperatriz. La hermana mayor de Isabel estaba destinada por consenso familiar a casarse con su primo Francisco José I, emperador de Austria, cuando éste conoció a la benjamina y cambió a una prima por otra, que a las correspondientes dinastías les daba lo mismo y al emperador le ponía bastante más Sissi que Nené, respectivos diminutivos de las desposables hermanas bavieras. Isabel tuvo sin embargo serias dificultades para ceñirse a la estricta etiqueta que se practicaba en la corte imperial de Viena y, después de que su hija de dos años muriera de tifus, Sissi se sumió en una depresión que por esa eufemística época denominaban melancolía, de la que no se recuperó nunca, si bien tuvo tres hijos más, el último de los cuales fue una niña a quien ella llamaba cariñosamente “mi hija húngara” por el apego que tenía a Hungría y las malas lenguas palaciegas adjudicaban directamente a una infidelidad isabelina con el conde húngaro Gyla Andrássy, aunque el propio emperador Francisco, que llevaba regular la jocosa silueta de la cornamenta, se apresuró en constatar, ante sí mismo y ante cualquier cortesano incrédulo, que la citada criatura era clavada a la Casa de Austria, no al suntuoso edificio habitable sino a la no menos suntuosa dinastía, no sabemos si con todos los Habsburgo al completo o sólo incluida la línea de sangre más reciente y más fehaciente. El caso es que Sissi mantuvo su melancolía, o más bien su melancolía la mantuvo a ella, cada vez más apartada del protocolo de la corte imperial, hasta que su único hijo varón fue asesinado y la ingente melancolía ya le tiñó de negro la vestimenta y el alma. Después llegaría el anarquista italiano Luigi Lucheni, quien deslizó, no metafórica sino literalmente, un estilete en el corazón de Isabel y nadie se dio cuenta de ello, ni siquiera la estiletizada, que se sorprendió cuando al quitarse el vestido vio sobre el pecho una mancha roja que no era atribuible a la ingesta de fresas silvestres sino a una empecinada hemorragia sobre el miocardio, la cual, en menos que canta un gallo vienés, la desemperatrizó y la finó de una misma herida. Willkommen.

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