El Palacio Episcopal viaja del románico al arte actual

El Palacio Episcopal viaja del románico al arte actual
Fernando González

Ars Málaga estrena una suculenta exposición a partir de medio centenar de piezas de la Fundación Francisco Godia

ANTONIO JAVIER LÓPEZMálaga

La pequeña y delicada ermita de Santa Caterina, situada en Torroella de Montgrí (Gerona) amenazaba con venirse abajo por el paso del tiempo y el olvido; así que sus administradores plantearon al ayuntamiento del pueblo vender su bien más preciado: la ‘Virgen de la leche’ pintada por Llorenç Saragossà y datada a mediados del siglo XIV. La obra salía a subasta el 19 de noviembre de 1925. El anticuario Juan Cuyás la tenía medio apalabrada por 4.500 pesetas y de ahí partió la puja, que a golpes de 50 pesetas llegó hasta las 5.750 y los aposentos del crítico de arte barcelonés Carlos Juñer.

‘La Virgen de la leche’ descansa ahora en la sala inaugural de ‘La esencia de la belleza’, la más que notable exposición presentada ayer en el Palacio Episcopal (bautizado como Ars Málaga) a partir de 50 piezas procedentes de la Fundación Francisco Godia. Y el proyecto surge rodeado de diversas singularidades. Para empezar, el propio coleccionista: Francisco Godia, el mejor piloto español de Fórmula 1 hasta la llegada de Fernando Alonso, que al bajarse del Maserati con el que alcanzó el séptimo puesto en la clasificación mundial demostró un extraordinario olfato para los negocios (del inmobiliario al químico) y un interés por coleccionar obras de arte, con especial querencia por el románico, el gótico y los albores de la modernidad.

La exposición

Título:
‘La esencia de la belleza’.
Lugar:
Palacio Episcopal.
Fecha:
Hasta el 17 de septiembre.
Horario:
De martes a domingo, de 11.00 a 21.00 horas.
Entrada:
Hoy, acceso gratuito. A partir de mañana, entrada general, 4 euros; malagueños y pase reducido, 2 euros.

El resultado es un conjunto que ronda el millar de piezas –algunas de ellas cedidas para exposiciones en el MoMA neoyorquino o la National Portrait Gallery londinense– de las que medio centenar ocupan ahora el piso superior del Palacio Episcopal. Es la tercera y por ahora última exposición del acuerdo entre el Ayuntamiento, promotor de la iniciativa, y el Obispado, propietario del inmueble que acogerá el montaje hasta el próximo 17 de septiembre. Un verano por delante para viajar del románico al arte actual a través de una muestra que ofrece desde su primer envite diversas y enjundiosas singularidades.

Rarezas en el camino

Así, ‘La Virgen de la leche’ brinda una escena no demasiado reproducida en la Historia del Arte y convive en la sala con dos vírgenes góticas para dar paso en la segunda estancia a un conjunto escultórico de finales del siglo XIII que conserva la policromía original, como destacaba durante el paseo por la exposición la comisaria del proyecto, Mercé Obón. Ese conjunto se enfrenta a un Cristo Crucificado de principios del siglo XIV procedente de la Escuela Castellana.

En la siguiente estancia, la ‘Piedad’ (c. 1500) de Alejo de Vahía sirve de preámbulo a otra de las singularidades de la exposición: la exquisita ‘Sagrada Familia’ (c. 1500) de Pedro Berruguete. Sólo esta pieza ya merece la visita, varias visitas, al Palacio Episcopal. Presentada como la Sagrada Familia más antigua de la Historia del Arte español que se conserva, este óleo sobre tabla regala la delicadeza del velo transparente que cubre la cabeza de la Virgen, hasta la mirada azul brillante de José (que deja entrever la promesa de ser un autorretrato del pintor), pasando por el fondo verdoso al modo renacentista italiano.

Otra rareza. En medio de la Historia del Arte plagada de maternidades, una paternidad: ‘San José con el Niño’ (c. 1660) de Zurbarán en su última época. Y luego el montaje da un salto temporal y conceptual: del Barroco al modernismo catalán, justificado ayer en la inspiración que el primero ofreció a los autores del segundo como Santiago Rusiñol, Ramón Casas, Isidre Nonell y Eliseu Meifrén, entre otros.

Destacan aquí ‘En el hipódromo’ (1889-1891) de Casas y el fragmento de la decoración de la Casa Trinxet (1903) a cargo de Joaquim Mir. La muestra pasa entonces a su última estancia, bautizada con tino ‘Modernidad vs. Modernismo’. El ‘Mercado de la rue Lepic’ (c. 1904) de Joaquim Sunyer actúa de bisagra hacia los cuadros de Joaquín Torres-García (deliciosa su ‘Figura femenina’ de finales de los años 30), la sinuosa ‘Mujer con libro’ (1926) de José de Togores y la enigmática ‘Mujer acostada’ (1947) de Óscar Domínguez en uno de los encuentros más felices de toda la exposición.

Picasso, antes y después

Frente a ellas, la exquisitez de Jaume Plensa en ‘Sombras III’ (2008) junto a la pulsión de Miquel Barceló. Al otro lado de la puerta, otra singularidad, casi la última. Dos pequeñas piezas de Pablo Ruiz Picasso para destilar todo el mensaje de la sala. La primera, un retrato a modo de caricatura de Pere Romeu, alma mater de ‘Els Quatre Gats’, la taberna barcelonesa que sirvió de guarida a la modernidad barcelonesa de principios de siglo. Junto a él, un busto femenino de 1909, ya sumergido en los derroteros de la vanguardia.

Y al final, una rareza, casi una extrañeza: una pieza del chino Zhang Huan que representa a un tigre saliendo del bosque en dirección al espectador. Un cuadro en escala de grises, hecho con cenizas de templos budistas. Y desde la Casa del Obispo llega un eco: polvo eres.

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