Francisco Rivera Ordóñez: «Con mi padre a mi lado todo hubiese sido distinto»

Francisco Rivera Ordóñez: «Con mi padre a mi lado todo hubiese sido distinto»
KAH

«Del toreo hay que irse dignamente, antes de que te falle la ilusión y sin dar pena», afirma el diestro, que se despedirá de los ruedos en septiembre en Ronda

JOSÉ LUIS BENLLOCH VALENCIA.

«¿Paquirri?... Francisco, no me acabo de acostumbrar a llamarle así». A lo que él responde: «A mí me gusta. Tuve que haberlo hecho antes. Ahora pienso que debí salir anunciándome así. Que la gente por la calle me llame Paquirri no sabes lo orgulloso que me hace sentir». Es la primera manifestación de amor filial de Francisco Rivera Ordóñez en esta entrevista y da la sensación de que cada día lo tiene más presente. Hablamos por teléfono. Este nuevo Paquirri está en Menorca compartiendo con la familia los últimos días de asueto antes de meterse en la vorágine de la temporada, su última temporada. El adiós está previsto que sea en Ronda, santuario del mejor toreo, la Ronda de Pedro Romero, la misma Ronda que fascinó a Orson Welles, la que inspiró a Rainer Maria Rilke, la de la plaza de piedra y los toreros machos que cantó el poeta, la Ronda del Niño de la Palma y los Ordóñez. El primer sábado de septiembre, el nieto de don Antonio se retirará del toreo.

-Estamos al final del camino ¿Ha valido la pena?

-Sin duda. Ha sido un privilegio. Mil veces que naciera mil veces que sería torero. Las sensaciones que he sentido en la plaza no las he sentido en ningún sitio.

«Que la gente por la calle me llame Paqurri me hace sentir orgulloso» «Mi faceta pública de prensa rosa me ha hecho daño. También me ha ayudado, no lo niego»

-Suena muy retórico.

-Es la verdad. Doy gracias a Dios todas las noches, por la sangre que llevo, por haber disfrutado del toreo, por haber cuajado un toro en una plaza importante, por el trato con los compañeros... Es un privilegio impagable.

-Bonito y duro.

–Esta es una profesión dura y exigente. Cuando las cosas salen al revés te aseguro que todo es muy difícil, todo se torna muy ingrato. Al mismo tiempo es la profesión más bonita, la que propicia las sensaciones más grandes, las de más fuerza, la profesión más pasional. Aquí todo es al mil por mil.

Vive su última temporada como matador en activo y asegura que lo lleva «fatal». ¿Por qué se va?

–De esta profesión hay que irse dignamente, antes de que te falle la ilusión, sin dar pena y ahora mismo la única pena que tengo es la de irme. El toreo es mi vida y es tanto el cariño y el respeto que le tengo al toro que sé que debo irme.

-Será en Ronda.

–Claro.

-¿Habrá corte de coleta?

–No sé que pasará esa tarde. Sobre la marcha. Lo llevo tan mal que no me apetece pensar en ello.

La goyesca

Su abuelo, el gran Ordóñez, en sus años apartado de las ferias toreaba la goyesca, usted…

–La tentación de la goyesca siempre estará ahí pero es una responsabilidad tan grande la que tengo con nuestra plaza y con lo que significa la goyesca, que debo ser comedido. Yo he tenido el privilegio de torearla muchos años y ahora me toca ser buen anfitrión. Hay muchos compañeros que merecen estar y no son muchos los puestos.

Entonces adiós definitivo.

–¡Hombre!... a mí me gustaría torear festivales. Este mundo es mi vida, yo necesito el toro, necesito sentirme torero y todos sabemos que donde uno se siente así es en la plaza.

Entonces peligra la palabra...

–En estos momentos no existe ese peligro que apuntas. Me retiro. Ronda es la estación término.

En el año 2012 ya dijo adiós y…

–Fue en Zaragoza. Eso fue distinto. No lo sabía nadie, se lo dije a la cuadrilla por la mañana. Estaba cansado de los viajes, de la gente, se juntaron varios factores de desánimo y tengo que reconocer que pensaba que iba a ser definitivo pero luego no fui capaz de vivir sin el toro.

No era feliz.

–Diría que me faltaba algo. No dejaba de tentarme torear. Y comencé a darle vueltas a la reaparición.

Y llegó el accidente de Huesca.

–Por eso decidí continuar. Yo no concebía irme del toreo quitándome el pijama de un hospital, yo tenía que irme despojándome el vestido de luces, así que seguí.

Esta será la despedida soñada.

–Pues sí, la que creo que toca.

Será un cartel de seis matadores. Paquirri, Cayetano y…

–Falta algún fleco para cerrarlo, perdona que no te adelante más pero seremos seis matadores.

Joselito, Ponce y Rivera, los tres tenores les bautizó la prensa ¿Fue esa su mejor época en los ruedos?

–Esa época fue muy bonita. Era el principio, tenía que salir a sangre y fuego, era una entrega brutal cada tarde, eso es hermoso y muy pasional, pero es ahora cuando más a gusto estoy delante del toro. Entonces imperaba la obligación de cortar orejas cada tarde, era un sí o sí y eso quieras que no te merma mucho.

–Le habrá hecho muy feliz el éxito de Cayetano en Pamplona, cortó una oreja de cada toro. Se cuenta como una hazaña, pero usted llegó a Pamplona y le cortó dos orejas a un toro del Marqués de Domecq.

–Sí, sí, te acuerdas. Muchas veces parece que yo en el toro haya estado de invitado. Algunos andan empeñados en borrarme de la faz del toreo y parece que lo que he hecho no existió, pero tardes como esa me las llevo para mí y para mi gente.

¿Se va feliz?

–Sí. Me han quedado cosas por hacer y por sentir, pero sí. Que en algún momento he podido dar más de mí, es cierto, pero te aseguro que he vivido para mi profesión, que la he respetado como me enseñaron en mi casa, que valoro a mis compañeros a los que considero héroes y que he dado todo, mis sueños y mi sangre.

¿Si su padre o su abuelo hubiesen estado junto a usted, artísticamente hubiese dado más de sí?

–En algunos momentos sí. El torero lleva a la plaza su vida, la plaza es el espejo de su alma y yo en mi vida personal he pasado momentos muy malos. Si mi padre hubiese vivido, todo hubiera sido distinto. Seguro que habría sacado más de mí. Las cosas que hicieron que me despistase un poquito, mi padre no las hubiese permitido. Habría sido la columna a la que agarrarme. Yo lo he echado mucho de menos y no sólo en la plaza.

¿Cree que el personaje público que ha creado ha devorado al torero?

–Seguramente, pero yo no lo he creado, me lo han creado. Es verdad que esa faceta pública de prensa rosa me ha hecho mucho daño. Me ha ayudado también, no lo puedo negar, pero me ha hecho daño. Hay algo curioso, un hombre que tenga una profesión pública debe ser mediático pero en mi caso se ha utilizado para atacarme, para quitarme méritos como torero. Y quienes más daño me han hecho han sido los periodistas taurinos que yo siempre creí que eran los que debían valorarme lo que les hacía a los toros, pero han hecho todo lo contrario me han condenado por mi imagen publica.

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