Pablo Aguado, revelación en La Maestranza en la tarde más sevillana de la feria

BARQUERITO SEVILLA.

La hermosa corrida de Torrestrella fue, por fondo y estilo, de tres y tres. Tres toros de notable condición, pero bastante distintos entre sí, Y otros tres de poco o raro juego: el primero, por distraerse y aplomarse; el cuarto, por descompuesto y escarbador tras un prometedor arranque; y el quinto por su noble, pero mansa y floja desgana. De los tres notables, el segundo fue el más completo en varas de toda la corrida; el tercero, que cabeceó con genio en el caballo, descolgó en la muleta y, aunque un punto tardo, se acabó entregando; el sexto, apenas picado y al relance, hizo buena salida del caballo y fue, banderillas en adelante, el de mejor nota.

En corrida de acusada personalidad fue protagonista muy relevante Pablo Aguado, tercero de terna, que sólo el pasado septiembre tomó la alternativa aquí mismo, en la Maestranza. Esta de Torrestrella era solo la segunda corrida de su carrera. Carrera de novillero no se sabe si de vocación tardía. Imposible torear con mayor quietud o encaje. El ajuste con el excelente y serio sexto de Torrestrella contó con el favor del toro, abrochado de cuerna; con el tercero tocó arriesgar muy en serio porque no estuvo claro el toro hasta no sentirse sometido y descolgar entonces. El ingrediente del valor fue idéntico en las dos faenas, pero las dos fueron distintas. La del tercero, de mucha mano izquierda en todos los sentidos. En la del sexto, vivida con sonoro clamor, abierta con una soberbia tanda de cinco doblones, el de pecho y el natural, fue la mano derecha la que llevó el timón. El ritmo sin pausas de las dos faenas fue contagioso. Se sintió como una revelación. Dos pinchazos y una entera caída dejaron sin premio la difícil faena primera. La del sexto, brindada a Curro Romero, tuvo al segundo intento el colofón de una estocada a volapié soberbia.

El cartel era el único del abono con terna de toreros sevillanos. Lama de Góngora, nacido y criado en el Arenal, volvía a la Maestranza tras casi dos años de estancia en México y toreando en los estados. Fue tratado con más sensible afecto que antes de la partida. Buenos lances en el toro del regreso, y una faena de muleta de lindo arranque pero declinante cuando Lama quiso torear con la mano izquierda. El quinto no se prestó a casi nada.

Javier Jiménez se embarcó en dos faenas demasiado largas o espaciadas no se sabe si por capricho o necesidad. A las dos les sobró un último tramo. En las dos fue sensible el buen manejo del toro.

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