LOS OSCAR EN LA ERA YOUTUBE

OSKAR BELATEGUI

En los últimos años, Donald Trump no se ha cortado a la hora de poner a parir la gala de los Oscar. «Son una broma sin gracia, igual que nuestro presidente. ¡Cuántos errores!», tuiteó en 2015, cuando Obama estaba en el cargo. «Debería presentarlos yo para animarlos un poco, esto no está bien», bromeó en 2014. Era de esperar que la edición de este año, con los índices de audiencia más bajos de sus 90 años de historia, iba a proporcionarle otra gozosa oportunidad a Trump para mostrar su ingenio en la red del pajarito. «Los Oscar con peor audiencia DE LA HISTORIA. El problema es que ya no tenemos estrellas, salvo vuestro presidente, claro (es broma)». La respuesta del presentador Jimmy Kimmel, azote de Trump en su programa de la ABC, no se hizo esperar: «Gracias, presidente peor valorado DE LA HISTORIA».

Polémicas tuiteras aparte, el descenso de casi un 20% en el número de espectadores de la ceremonia respecto al año pasado demuestra lo rápido que están cambiando las cosas en el consumo del audiovisual. De pronto, la gran fiesta del cine, el mayor espectáculo del mundo del entretenimiento, aparece 'viejuno' y ajeno a una realidad en la que las películas se consumen en móviles y el tiempo de atención se agota en un vídeo de YouTube. ¿Es capaz un 'millennial' de aguantar cuatro horas de una entrega de premios?

La mayoría de analistas estadounidenses piden a la Academia de Hollywood que varíe un formato que se ha mantenido casi inmutable a lo largo de la historia de los premios. Ya no basta con esa retransmisión paralela que se produce en las redes sociales en cualquier evento televisado. 'La forma del agua' es una excelente película, pero su taquilla en Estados Unidos está a años luz de cualquier aventura de superhéroes. El gancho que los estudios tienen para convertir sus estrenos en acontecimientos no lo comparten unos premios que ponen a la ABC contra la cuerda floja. ¿Están perdiendo las cadenas tradicionales sus últimos ases en la manga frente al ciclón de Netflix y compañía? La politización de los Oscar también ha pesado en contra del ánimo del espectador. Largos y reivindicativos. Parece una definición de nuestros Goyas.

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