Orden ministerial

JUAN FCO. GUTIÉRREZ LOZANO

Con fecha de 1 de noviembre ha cesado en sus emisiones la serie 'El Ministerio del Tiempo' de TVE. No le han dicho lo de la coge la puerta y vete, pero casi: así trata España a sus heroicidades televisivas. A la chita callando, pero con menos promoción que los simios de Telecinco, el último capítulo ( 'Entre dos tiempos') regaló una despedida tierna, mordaz pero divertida, con el retrato de la propia historia de la televisión pública. O sea, de la propia historia del país. Con sus improvisaciones felices, sus aturullamientos, sus chanchulleos hilvanados en el tiempo. Y también con un vaticinio distópico acerca de los peligros de una carrera acelerada como nunca hacia el paraíso del maná turístico. Todo ello junto a la lluvia fina de historias personales sobrepasadas por los acontecimientos, como siempre.

En este final de dulce aparecieron desde Chicho Ibáñez Serrador a Gemma Cuervo, todos en cuerpos trasuntos pero vívidos. Y hasta estuvo Luis Larrodera, último presentador del 'Un, dos, tres', como eslabón sentimental ligado al propio Chicho. Vino este epílogo a rematar la cosa tras un gran penúltimo episodio que criticó otra vez, con la retranca marca de la casa, a las dos o más Españas de los garrotazos. Y donde ni siquiera faltó, ay, una referencia a Chiquito de la Calzada, al que todos los ministéricos de cualquier escalafón deseamos una pronta recuperación. No es postureo insistir en que 'El Ministerio del Tiempo' ha sido un gran ejemplo de lo que TVE debe hacer, no solo en la ficción: intermediar y abanderar los retos, el conocimiento, el patrimonio y la diversión culta de una sociedad.

A raíz del ocaso de la serie reciente más laureada, no nos queda otra que desear a este Ministerio que la tierra que le han echado encima por errores o desdenes le sea leve. Y que sea breve el tiempo hasta un hipotético retorno, sea donde sea. Lo que se firma en Málaga, donde 'El Ministerio del Tiempo' ha recibido, este fin de semana y ya casi como El Cid, el penúltimo premio de los muchos que recibirá todavía, incluso con sus puertas cerradas.

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