La obsesión de Chéjov, más de un siglo después

La adaptación de este clásico recibió ayer una larga ovación en el Teatro Cervantes./Fernando González
La adaptación de este clásico recibió ayer una larga ovación en el Teatro Cervantes. / Fernando González

Raúl Tejón revisa desde la claustrofobia 'Tres hermanas', una de las obras más complejas del genio ruso

Alberto Gómez
ALBERTO GÓMEZ

La obstinación, tan humana, en tropezar una y otra vez contra la misma piedra supone uno los temas más recurrentes en la obra de Antón Pávlovich Chéjov. El genio ruso, nacido en Ucrania, defendía la necesidad de suprimir, allá donde sea posible, los adjetivos y los adverbios porque la literatura, decía, «debe grabarse de un solo golpe, al segundo». Desde esa sobriedad formal, que contrasta con la intensidad que desprende la temática, construyó 'Tres hermanas', donde reflexiona sobre el sentido de la vida a través del amor, la injusticia, el destino o la insatisfacción. Raúl Tejón rescata ahora ese texto, que adapta y dirige de la mano de un formidable elenco encabezado por las actrices Ana Fernández, Silvia Marty y Raquel Pérez. El resultado, si nos atenemos a la larga ovación escuchada ayer en el Teatro Cervantes, puede considerarse más que satisfactorio.

Considerada una de las obras más complejas de Chéjov, el texto narra cómo tres hermanas, nacidas en Moscú, son trasladadas por su padre a una ciudad de provincias tras la muerte de su madre. Allí crecerán y pasarán la infancia y la adolescencia. Esa población donde no pasa absolutamente nada supone una tumba en vida para las tres chicas. Acostumbradas a la vida de la capital, ven cómo sus existencias se consumen, relegadas a la apatía. Se refugian en el ocio o en el trabajo duro como único modo de acallar el aburrimiento, una situación que permite al escritor ruso plantear varias reflexiones: ¿Para qué vivimos?, ¿cuál es la razón de todo el sufrimiento?, ¿hay un plan que desconocemos y que nos obliga a padecerlo?

La desnuda propuesta escénica pretende trasladar que, aunque ha pasado más de un siglo, la humanidad sigue en el mismo punto. Tejón parte de esa idea de la incapacidad del hombre para evolucionar en cuanto a la propia conciencia y las relaciones establecidas con los demás. Tejón ha querido dotar de un punto claustrofóbico a su versión del clásico, una revisión que, con el fin de hacer la función más cercana, incluye cambios en los nombres y características de los personajes con respecto al texto original. Se eliminan también las referencias geográficas y espaciales, y todo ello contribuye a crear esa sensación de limbo en el que se mueven los protagonistas. El director reconoce que el escritor soviético ha marcado, de alguna manera, su carrera. Y se nota.

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