Sinécdoque

Es normal

SORA SANS

Se nos olvida respirar. El cuerpo ya lo hace por nosotros, así que no tenemos que recordarlo. Se nos olvida observar. Los ojos reconocen y reconstruyen a partir de pocos elementos para que no tengamos que mirar cada punto de objeto y así determinar que es: una persona, un árbol, una casa, un coche, un tenedor, un ratón. Se nos olvida tocar, pulsamos el interruptor de la luz automáticamente sin pensarlo dos veces. Se nos olvida escuchar. Se nos olvida.

Por eso las casas nuevas nos hacen vivir de nuevo, tocar las puertas y paredes a oscuras para aprenderlas. Por eso las vacaciones en países lejanos nos hacen vivir de nuevo, y miramos arriba sorprendiéndonos de cada balcón extraño, de cada letrero ajeno. Por eso caminar por el campo nos hace vivir de nuevo, sentir más oxígeno en los pulmones, escuchar una conversación diferente: el lenguaje de lo virgen. Pero normalmente se nos olvida vivir.

El cerebro detecta lo habitual y lo automatiza. Buscamos entonces otros procesos mentales que ocupen nuestra psique, muchos los definimos con palabras extrañas: chismes, gadgets, hobbies, trending topics. Lo habitual, lo conocido, lo nuestro se oponen a lo raro, lo desconocido, lo otro. No nos gusta afrontar los opuestos en nuestro oasis automático, por muy bien que lo abracemos cuando estamos de visita, cuando elegimos sentirnos extranjeros.

Es normal, entonces, que cuando lo otro sacude nuestros gadgets con chismes y trending topics, reaccionemos fuertemente, mientras que nos cueste más reaccionar cuando el aire que respiramos se quema. Y es normal, entonces, que vayamos a una tienda y compremos un Smartphone en cómodas mensualidades astronómicas pero no se nos pase por la cabeza mandar ese dinero para salvar un árbol. Y es normal que nos importe más una carta llena de manipulaciones que un grito de ayuda por un animal. Es normal que hayamos olvidado lo fundamental. Es totalmente normal, y tristemente normal.

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