El Niño se moja en Bilbao

Propietarios y clientes celebran el primer premio de El Niño en la administración número 19 de Bilbao. :: YVONNE FERNÁNDEZ/
Propietarios y clientes celebran el primer premio de El Niño en la administración número 19 de Bilbao. :: YVONNE FERNÁNDEZ

El primer premio deja 100 millones en la capital vizcaína al venderse entero en una administración de Deusto y en un bar

MARÍA JOSÉ CARRERO BILBAO.

El número 05685 suena de maravilla. Sobre todo en Bilbao, donde no van a olvidar esta combinación que ayer inundó de millones la ciudad y, en particular, dos de sus barrios. En Deusto y Arangoiti, El Niño dejó un reguero de 100 millones. Y es que los 500 décimos del 05685, agraciado con el primer premio, se vendieron íntegramente en la administración número 19 de la villa, propiedad de Juan Elejalde, exdirectivo del Athletic. De ellos, 133 -a razón de 200.000 euros cada uno- se los llevó Tomás Sarasola, dueño del bar Ziortza del barrio de Arangoiti, que reserva este número desde hace 19 años para venderlo entre sus parroquianos.

Elejalde se acostó el viernes con un pálpito. «Le dije a mi mujer que creía que iba a tocar. Y mira tú por dónde», comentó todavía sin terminar de creérselo. La noticia le pilló en casa de sus suegros, mientras abrían los regalos de Reyes. «Tenía un montón de llamadas, pero no entendía por qué. Una de ellas era del Organismo de Loterías. Hasta que me di cuenta...», contaba a la multitud arremolinada junto a su local.

LOS PREMIOS

El primer premio de El Niño repartió 200
000 euros al décimo.
El segundo premio de El Niño repartió 75
000 euros al décimo.
El tercer premio de El Niño repartió 25
000 euros al décimo.

Tras comprobar que las diez series del Gordo habían salido de su casa, pensó inmediatamente en su madre, lotera durante medio siglo. «En los años 60 repartimos el primer premio de la de Navidad», detalló Elejalde. No jugaba cantidad alguna del número agraciado, lo que no fue impedimento para expresar una gran alegría «por haberlo repartido entre los vecinos de Deusto». «Aquí al lado vive el alcalde, no sé si le habrá tocado...», bromeó.

El exdirectivo del Athletic tardó en descorchar las botellas de cava. No por racanería, sino porque quería esperar a que llegara Guillermo Moles, el empleado de la administración, que estaba de camino. Junto a su esposa, Mónica, venía desde la localidad cántabra de Treto. «Me he enterado de que había tocado cuando estaba en la ducha. Todavía me tiemblan las piernas y eso que soy muy tranquilo», dijo nada más apearse del coche. Y no es para menos. Por sus manos han pasado 100 millones. Además, le tiene apego al 05685, «porque es uno de esos números de toda la vida. Cuando empecé a trabajar aquí ya estaba».

Mientras Guillermo bañaba con cava a los congregados -muchos de ellos con décimos premiados, aunque aseguraran lo contrario con unas sonrisas de oreja a oreja muy delatadoras-, a dos kilómetros y medio, en el barrio de Arangoiti, nadie era capaz de disimular.

Un barrio obrero

Es lo que tiene vivir en un barrio en el que se conoce todo el mundo. Por mucho que llueva, la gente no se queda en casa cuando hay algo que celebrar. Y ayer, aunque caía a cántaros, había que festejar una riada de 26,6 millones, así que los vecinos se agolpaban en el Ziortza. 'Tommy', que así llaman a su dueño, asumió su papel protagonista, pero por poco tiempo. A la vez que abría botellas de espumosos, relataba que todas las semanas compra el 05685 para 48 abonados. Para el sorteo de ayer adquirió 140 décimos, de los cuales vendió 133. «Los millones están muy repartidos porque hay billetes compartidos hasta por siete personas». Dicho esto, 'Tommy' echó la persiana y se bajó a Deusto para abrazarse a Elejalde y Moles.

En Arangoiti se quedó su clientela, entregada por completo a la celebración porque, entre brindis y brindis, hasta se bailó la conga. Pero también hubo tiempo para las lágrimas, claro que de emoción. Es el caso de María Luisa Valbuena, propietaria de 'El rincón', un bar contiguo al que repartió la suerte. Los 160.000 euros que va a percibir de su décimo -una vez descontado el 20% que se lleva Hacienda- le vienen de perillas «para terminar de pagar el local». Muy cerca, Garbiñe, ya metida en años, se sentía de lo más dichosa. «Llevo mucho tiempo en paro y vivo de la renta básica, así que este dinero me viene...», sonrió.

Dicen -y Pablo Alborán lo canta- que la suerte es una dama esquiva y caprichosa. En Arangoiti, un núcleo residencial humilde que trepa por la ladera del monte Banderas, desde ayer no opinan lo mismo. La suerte se puso de cara a muchos de sus vecinos, tanto que nadie se percató de que a ratos diluviaba. «Somos un barrio obrero. Este dinero que ha caído nos viene bien a todos, aunque sea un pellizquito», dijo Begoña García.

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