Nieves Rosales baila por Virgilio

La coreógrafa malagueña se enfrenta por primera vez a un texto clásico con el estreno de 'Dido y Eneas' en el Teatro Romano

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Defiende que los límites están para rebasarlos y colocarse al otro lado de la línea, donde ella quiere estar. En el flamenco, en el movimiento del cuerpo y en su propio concepto de la danza. La bailarina y coreógrafa malagueña Nieves Rosales supera sus barreras en 'Dido y Eneas', su debut en una obra clásica que le acerca por primera vez en un escenario a las raíces jondas de su formación. La prueba de fuego, el estreno absoluto, será mañana y el miércoles en el Teatro Romano (22.00 horas, entre 20 y 25 euros). "Era mi momento de abordar el mito", asegura la fundadora de SilencioDanza, Premio Lorca a la Mejor Intérprete de Danza 2016, rodeada por el guitarrista José Luis Montón y el cello César Jiménez.

Profesora de coreografía flamenca en el Conservatorio Superior de Málaga y bailarina contemporánea sobre las tablas, Nieves Rosales fusiona ahora más que nunca esa dualidad que le define en su nuevo montaje: su estreno en el clásico se convierte en el espectáculo más flamenco de su trayectoria. "Tratándose de un mito, se prestaba a eso eso. Me ha supuesto volver atrás, al concepto de raíz y trabajar desde la experimentación y la investigación pero desde otro punto de vista", explica sobre su libre interpretación de la 'Eneida' de Virgilio, que ha contado con Pablo Bujalance en la dramaturgia.

Porque tampoco esperen un flamenco al uso. Se siente cómoda en la danza más actual, la posición de su cuerpo, de sus brazos y su técnica tienden a ello. Pero ha hecho del movimiento de los pies y del zapateado su seña de identidad, un poso del arte jondo que acentúa en el drama de la reina Dido y el héroe Eneas. "Creo que nunca he pensado si soy flamenca o contemporánea, la etiqueta te la ponen los demás porque tenemos la necesidad de hacerlo", aclara

De hecho, no viste con volantes ni con lunares, sino con vestidos de inspiración griega. Y baila al ritmo de una soleá, una farruca, una taranta o una bulería; pero también de un aria de la ópera 'Dido y Eneas' de Henry Purcell. "El flamenco se casa con cualquiera, es una fusión en sí mismo desde que empezó a existir", apunta el guitarrista José Luis Montón, autor del espacio musical junto a el cello César Jiménez. Es la primera vez que Rosales se acompaña de músicos en directo en el escenario (otro debut) y tras varios años trabajando en solitario habrá quien le dé la réplica en el baile: el malagueño Antonio López.

Confiesa que hasta ahora no había tenido el valor de abordar un texto clásico. "He ido retrasando el momento porque no me sentía preparada", admite. En las piezas históricas, hay que respetar mucho más las normas de espacio y tiempo, la dramaturgia contemporánea da "más libertad". Y, además, se hace clásicos "muy a la ligera" y ella no quería ser "una versión más". Ahora, desde la "experiencia y el respeto", se sentía lista para plantarse frente al texto de Virgilio y "ponerle cuerpo". Pasado el trance, no lo duda: repetirá.

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