NARANJAS MODERNAS

SORA SANS

Cuando entré en aquel supermercado londinense hace diez años me quedé pasmada. Me topé de frente con toda una nevera llena de recipientes de plástico con trozos de fruta dentro. Fruta pelada y cortada. Porciones perfectas en forma y tamaño, listas para consumir de un bocado, casi sin la necesidad de masticar. ¿Quién no tiene tiempo de pelar una naranja? ¿Por qué perder el placer de dar un gran bocado a una manzana? ¿De verdad vende esto aquí? Me costaba entender que existiese un público tan vago como para pagar lo que valían esos preciosos recipientes llenos de color. ¿Será por lo llamativos que son? ¿Será una moda? Diez años después me pregunto cómo es posible que nuestros supermercados no estén llenos de productos así, porque en esta década he descubierto que realmente hay mucha gente que no tiene tiempo de pelar una naranja y eso es un problema más que grave. No creo que la solución sea crear esas perfectas cajitas vitaminadas de fast food sana, sino más bien dedicar un poco menos de tiempo a otras cosas y un poco más a nuestra alimentación (no solo a lo que comemos, sino a cómo lo comemos), a disfrutar del lujo de sentarse en una mesa, coger un cuchillo y retirar lentamente la piel de la naranja, dejando caer la espiral sobre el plato, retirar con calma un gajo, morderlo, saborearlo. Oler la naranja. Porque sí que olemos el humo del tráfico, de los túneles del tren, del metro; olemos las aglomeraciones y los atascos, los parkings, los olemos durante muchas horas al día, así como las moquetas de las oficinas, la tinta y el papel de las fotocopiadoras, el polvo de los almacenes. Y claro, así no tenemos tiempo de sentarnos a la mesa a comer con calma una naranja, con suerte, podemos pasar por un supermercado durante la ruta diaria y comer por el camino, sin necesidad de masticar, una cajita de fruta confeccionada especialmente para la vida moderna.

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