«El violín tiene alma flamenca»

Paco Montalvo en una actuación. / SUR

Paco Montalvo. Violinista. El joven violinista cordobés lleva hoy a Nerja su innovador espectáculo, en el que el instrumento es la voz protagonista

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Hay quien piensa que en eso de la música ya está todo inventado. Sin embargo, hace 24 años, en Córdoba, nació un inconformista dispuesto a redefinir las normas del duende. Paco Montalvo es conocido como el creador del violín solista en el flamenco, un formato que le llevó a debutar con tan sólo 18 años en el Carnegie Hall de Nueva York. No obstante, él se considera «un chico normal, que disfruta con la música». Sus melodías han sonado desde Chicago hasta Tel Aviv, y hoy lo harán en Nerja, sobre el Balcón de Europa. El próximo día 15 de julio tocará en el TívoliWorld.

¿Cómo llegó el violín a su vida?

–En mi casa siempre ha habido música, y mi padre también es violinista. A los cuatro años empecé a jugar con el instrumento, pero no fue hasta los 14, que di un concierto en América, cuando me di cuenta de la responsabilidad que tenía entre manos.

Dicen que es usted el creador de un nuevo concepto...

–Sí, eso dicen –contiene una pequeña risa–. Lo cierto es que estoy muy contento de haber creado algo nuevo y diferente. Introduje el violín como voz principal en el flamenco porque es lo que me gusta, siempre he llevado la música española por bandera y no quería abandonar el flamenco.

¿Cómo fueron los primeros pasos para crear ese concepto?

–El violín siempre ha estado en el flamenco pero como un instrumento secundario. Para conseguir mi propósito me inspiré en Paco de Lucía: él convirtió la guitarra en el instrumento solista después de haber sido siempre un acompañamiento a la voz y al cante. Yo lo que hice fue coger el violín y darle protagonismo. Lo difícil ha sido adaptar la técnica y hacer que el violín se equipare a un cantaor y al virtuosismo de Paco de Lucía.

¿Qué tiene el violín para poder ser protagonista?

–Éste instrumento tiene una peculiaridad y es una pequeña pieza que se llama alma, que va por dentro. Por ese alma es uno de los instrumentos que más se asemeja a la voz humana, porque puede expresar con la música lo mismo que la voz. El violín tiene alma flamenca.

¿Se ha tenido que enfrentar a puristas del flamenco?

–Desde el principio quise enfrentarme a los entendidos del flamenco. Para eso di un concierto en la Peña el Rincón del Cante (Córdoba), de las más antiguas de España, donde han pasado grandes como Camarón o Vicente Amigo. Esa fue la prueba de fuego y a la segunda canción estaban aplaudiendo y en pie. Me encantó saber que a los flamencos auténticos les gustó lo que hago.

¿Qué otras actuaciones guarda en la memoria?

–Sin duda, cuando con 18 años toqué en el Carnegie Hall, un teatro neoyorquino donde han pasado todos los grandes artistas del mundo. Acudieron más de 3.000 personas, se agotaron las entradas dos o tres semanas antes del concierto, fue una experiencia inolvidable.

¿Cómo llega un cordobés de 18 años a tocar en Nueva York?

–Di un concierto en Tel Aviv unos meses antes. Allí me vio el director artístico del teatro, y al final de la actuación vino a hablar conmigo. Yo no sabía quién era, pero cuando se presentó fue alucinante, ¿quién no quiere tocar allí?

En Google hay una foto suya con Harrisond Ford...

–Cierto –vuelve a contener la risa–. La embajada americana (en Madrid) me invitó a cenar y allí había muchas personalidades, entre ellas el actor. Durante la cena, otro asistente le enseñó un vídeo mío y dijo que le encantó y que quería que tocara algo para él. Llamé a mi guitarrista y al percusionista y vinieron corriendo. No les dije para qué era el concierto porque no me habrían creído.

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