Aquel verano de Juan Manuel Corado

El verano en que cambió mi vida

Corado, con su hermano a hombros, en el hotel de Roquetas en el que estuvieron con sus padres en 1999./
Corado, con su hermano a hombros, en el hotel de Roquetas en el que estuvieron con sus padres en 1999.

Unas vacaciones en Almería en 1999 le permitieron disfrutar de su hermano Sergio antes de que le diagnosticaran una enfermedad que le dejó graves secuelas y que coincidió con el despegue de la carrera profesional del barítono malagueño

M. Ángeles González
M. ÁNGELES GONZÁLEZMálaga

De aquella escapada de 1999 a Roquetas de Mar (Almería) con su familia no sólo guarda una divertida foto jugando con su hermano pequeño en la piscina del hotel. Sus mejores recuerdos los lleva en el corazón. «Fue el último verano que pude disfrutar de Sergio antes de que le diagnosticaran una grave enfermedad; nos lo pasamos en grande, fueron unas vacaciones apoteósicas», señala el barítono malagueño Juan Manuel Corado. Por aquel entonces era un veinteañero «con las hormonas disparadas» que no pensaba en otra cosa que en pasarlo bien y llamar la atención «de unas chicas guiris» a las que intentaban deslumbrar con sus bailes en una discoteca de la zona que casualmente tenía nombre de una ópera: Sherezade.

Era el primer viaje que realizaban con sus padres, un «capricho» que antes no habían podido permitirse por cuestiones de trabajo. «Fue el viaje familiar por excelencia», dice. Una semana que había que exprimirla bien. Y lo hizo. Tanto que asegura que fue «uno de los mejores veranos de mi vida», comparable quizás a los que vivió con el Orfeón Universitario y a los que ha compartido con sus dos hijos, de 3 y 5 años.

El barítono Juan Manuel Corado (Málaga, 1978) empezó a formarse en canto a los 14 años. Desde entonces ha trabajado con prestigiosos maestros y realizado varias giras internacionales. A punto de terminar la carrera de Medicina, planea trasladarse a Irlanda con su mujer y sus dos hijos pequeños

De Roquetas, recuerda que se alojaron «en un hotel fantástico, con unas piscinas brutales y un montón de toboganes». Y todo en la mejor compañía: «Con mi hermano me llevaba genial, me reía muchísimo con él, siempre hemos sido muy parecidos». A los dos les llamó la atención el mundo del arte: «Sergio empezó antes que yo, con teatro, danza, ballet... era un crack», afirma Corado, que comenzó a formarse en canto con 14 años. No obstante, a pesar de sus similitudes, «éramos un poco como el yin y el yang, incluso físicamente: Sergio era el esbelto y las niñas se volvían locas con él, era más sutil;yo era el más ‘brutote’, nos compaginábamos muy bien». Juntos disfrutaron también aquel año del espectáculo de vaqueros en el Minihollywood de Tabernas, otra experiencia inolvidable, a pesar del calor.

Aquel verano no le faltaban motivos para estar radiante. Antes de llegar a tierras almerienses había contactado con él la mezzo-soprano italiana Elisabetta Fiorillo, a la que habían hablado maravillas de un joven malagueño que despuntaba en canto. La artista, también profesora y agente, le pidió que después del verano fuese a visitarla para preparar la temporada de ópera. Corado todavía no lo sabía, pero iba a convertirse en el despegue de su carrera profesional como barítono.

Pero antes tuvo que enfrentarse a una experiencia muy dura –«es increíble cómo la vida puede ser tan mágica en un instante y al siguiente mes volverse todo un descontrol absoluto», apunta– . Unas semanas después de su estancia en Roquetas de Mar, a su hermano, que tenía 19 años, le diagnosticaron una enfermedad por la que tuvo que ser intervenido en varias ocasiones y que le dejó graves secuelas físicas y psíquicas. «Me vi con un pie en Málaga y otro en Italia, pero hubo un momento en que mis padres necesitaban que yo estuviera aquí, así que tuve que quedarme durante una temporada hasta que la situación se estabilizó», recuerda.

De sus veranos en Málaga recuerda que «estaba todo el día tirado en la playa de La Misericordia»

Tuvo que levantarse y seguir con su vida. Regresó a Italia, donde debutó con la ópera ‘Elisir d’amore’. Fue el salto internacional de este barítono que ha realizado varias giras por diversos países y que dice que descubrió que tenía buena voz para la ópera cuando era un adolescente que canturreaba canciones de Hombres G en el barrio de Santa Paula junto a sus amigos, «sobre todo la de ‘Sufre mamón’». Una profesora del Conservatorio Superior de Música, donde estudiaba piano no pasó por alto sus cualidades vocales y con 14 años le propuso integrarse en el Orfeón Universitario de Málaga, donde entró gracias a su compañero Alejandro de los Santos –«al que le estaré agradecido siempre»–.  Después formó parte del Coro de Ópera y a los 16 años debutó en el Teatro Cervantes como un papel como solista en ‘Rigoletto’.

Cinco años sin vacaciones

De sus veranos en Málaga también guarda buenos recuerdos. «Mi hermano y yo nos pasábamos el día tirados en la playa de La Misericordia con los amigos, íbamos a casa a almorzar, nos echábamos la siesta y otra vez a la playa», rememora.

Nada que ver con sus últimos cinco años, en los que prácticamente no ha tenido vacaciones porque se ha pasado el periodo estival estudiando para convertirse en médico, un logro que está a punto de alcanzar. Acaba de terminar quinto y sólo le quedan siete meses de prácticas para obtener el título. A base de mucho esfuerzo y sacrificio –«y gracias a mi mujer, que es el motor de todo»– Corado va a conseguir su sueño de dedicarse a la medicina, un reto que comenzó pasada la treintena pero que se había planteado antes, a raíz de la enfermedad de su hermano. «Quería saber qué le había pasado», apunta. Todo un orgullo para sus padres, «que me veían como un bala perdida cuando era niño». «Me aprendí las tablas de multiplicar a los 18 años», bromea.

Cuando termine su formación se trasladará a Irlanda con su familia porque considera que en España «es imposible conciliar el trabajo y la vida familiar» y por su descontento con el sistema educativo actual. Hasta entonces, está disfrutando del verano y recuperando el tiempo perdido con sus hijos y su pareja: «Estoy seguro de que este va a ser otro de mis mejores veranos tras cinco años de locura».

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