Sting ofrece un vibrante viaje por su historia

Sting ofrece un vibrante viaje por su historia
HUGO CORTÉS

El artista británico repasa su longeva carrera en un concierto histórico precalentado por Ara Malikian en el Castillo de Sohail ante unos 8.500 espectadores

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

Dicen que los buenos policías nunca se retiran y Gordon Matthew Thomas Sumner, cantante, bajista, compositor y actor ocasional mejor conocido como Sting, dio buena cuenta de ello el pasado lunes desmintiendo de paso a quienes pensaban que renegaría de su pasado. Esta parada en Fuengirola, uno de las fechas más señaladas de la oferta musical de la Costa del Sol en este verano, tenía como excusa el lanzamiento de ‘57th & 9th’, uno de sus discos más rockeros en años, pero aquello fue de todo menos un concierto de presentación. Para regocijo de un público en el que el producto nacional ganaba en número al extranjero y con un montón de gente apostada en la playa, en terrazas particulares y en el puente que cruza la autovía, donde podían escucharse los ecos de este concierto, Sting recorrió sin complejos canciones de todas las épocas en una trayectoria que abarca cuatro décadas y más de cien millones de discos vendidos en todo el mundo.

A las once en punto de la noche, como marcan los cánones británicos y frente a una audiencia que acusó la molestia de las largas colas de acceso al recinto (algo de lo que la organización debe tomar nota para las próximas citas en Sohail), Sting saltó al escenario vestido con vaqueros y una de sus míticas camisetas entalladas, indumentaria desaconsejada para la mayoría de mortales mayores de 65 años. Cayeron en primer lugar ‘Synchronicity II’, sencillo de The Police de 1983, junto a ‘If I ever lose my faith in you’ ya de su carrera en solitario, de 1993. Todavía sin dirigirse al público, entonó ‘Spirits in a material’ que es una muestra excelente de cómo The Police adoptó aspectos de la música ‘reggae’ para añadirlos a su propio sonido. Un proceso de colonización parecido por cierto al que hiciera en su momento Simply Red, que fue protagonista de otro histórico show el año pasado en este mismo recinto en la ladera del castillo.

Fue en ese momento en el que Sting, que tocaba un bajo bastante trillado que seguro que acumulará mil y una historias, presentó a una banda entre los que destacó un superdotado Dominic Miller, guitarrista de cabecera de Sting, junto a Rufus Miller, también guitarrista e hijo de Dominic, el batería Josh Freese y Joe Summer, corista y también músico e hijo de Sting, que para nuestra sorpresa sacó una guitarra y nos regaló una versión acústica de ‘Ashes to ashes’ de David Bowie. Que de repente salga el hijo de Sting a cantarnos una de Bowie puede sonar extraño, pero el experimento salió airoso ya que el vástago tiene una voz nítida y extrañamente familiar, a medio camino entre la de su padre y la del duque blanco. Esta versión quedaría además enlazada con ’50.000’, una de las dos únicas canciones que escucharíamos del último disco y que trata de las bajas que ha sufrido el firmamento musical en el último año.

Para entonces el público ya estaba ardiendo y, a medio camino entre la nostalgia y la fuerza de un espectáculo vigoroso, ya era consciente de que viviría en directo la relectura de alguna de las mejores páginas de la música popular del siglo XX. Con un sonido que se nos presentaba impecable, quizá algo falto de volumen pero con una ecualización perfecta, la voz de Sting daba la impresión de permanecer intacta, con manteniendo unos agudos que pocos cantantes pueden soportar sin recurrir al falsete. La música tiene un poderoso reflejo en la memoria, y el viaje en el tiempo se constató con canciones eternas, algunas pertenecientes a sus primeros pasos como ‘Walking on the moon’, ‘Every little thing she does is magic’, ‘Next to you’, reservada para el tramo final, o las celebradísimas ‘Message in a bottle’, ‘So lonely’ y ‘Englishman in New York’, que el público acompañó con coros y palmas. Por Sting parece que no pasan los años, pero por su música tampoco. La canción de 1993 ‘Fields of gold’ quedó enlazada junto a ‘Shape of my heart’, del mismo disco y una de las canciones más bonitas de las escritas por este Miembro de la Orden Británica. También hubo fusión entre ‘Roxanne’, otro tema imborrable de The Police de 1978, con ‘Ain’t no sunshine’, el clásico de Bill Withers y que Sting ya había versionado en otras ocasiones. Ya en el tramo final, con ‘Every breath you take’ las parejitas más veteranas tuvieron un momento romántico para abrazarse y, para terminar, el bajista cogió la guitarra y cantó ‘Fragile’, otro de sus éxitos que estuvo envuelto en un respetuoso y sobrecogedor silencio por parte de la audiencia, que salió encantada de un espectáculo al que es difícil señalar alguna objeción porque definitivamente estamos hablando de uno de los grandes maestros de la música cuya presencia ha acompañado a la nuestra durante tantísimos años.

Ara Malikian

Sting, también que por cierto fue el primer artista que actuó en la sala Bataclan después de los atentados, siempre ha venido con buenos compañeros de viaje, teloneros como Raimundo Amador, The Last Bandoleros o por su propio hijo. En esta ocasión, el violinista libanés Ara Malikian fue el encargado de calentar el ambiente y actuó durante más de una hora. Con su habitual desparpajo materializado en sus largos e hilarantes discursos entre canciones (“he venido aquí a prestar mi apoyo a un músico británico que está empezando”), Malikian dio buena cuenta de su fuerza con un repertorio en el que mezcló Vivaldi, Pulp Fiction, Led Zeppelin o Bach.

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