Rayden, sastre de emociones sin etiquetas en Málaga

Rayden, sastre de emociones sin etiquetas en Málaga
Javier Mendoza Medina

La sala Paris 15 recibió con sus mejores galas la música del rapero, poeta y escritor que no entiende de tópicos

SEBASTIÁN ARTEAGA

La sala Paris 15 recibió con sus mejores galas la música de Rayden, el rapero, poeta y escritor que no entiende de tópicos. Una noche rebosante de sentimientos encontrados. Un bizantino mosaico de colores musicales.

Homer J. Simpson a los platos. Un charcutero fortachón a la guitarra. Un oso panda tocando el bajo. Un irlandés con resaca cantando ‘heavy-metal’. Y el mismísimo Son Goku rapeando al micrófono. Cualquiera diría que estamos en un salón del cómic o en un psicodélico capítulo de Rick y Morty. Pero no. Se trata de Rayden y los suyos presentando ‘Antónimo’, el trabajo más reciente del cantante madrileño. Sin embargo, no fueron los únicos de la sala que desentonaron estéticamente.

Desde hacía unas semanas, el propio Rayden llevaba pidiendo a través de Twitter que el público malagueño acudiera disfrazado al evento. Además de entregar un jugoso premio a los mejores disfraces —como si de un concurso de ‘cosplay’ se tratara—, Rayden rememoraría aquella vez que dio un concierto en la ciudad coincidiendo con el Día de Todos los Santos. Si algo le sobra a David y cía. es energía, ‘frikismo’ y sentido del humor. O si no que se lo pregunten al “Robin de bajona”.

Javier Mendoza Medina

En la variedad está el gusto, o eso dicen. Lo que sí sabemos es que además de afirmarlo, Rayden, Mediyama, DJ Mesh y su banda predican con el ejemplo a rajatabla. De ahí que ‘No hago rap’ sonara abriendo el concierto con una sarcástica declaración de intenciones. Guitarras eléctricas, rapeos a doble tempo, golpes de batería, ‘scratches’ y gritos metaleros aderezaron no solo esa canción, sino la noche entera. Y por si alguien dudaba de sus raíces, el que fuera ganador mundial de las Batallas de Gallos deleitó a sus incondicionales con una improvisación tal, que París ardió de nuevo. Mediyama haría lo propio con una a capela capaz de hundir la Atlántida otra vez.

Pero como ‘Antónimo’ consiste en hacer que se abracen polos que a priori parecen opuestos, también hubo cabida en el concierto para toda clase de temas, incluyendo claro está, los correspondientes a trabajos anteriores. Los ya clásicos ‘Sastre de sonrisas’ o ‘Si vas’ son sólo algunos nombres del ‘setlist’ de la noche, cuidadosamente seleccionado. Pero del (des)amor, la crisis existencial y la felicidad también llegaron las aguas de la crítica social con ‘Ubuntu’ o ‘Haciéndonos los muertos’, dedicada a las víctimas del Mediterráneo y en general a todas las personas comprometidas que se alejan del miedo y la censura.

Las tablas de Rayden y Mediyama sobre el escenario fueron ejemplares, dignas de dos superguerreros. Saltos, bromas mutuas, bailes y agradecimientos a sus seguidores fueron la tónica escenográfica de la noche, amén de resaltar los impactantes juegos de luces y la impresionante calidad sonora de la sala —la planta carnívora tuvo mucho que ver.

Todo se hallaba en absoluta consonancia a través de subidas y bajadas, de pop-rock y rap. De la actitud canalla al más tierno instinto paternal, de la cerveza al Cacaolat —o al Okey, según gustos. ¿Y cuál fue el puente que unió esos contrarios? Está claro: la música libre, sin etiquetas.

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