El regalo de Pablo López

El regalo de Pablo López
Ñito Salas

El cantante malagueño estrena en un directo acústico tres canciones de su nuevo álbum

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

Bastaron tres canciones. Doce minutos de música en los que todos y cada uno de los presentes se olvidaron de lo que había más allá de los muros del auditorio. Pablo López (Fuengirola, 1984) interpretó ayer, por primera vez en directo, tres temas de ‘Camino, fuego y libertad’, su nuevo trabajo de estudio. Lo hizo totalmente sólo ante el piano, en un formato acústico al cien por cien, sin micrófonos «ni cacharros». El artista se mostró cercano y familiar con el público –«¿qué pasa, cómo estamos familia?»– en el auditorio del Museo Picasso Málaga, en la sexta edición del ciclo Noche en el Museo organizado por Fnac Málaga, que se llenó para la ocasión.

150 seguidores acuden a una cita especial en el auditorio del Museo Picasso Málaga, donde el compositor también firmó discos y charló con sus fans más incondicionales

Antes de que abrieran las puertas de la sala, los orgullosos seguidores que habían conseguido su pase lo mostraban exultantes. Las 150 entradas se reservaron para las primeras personas que el pasado viernes se hicieron con el álbum en la sede malagueña de Fnac, organizadora del evento. Los agraciados hicieron cola cargados de fotografías promocionales, pósters y discos del artista –todos llevaban el nuevo a modo de estandarte, aunque algunos también portaban ejemplares de ‘Once historias y un piano’ y ‘El mundo y los amantes inocentes’–. Sonrientes y en un ambiente de lo más festivo, celebraron la oportunidad, conscientes de lo especial del momento. «Es como vivir algo en lo que poquísima gente del mundo va a estar delante». María, con tan sólo 13 años, expresaba a la perfección junto a su tía y su primo ese sentimiento de exclusividad y alegría que invadió los alrededores del Picasso: la tarde de ayer no volverá a repetirse, porque no tuvo guión. El cantante se limitó a ser él mismo.

Una vez todo el público ocupó sus asientos, López tardó media hora en salir a escena. No importaba. Grupos de amigos comentaban las canciones del todavía recién estrenado disco. De fondo, algunas canciones del malagueño sonaban por encima de comentarios en redes sociales, fotos y muchos ‘selfies’, hasta que se abrió una pequeña puerta lateral y apareció él. Las butacas del auditorio se estremecieron en aplausos y gritos de emoción, y ese fue el único momento en el que hubo algo de distancia entre el cantante y su público; a partir de ahí, todo ocurrió como en una sencilla reunión de amigos.

«Esto no es un concierto», dijo sonriente. «La idea es hacer algo diferente a lo que son las firmas de discos habituales». Tras acomodarse en el piano y hacer sonar varias teclas a modo de calentamiento, confesó que todo iba a ser espontáneo, natural y «sin guión». Comenzaron entonces a vislumbrarse las primeras notas de ‘El niño’ entre el crujir de asientos y las miradas emocionadas de los suyos. «Qué tonta está la vida, qué rápido se enfada, no me consiente nada».

El sonido no podía ser más crudo, sin artificios ni máscaras, igual que la filosofía de este nuevo álbum, en el que López ha intentado dejar todo lo que le define atrás para alcanzar el sentimiento puro y dejarlo al desnudo. Una vez terminó la primera canción, todavía entre los aplausos de sus seguidores, tuvo un gesto que no todo el mundo apreció como tal. El piano estaba colocado de forma que parte del público quedaba a su espalda. Sin decir nada, se levantó y lo giró para estar de frente a toda la grada –algo celebrado precisamente por el sector perjudicado hasta el momento–.

El encuentro no llevaba ni diez minutos sumando pausas e intervenciones iniciales, pero la sensación era de final de gira. «¿Qué queréis que cante?», preguntó, jugueteando de nuevo con las teclas del piano. El público lanzó sus propuestas y sonaron, prácticamente, todas las canciones de la discografía del músico. «Yo, si me dejan –dijo, mirando a los miembros de la organización– generalmente por cuestiones de tiempo hacemos dos, pero aquí haré una mas porque estamos en mi tierra». Todavía no había terminado la frase y los asistentes volvieron a fundirse en aplausos y en un sonoro «¡olé!».

«Esto no es un concierto, intentamos hacer algo diferente a las firmas de discos»

Relajado ya el ambiente, López hizo sonar los primeros acordes de ‘El gato’, una canción cargada de mensajes en la que compara la maldad del ser humano con la bondad los animales.«Mi gato es mucho mejor persona que yo». De nuevo volvió a cantar sin reparos, pese a llenar el escenario tan sólo con su voz. Si en algo destaca Pablo López es en su capacidad para transmitir, quizá más mientras más desnuda está su garganta –desde su primer álbum ha ofrecido conciertos en solitario–. En los momentos especialmente complicados a nivel vocal de ‘El gato’, no tuvo miedo en reducir la intensidad del piano para que el grito sonase lo más definido posible.

A oscuras

«Esta canción que voy a hacer... es la primera vez que va a sonar delante de un público ‘público’». Presentó ‘El patio’ dejando ver que se trata de uno de los temas más importantes del álbum. Para ello, pidió amablemente a los numerosos fotógrafos que había en la sala que dejasen de disparar por un momento –«es sólo por el ruido», se escusó–. También pidió a los regidores del escenario que apagasen todas las luces. El auditorio se quedó prácticamente a oscuras. Una pequeña luz permitía que la silueta del piano y del cantante se perfilaran sobre el fondo negro.

«Si me dejan voy a hacer tres canciones en vez de dos, porque estoy en mi tierra», dijo para ganarse a los suyos

«Fuera, vete de mi casa, tú no eres mi amigo». Las confesiones del artista sonaron profundas, más desgarradoras aún desde la oscuridad. «Me aburro, el patio está vacío, suenan las sirenas y yo sigo jugando, sigo jugando y siempre me castigas». Esta canción se ha convertido en el himno de ‘Camino, fuego y libertad’, y es la que más reproducciones acumula en la red –casi un millón en Spotify desde el pasado viernes–.

El acorde final sonó fuerte y largo, la tercera canción había acabado. López se puso en pie, al igual que su público, que no quería dejar de aplaudir para estirar el encuentro unos segundos más. Con la miel en los labios de los asistentes comenzó la firma de discos, que se prolongó hasta el anochecer. Concluyó entre gestos de alegría la sexta edición de ‘Noche en el Museo con Fnac’, un encuentro que «ha merecido la pena, todo con Pablo merece la pena». Así lo confesaron Ana y Marta al término del espectáculo. Estas dos malagueñas llegaron a las puertas del Museo Picasso Málaga a las ocho de la mañana para intentar conseguir –con éxito– una de las plazas que había sin invitación.

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