Pablo Alborán: «Prometo morir haciendo música»

Pablo Alborán ayer, en Madrid, durante la presentación de su nuevo disco. / Belén Díaz

Después de dos años de descanso y reflexión, Pablo Alborán regresa a los escenarios «con plena libertad»

VÍCTOR NÚÑEZ JAIME

Dice Pablo Alborán que ‘Prometo’ (Warner) es «el más personal y el más libre» de todos sus discos. Ayer lo presentó, cantó uno de los 12 temas que lo componen y luego se dispuso a efectuar un ‘maratón de entrevistas’ sin perder su semblante risueño.

Una gira por América Latina desde febrero y España, a partir de mayo

Agencias

Pablo Alborán anunciaba ayer una gira por Latinoamérica en febrero, marzo y abril, y en España a partir de mayo durante la rueda de prensa de presentación de su nuevo disco, ‘Prometo’, que sale tras haberse tomado un descanso de casi dos años en los que ha «desconectado de todo y disfrutado de la vida».

Además, ha anunciado también que en lugar de las usuales firmas de discos su intención es que haya «unos encuentros», pero que no puede desvelarlo todavía: «Me encanta estar cerca del público, ojalá salgan bien, no solo firmar discos, sino también charlar, cantar y que sea un poquito más especial».

El malagueño, que ha concluyó la rueda de prensa interpretando al piano ‘Prometo’, afirmó que sigue «siendo muy niño, muy payaso» aunque ya no es «tan impaciente» e intenta tomarse las cosas «con más calma».

¿Después de un parón de dos años se ha hecho mayor? O maduro, mejor dicho.

–Pues sí. ¡He cumplido años! [ríe] Yo creo que sí he madurado. Sobre todo he aprendido a quererme un poco más. Y a tomarme las cosas de otra manera. Las buenas y las malas. Pero todavía me queda muchísimo más por madurar.

En esos dos años, ¿qué ha dejado de lado en su vida?

–El fustigarme, el recordar constantemente momentos malos y extraños, o engaños. Y ahora le deseo lo mejor a todo mundo. Incluso a las personas que no me han hecho bien.

¿Qué era lo que más le aturdía?

–Yo mismo. Quería controlarlo todo, quería que todo fuese perfecto. Pero en el trabajo hay que relativizarlo todo. Más cuando es un trabajo tan emocional como el mío.

Además de eso, dijo que hacía una pausa para aprender inglés. Pero todavía no canta temas en ese idioma, ¿se apuntó a clases y al final no fue?

–Hay que aprender inglés. Pero no por una cuestión comercial, sino personal. De momento puedo comunicarme con productores y técnicos anglosajones. ¿Cantar en inglés? No sé si más adelante.

¿La industria discográfica le hacía sufrir?

–Es que la industria… ¡es otra cosa! Haces un disco y entras en un mercado... y entonces ya eres un producto. Hay que competir y todo eso puede llegar a mermar o contaminar tu manera de componer. Y eso lo sufro. Porque puede llegar a desvirtuarte. Por eso en este disco quise sentirme totalmente libre.

Tan libre se ha sentido que, incluso, ha incursionado en la canción-protesta.

–Bueno, ‘Boca de hule’ puede entenderse así. Pero en realidad es una canción que pide amor y que es un grito de libertad. Habla de un encuentro cara a cara con el poder.

Para su vuelta a los escenarios, ¿era necesario que recorriera los programas de televisión contando que es un pedorro?

–A ver: es que, ya te digo, llevo dos años de plena relajación y, bueno, por eso uno cuenta cosas así. Pero la verdad me hace gracia el revuelo que ha levantado ese comentario. Supongo que uno cuenta cosas así por la necesidad de que te vean como un ser humano.

Ya veo que está empeñado en ser normal, pero su vida no es muy normal que digamos.

–Mi vida sí es normal. Mi trabajo es el que no es normal. Mi casa y mi familia son muy normales. Y cuando salgo con mis amigos hago lo mismo que un chico de mi edad. Dedicarme a lo que me dedico no ha cambiado mi vida cotidiana.

Dice que su nuevo disco es difícil de llevar al directo. ¿Ya se le olvidó cómo hacer conciertos?

–Lo que pasa es que éste, a nivel sonoro, es muy diferente. Intentar que la gente se emocione en un concierto y haya una conexión perfecta entre la voz y un piano o una guitarra, requiere un mayor esfuerzo. Porque, además, hay un momento en el que hay que pasar a lo electrónico. Pero ahora tengo un director musical que me ayuda a resolver todo esto.

Por cierto, dado que el disco se llama ‘Prometo’. ¿Qué promete?

–Prometo morir haciendo música, que es la única certeza que tengo en mi vida. Y no es cualquier cosa, ¿eh?, porque hay veces que uno puede llegar a perder la ilusión. Por fortuna, a mí la música siempre me levanta.

¿Suele mandar mensajes a alguien a través de sus canciones?

–Sí, pero nunca lo sabrán los destinatarios. O creo que nunca se darán cuenta. Pero también hay mensajes hacia mí mismo. Incluso me llego a insultar en una canción.

¿Y qué pasó con el sofá blanco que usaba para los vídeos que colgaba en ‘YouTube’?

–Pues ahí está. Lo mandé a tapizar porque mi otr o perro le mordió las esquinas. Y, metafóricamente, el sofá blanco está en casa escenario que piso. Siempre. Es mi punto de partida.

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