Ojeando consolida su romance con el 'indie'

Sidonie, durante su actuación en el festival. :: J.M. Grimaldi / Ojeando
Sidonie, durante su actuación en el festival. :: J.M. Grimaldi / Ojeando

El festival celebra su décima edición con un cartel que repasa su historia y el ambiente con el que ha conquistado a miles de fieles El pueblo de Ojén vuelve a convertirse durante dos jornadas en epicentro de la música independiente. Una boda en uno de los escenarios abrió el evento.

HUGO SIMÓN OJÉN.

Con un «sí, quiero». La décima edición del Ojeando Festival arrancó el viernes de manera oficiosa con una boda. ¿El templo en el que se celebró la ceremonia? El Escenario Cuevas, un espacio que el certamen de música 'indie' ha recuperado este año -con un concierto ayer, en exclusiva para cien personas de La Bien Querida- y al que se subieron Diana y Carlos para sellar su enlace. El regalo elegido por la pareja para los invitados a su boda mantenía la misma línea temática: unas entradas para el festival. «Eso es también Ojeando, esa clase de historias que solo pueden ocurrir aquí», señala la concejala de Juventud, Estefanía Merino, responsable de la organización de un evento que se ha convertido en cita obligada para los amantes de la música independiente y que presume además de sus elementos diferenciadores.

De su enclave, en Ojén, un pequeño pueblo blanco de la Sierra de las Nieves donde sus cerca de 3.500 habitantes acogen cada año a lo largo de un fin de semana a más de 10.000 visitantes. De la atrevida y casi contradictoria propuesta de transformar durante dos días esta tradicional localidad malagueña de paredes encaladas y calles estrechas en un referente cultural de vanguardia. Y, en definitiva, de la personalidad propia de un festival que cuida con mimo la apuesta musical, pero en el que destaca fundamentalmente su ambiente y la rotundidad de sus visitantes -con una marcada fidelidad- a la hora de subrayar que el Ojeando es «especial».

De ahí que el eslogan elegido por la organización para celebrar su décimo aniversario rezara así: «10 años, 10 artistas, 10 experiencias». «Queríamos poner el acento en las sensaciones que genera Ojeando, en las vivencias de quienes vienen a disfrutar del festival», apunta Merino. Para conmemorar la primera década del certamen de música 'indie', el cartel del Escenario Patio -el único espacio de pago del Ojeando- también tenía la intencionalidad de revisar esa experiencia y conjugar a bandas o solistas que han participado en cada una de las ediciones y forman parte del imaginario del festival.

«Lo mío era el pasodoble pero hay que adaptarse a los tiempos», subraya una vecina de 80 años

El desgarrador directo de los gallegos Triángulo de Amor Bizarro, presentes en el Ojeando en 2008, abrió la primera noche de conciertos en dicho escenario y sirvió de antesala a la actuación vibrante y hechizante de Xoel López, uno de los principales reclamos de esta edición. Entre otras razones, porque se trataba de una de las únicas siete citas del artista coruñés programadas en España. El rock psicodélico de Sidonie -referente de la escena indie en nuestro país-, la entrega de la banda murciana Second y la sorprendente y ecléctica proposición del dúo We Are Not DJs completaron las actuaciones del Patio en la primera jornada del Ojeando.

Paralelamente, el Escenario Plaza, dedicado a las bandas emergentes y a las propuestas malagueñas, acogía los conciertos de Arista Fiera, Hi Corea!, Negroazulado, JJ Sprondel y Denyse y los Histéricos. «Nos toca abrir y es una responsabilidad, pero estamos muy contentos y con muchas ganas de actuar», explicaban Kike Domenech y Juan Ortega, batería y bajo, respectivamente, del primero de los grupos, minutos antes de iniciar las pruebas de sonido.

Dos funerales

Unos ensayos que se habían retrasado por la celebración de dos funerales en la iglesia de Ojén, ubicada precisamente en la plaza del pueblo, en el mismo espacio donde antes y después la música lo invadía todo. Una muestra más del carácter singular de este festival, en el que la convivencia entre vecinos, organizadores, músicos y visitantes resulta ejemplar.

«Yo de joven también estaba bailando, así que hay que entenderlo», explica Isabel Lanza, que a sus 80 años no pierde la sonrisa al reconocer que le cuesta conciliar el sueño debido a la música. La casa en la que reside desde hace 48 años está situada en la plaza, «así que me acuesto y me doy una vuelta para un lado y, cuando me canso, para el otro», relata divertida ante la puerta de su vivienda mientras observa cómo se ríen su prima y unas amigas, a las que Isabel ha sacado unas sillas para sentarse todas «a tomar el fresco» y ver el trasiego por los preparativos del festival. «Es beneficioso para el pueblo, le viene bien a los negocios y es bueno que se diviertan los jóvenes», asegura. No hay críticas siquiera al estilo de música. “Lo mío eran más los pasodobles, pero hay que adaptarse a los tiempos”, concluye.

«Los vecinos han hecho suyo el Ojeando y aguantan estos dos días en el que el pueblo está lleno de escenarios, de puestos y con un ruido exorbitante», resalta la concejala de Juventud. El primer año, sin embargo, no fue tan sencillo. Tras la experiencia del 'Callejeando' y después de dos ediciones de un festival dedicado a «la música de los mundos», el Ayuntamiento decidió tomar las riendas del evento, reinterpretarlo y orientarlo hacia la especialización.

Apuesta «loca»

«Apostamos por la música 'indie' cuando absolutamente nadie en la provincia había apostado por ese tipo de música», recuerda la edil. «Me dijeron que si estaba loca y lógicamente había gente en el pueblo que era reacia, pero poco a poco hemos ido creciendo, aprendiendo y creo que en estos diez años algo estaremos haciendo bien para haber llegado hasta aquí», apunta Merino.

A lo largo de esta década, por los escenarios del Ojeando han pasado Fangoria, Los Planetas, Nacho Vegas, Love of Lesbian, Iván Ferreiro, Supersubmarina o Russian Red. También suele ser habitual ver a músicos entre el público. El viernes lo hizo Mikel Izal, vocalista de la banda que lleva su apellido, y otros años han sido Jota -líder de Los Planetas-, Christina Rosenvinge o José Chino, voz y guitarra de Supersubmarina. «Que los propios grupos vengan como visitantes a disfrutar del festival nos enorgullece», señala la edil.

«Hay mucha gente que, como nosotros, lo tiene marcado en el calendario», aseguran Carlos Trujillo y Virginia Hidalgo. Él ha asistido a ocho de las diez ediciones y ha visto la evolución del festival. «La relación entre calidad y precio es inmejorable, el cartel siempre es muy bueno y en los últimos años se ha profesionalizado», señala. Para Virginia es su sexta presencia en el Ojeando y considera que el secreto de que cuente con tantos «fieles» reside en su «formato, integrado en el pueblo». «Es especial y por eso la gente repite», añade.

Un formato que incluye también las propuestas de música electrónica en el Espacio Molino y una sesión de djs en la Piscina Lounge. El cartel para anoche en el Escenario Patio lo componían Airbag, Ángel Stanich, Miss Caffeina, Belako y Mordisco. Mientras, en la plaza, los conciertos corrían a cargo de Apartamentos Acapulco, The Magic Mor, Betamax, Jammin Dose y Bud Spencer Band. Al cierre de esta edición, ambos espacios vibraban ya con la música.

La novedad en su décimo aniversario era la actuación en exclusiva ayer de una banda sorpresa para un centenar de personas. El misterio se desveló a las ocho de la tarde, cuando La Bien Querida se subía al Escenario Cuevas, el mismo donde Diana y Carlos se dieron el «sí, quiero».

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