Wim Mertens: «Los clásicos fueron relevantes en su tiempo, pero no representan las tensiones de hoy»

Wim Mertens, al piano, se acompañará de violín y chelo. /Piet Goethals
Wim Mertens, al piano, se acompañará de violín y chelo. / Piet Goethals

«El público español ha sido crucial en el desarrollo de mi música», reconoce el pianista belga, que el 22 de junio inaugura el Terral en el Teatro Cervantes

REGINA SOTORRÍO y MADDY HAY

Dejó clara su filosofía desde el principio, desde esas primeras composiciones que le dieron el éxito: 'For amusement only' ('Solo por diversión'), 'Struggle for pleasure' ('Lucha por placer') y 'Maximizing the audience' ('Maximizando audiencias'). Wim Mertens (Neerpelt, 1953) no ha parado de experimentar con ritmos y melodías desde aquellos años 80, pero su meta se mantiene intacta: conectar con quien está al otro lado de su piano. El compositor, músico, contratenor y musicólogo belga se encontrará de nuevo con su público de Málaga el 22 de junio para inaugurar una nueva edición del festival Terral en el Teatro Cervantes.

En detalle

El concierto
Wim Mertens presenta su trilogía 'Cran aux oeufs'.
Músicos
Wim Mertens (piano y voz), Alexei Mochkov (violín), Lode Vercampt (violonchelo).
Fecha
22 de junio, a las 20.30 horas.
Entradas
Entre 12 y 36 euros.

España es un destino fijo en sus giras. ¿Siente una conexión especial con el público español?

–Encontrar un público, personas que se unirán a ti en el camino, fue primordial para mí en los 80. Como compositor joven, era muy importante recibir ese 'feedback' de la audiencia y al principio no lo tuve en Bélgica, sino en Italia y en España. En cierto sentido, el público español ha sido crucial en el desarrollo de mi música.

Siempre ha pensado en la audiencia, en que disfrute con la música. ¿Cree que algunos compositores de música contemporánea han sido demasiado introspectivos?

–Creo que la música siempre debe estar conectada con nuestra época, con nuestro tiempo. Es un desafío usar solo medios musicales para descifrar el código de lo que está sucediendo hoy. La música tiene su propia ley interna, nunca se someterá al lenguaje verbal, tiene sus propios elementos específicos. El primero, ser tocada una y otra vez. Tiene una parte práctica y otra teórica y yo trato de darles la misma importancia. Lo que sucedió con la música contemporánea en los años 70 y 80 fue que los compositores también queríamos ser músicos, por lo que estamos muy conectados con este tipo de práctica, con hacer, tocar e interpretar.

¿Cómo cree que conecta el público con su música?

–He tenido mucha suerte porque mi música también atrae a gente joven. Ha habido un cambio y un desarrollo en la composición del público. Pero también, de una manera más general, ahora entiendo más claramente que siempre es la audiencia la que completa la composición, la partitura. Es la clave que falta para hacer que la pieza suceda, para darla por terminada. Eso es algo que no entendí al principio, ahora veo más claramente por qué los músicos quieren actuar frente al público. Consciente o inconscientemente, la audiencia completa la obra en el mismo momento en que la estás interpretando.

Llega a Málaga con su último proyecto, la trilogía 'Cran aux oeufs'. Publicar un trabajo tan extenso en un tiempo en el que casi no se venden discos, ¿no es ir a contracorriente? ¿Cómo vive el fenómeno de la música en 'streaming'?

–Creo que es algo que debemos usar de manera positiva. Para los compositores jóvenes es una herramienta muy interesante que les permite presentar un nuevo trabajo sin complicaciones materiales. Y, al mismo tiempo, yo sigo publicando en CD y aún tengo bastante éxito. Los dos enfoques pueden convivir. Además, un proyecto como 'Cran Aux Oeufs' es interesante porque tienes el objeto físico del CD con las tres partes, cada una vinculada a una situación de la sociedad. Es lo que he llamado 'música ficción' o cómo la música puede hablar de fenómenos culturales o políticos. Porque la música debe estar al servicio de un contenido o un contexto verbal explícito.

La primera parte de la trilogía la dedicó a la Europa actual. Ya entonces, en 2015, hablaba de crisis de valores, incluso antes del Brexit...

–De hecho he compuesto una pieza explícitamente sobre el problema del Brexit, pero la voy a lanzar más adelante. 'Charakterscetch' –la primera parte de la trilogía– trata sobre los valores, la cultura y la política en la nueva situación en la que entró Europa hace cinco, diez o quince años. Era importante describir lo que estábamos sintiendo, lo que estábamos experimentando ante la evidencia de que Europa ya no era la única referencia en términos culturales. Eso nos lleva a una nueva situación, de la misma manera que la autoridad ya no es aceptada por los jóvenes. Podemos llamar a esto una crisis, pero yo veo el lado positivo. Es la base para ser más independientes, para no tener que aceptar nada ni plantear permanentemente la pregunta: «¿Quién dice qué, quién está hablando?».

Ha seguido su propio lenguaje. ¿Cómo se resiste a las modas?

–No ha sido un problema porque solo puedo componer este tipo de música, no hay otras posibilidades para mí, no tengo más remedio que componer así. El hecho de que mi música sea tal y como es se debe a que no puedo hacerla de otra manera.

Más allá de los géneros

¿Considera que su música ha superado la división de géneros?

–Esa es una de las condiciones. Decidir componer en este o aquel género, en mi caso, sería nefasto.

¿La música experimental podría llegar a ser tan popular como el pop?

–Creo que siempre hay un elemento de experimento, como dije antes, en presencia de la audiencia. Es exactamente este punto de jugar, 'play', lo que lleva a tomar riesgos y a lidiar con la suerte. Eso, para mí, es la esencia del experimento. Estamos muy lejos de la música experimental de vanguardia de los años 50 y 60, cuando la conexión con el público era problemática.

¿Para comprender la música contemporánea, y su música, hay que conocer antes a los clásicos, a Bach, Beethoven o Mozart?

–Eso no estaría mal, pero no es una condición. La música debe tener la fuerza y la capacidad de permitir a los futuros oyentes que no conocen a los clásicos conectar con ella de una manera muy natural. Esos compositores fueron muy relevantes en su tiempo, pero sus ritmos y el material del que se valieron no representan las tensiones, pequeñas y grandes, que tenemos hoy en nuestra propia sociedad. Hoy tenemos nuestras propias prioridades y sensibilidades. Creo que le corresponde al compositor detectarlas e integrarlas, y debería ser bastante más fácil entenderlo para las personas que viven hoy.

Si va a una sala de concierto, ¿le gusta escuchar a los clásicos?

–Depende. Por supuesto, estoy mucho más enfocado en la música contemporánea, pero no hace daño escuchar música de diferentes épocas. Es más una cuestión de cuál es el lugar que le das a esta música. En el contexto de un museo escuchas esta música, pero no puede darme la misma fuerza en los matices que mi propia experiencia musical de 2018.

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