Maneras de llevar la batuta

Manuel Hernández Silva hace indicaciones a uno de los alumnos del curso de dirección de orquesta.
Manuel Hernández Silva hace indicaciones a uno de los alumnos del curso de dirección de orquesta. / PAULA HÉRVELE

La demanda desborda las previsiones de la Filarmónica de Málaga, con más de 80 solicitudes de todo el mundo para las 15 plazas de su Curso de Dirección de Orquesta

ANTONIO JAVIER LÓPEZ

Manuel Hernández Silva se mueve en la silla como el hincha de un equipo que acaba de lanzar un córner. Sentado entre los músicos, gesticula, se abraza, niega, hace ademán de levantarse, se sienta, menea la cabeza, se levanta del todo, camina hacia el atril y la música se detiene ante su torrente de voz firme: «La mejor manera de que esto funcione es no mostrar tanto gesto. Si la orquesta mira, no escucha. A medida que va sonando, la orquesta te necesita menos». El director titular de la Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM) habla con Iván Nuño, subido al atril. Nuño asiente, Hernández Silva regresa a la silla, Nuño enfila de nuevo la cuarta sinfonía de Tchaikovsky, Hernández Silva se sienta, escucha, afirma, levanta los pulgares y lanza besos con las manos en dirección a la batuta.

«Esto no existe en ningún lugar del mundo», sentencia Hernández Silva en el primer descanso de la primera jornada del Curso de Dirección de Orquesta promovido la OFM con la colaboración de la Diputación Provincial. El director de la OFM se refiere a la iniciativa que esta semana reúne a quince alumnos procedentes de países como Canadá, Brasil, Estados Unidos, Italia, Rumanía, Colombia... «Cada uno va a dirigir 80 horas netas», destaca Hernández Silva sobre la parte práctica de un curso que suma la vertiente teórica, la residencia los estudiantes en La Térmica, la posibilidad de marcar la pauta 50 maestros de la Filarmónica y el lujo de las explicaciones del propio director titular de la orquesta.

A la llamada de la OFM acudieron hasta 83 aspirantes. Hernández Silva hizo una primera criba de 30 finalistas, de los que han quedado la mitad, junto a otros tres participantes que acuden como oyentes. «Como director, nuestro instrumento es la orquesta y en ese sentido, tenemos más complicado ensayar. Por eso, tener la posibilidad de ensayar con los profesores de la Filarmónica de Málaga es una oportunidad extraordinaria», avanza el brasileño Igor Leao Maia (28 años), formado en Holanda y Londres.

Las prácticas se desarrollan en el auditorio de la Diputación. / P.H.

También por la capital británica pasa el expediente académico del colombiano César Agusto Sierra (33 años): «Aquí tienes la oportunidad de conocer a otros directores de tu generación y, en ese sentido, te permite comprobar en qué nivel te encuentras. De alguna forma, es una manera de autoevaluarte». Alude Sierra al hecho de que el curso se dirija a directores jóvenes, para el caso, alumnos menores de 35 años. Tres de ellos han sido becados por la Fundación Málaga y otros dos, por la Fundación Said-Barenboim.

La primera en subirse al atril ha sido Elena Álamo, malagueña de 24 años, que tras estudiar violín cursa Dirección de Orquesta desde hace tres años. Álamo ha abierto escenario esta mañana con la cuarta sinfonía de Brahms y ahora se ha quedado un poco «floja» después de la tensión de ponerse al frente de la orquesta.

«Hay una parte de la dirección de orquesta que no es solamente la racionalización del sonido»

La cuarta sinfonía de Brahms y la quinta de Tchaikovsky son dos de las diez composiciones que abordarán esta semana los participantes en el curso. «Cada alumno trae una escuela y lo que vamos a intentar es orientales sobre cómo pueden hacer el mejor uso posible de sus dos herramientas fundamentales: su gesto y sus conocimientos», acota Hernández Silva en la jornada inaugural de esta iniciativa pionera.

El director de la OFM se presenta como «un motivador», cuyo ardor en los gestos y en las palabras encuentra pronto el contrapeso de su discurso: «Un director sin temperamento, sin sangre... No. Pero un director solamente pasional tampoco funciona». Y Hernández Silva brinda una sonrisa amplia y serena antes de rematar: «Hay una parte de la dirección de orquesta que no es solamente la ciencia del sonido, la racionalización del sonido, que tiene que ver con aspectos históricos o incluso psicológicos. Al fin y al cabo, esto no deja de ser una cuestión subjetiva desde la perspectiva del intérprete».

Una cuestión a la que Hernández Silva imprime una pasión concentrada y festiva. Contagiosa. Y eso también, con suerte, se aprende.

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