'Macarrismo' ilustrado

The Pretenders, en Starlite. / Jorge Rey

The Pretenders aprovecha el gran sonido de Starlite para desplegar lo mejor que tiene el (su) rock and roll

Iván Gelibter
IVÁN GELIBTER

El Festival Starlite de este año está en racha. Ya sea porque han mejorado la calidad del sonido, por la elección de los artistas o porque hay más público que en ediciones anteriores, un servidor que lleva desde su primera edición haciéndose eco de esta cita ha comprobado que cada uno de los recitales de 2017 está suponiendo una experiencia muy grata. Anoche fue el turno de The Pretenders, que volvieron a confirmar esta teoría a base de un despliegue musical capitaneado por el guitarreo descomunal de sus integrantes y, por encima de todo, de una Chrissie Hynde sexagenaria que recordó a todo el público por qué esta banda angloamericana comenzó a triunfar allá en los finales de los años 70.

Ya entonces eran muy pocas las lideresas mujeres de una banda de la 'new wave', herederas de un punk que mezclaban varios de los sonidos americanos. Con una chaqueta roja con la que bien podía haber participado en un rodeo -y que tardó en quitarse lo mismo que duró la primera canción-, Hynde instaló como primordial unos ritmos 'country' que fusionaba con sus despliegues de voz. Martin Chambers a la batería, Nick Wilkinson al bajo, Carwyn Ellis en los teclados y James Walbourne a la guitarra completaban el tándem. Dejando a un lado a ella (el alfa y la omega de la banda), los instantes que The Pretenders cedieron a Walbourne causaron el éxtasis más absoluto apoyado en el sobresaliente y ya mencionado sonido de la cantera de Nagüeles. Tras ello, un 'levantamiento' completo de las 2.000 personas que estaban presentes, incluido el portavoz popular el Congreso de los Diputados, Rafael Hernando, al que se le adivinaba muy fan del grupo.

En el año 1978, cuando la banda publicó 'The Pretenders', su primer trabajo, los móviles estaban lejos de existir. Y si así era entonces, así debe seguir siendo. Las pantallas del escenario avisaban antes del concierto que estaba totalmente prohibido tomar imágenes de cualquier tipo, un hecho que algunos decidieron ignorar hasta que la propia Hynde les señaló durante la primera canción. "Keep your camera in your fucking ass", gritaba a los incautos que sacaban sus 'smartphones' sin que hiciera falta hacer uso del traductor. Con la cosas claras desde el principio, y asumiendo que la vocalista y guitarrista mantiene su actitud chulesca que la hizo famosa, el conjunto hizo un recorrido con pocas modificaciones de todos sus trabajos, entre las que destacaron 'Don't Get Me Wrong', 'Message Of Love' o el que ya puede ser considerado como un himno, 'I'll Stand by You'.

Daba igual que sus grandes temas hubieran sonado a la mitad. Es más, incluso el desconocimiento más absoluto de la discografía de The Pretenders no hubiera impedido disfrutar de todo el concierto. "Así es el rock and roll", decía Hynde. Así fue; el del guitarreo descomunal; el de la voz de ella misma; las baquetas al aire de Chambers; y el del 'macarrismo' tan fingido como ilustrado. Larga vida a The Pretenders.

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