Lección magistral de ritmos latinos de Juan Luis Guerra

Juan Luis Guerra. / Jorge Rey

El artista y su ‘4.40’ hicieron bailar a su son a las cerca de 3.000 personas que asistieron a su concierto en Starlite

HUGO SIMÓNMarbella

Una cabina telefónica. De ese habitáculo caduco, que muchos jóvenes no serían hoy capaces de reconocer, salió al auditorio del Starlite el cantante dominicano Juan Luis Guerra. No había llegado al frente del escenario y no había cantado aún una nota cuando los cerca de 3.000 asistentes que llenaban el enclave de la Cantera de Nagüeles, ya se habían puesto en pie. Y no volvieron a sentarse durante la lección magistral de ritmos latinos que durante casi dos horas ofrecieron Guerra y su mítica banda ‘4.40’. El compositor y sus músicos hicieron bailar a su son a un público que, absolutamente entregado, parecía tener la capacidad de mantener el éxtasis toda la madrugada.

Entre galletas y crema, guaguas y travesías por el Niágara en bicicleta, Guerra fue desgranando sus clásicos. ‘Ojalá que llueva café’, ‘Woman del Callao’, ‘El costo de la vida’, ‘Visa para un sueño’ o ‘La bilirrubina’ –con la que cerró el concierto antes de los bises- llevaron el éxtasis a los palcos y gradas del auditorio. No faltaron las canciones con dedicatoria. La bachata ‘Mi bendición’, compuesta para su mujer, con la que lleva 33 años casados, según subrayó Guerra. “El que ama a su esposa se ama a sí mismo”, aseguró. Y ‘Para ti’, uno de los temas que dedica a Jesucristo en el álbum del mismo nombre y temática religiosa que compuso hace más de una década. El caso es que, viendo al artista dominicano sobre el escenario, más parece haber hecho un pacto con el diablo.

La misma figura alargada, la clásica gorra, el eterno chaleco, su inconfundible voz y, a pesar de sus recién cumplidos 60, su incombustible ritmo. Guerra parecía extraído de algún programa de televisión de los años 90, cuando cruzó el charco para mostrar en nuestro país su merengue y descubrirnos la bachata. De alguno de los múltiples espacios que presentaba Emilio Aragón o de cualquiera –siempre pareció el mismo- de los programas producidos por José Luis Moreno. El cantante de Santo Domingo arrasó hace un cuarto de siglo en España y parece no haber perdido ni un gramo del éxito cosechado entonces. Su último proyecto, ‘Todo tiene su hora’, que da nombre también a su actual gira, es disco de Oro en nuestro país y anoche casi agotó el papel en su cita con Starlite.

El dinamismo y el incansable ritmo de las actuaciones suscitaron además una estampa casi insólita ya en los conciertos. Pendientes mucho más de bailar y de disfrutar de la música, apenas se distinguían teléfonos móviles grabando lo que ocurría sobre el escenario. Mucho tiene que ver en ello también la excelencia de la quincena de músicos que acompaña a Guerra. Sirva como ejemplo que cuando el cantante se retiró unos minutos y dejó al mando a su banda, no hubo, sin embargo, descanso para el público. Los momentos menos movidos, pero igual de vibrantes, llegaron en el segundo de los tres bises, cuando el público se deleitó con un recorrido por las bachatas más románticas de Guerra y brotaron burbujas de amor en la Cantera. A la salida, tras dos horas ininterrumpidas de clases de salsa, el público se mostraba agotado y feliz.

Fotos

Vídeos