Joaquín Sabina y el canalleo de la alta sociedad

Sabina, durante su actuación en Starlite. /Jorge Rey
Sabina, durante su actuación en Starlite. / Jorge Rey

El cantautor celebra una resurrección en tres actos y agota las 3.000 localidades del Starlite gracias a un público nutrido de celebridades de la farándula y el deporte

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

La cantera que acoge el escenario de Starlite se convirtió en la noche del martes en una especie de fiesta privada llena hasta los topes en la que Joaquín Sabina (Úbeda, 1949) practicó un auténtico ejercicio de resurrección ante varios de sus nuevos y viejos amigos. La extensa gira de presentación de su disco ‘Lo niego todo’, la primera actualización de su repertorio en ocho años, hizo parada en la Costa del Sol y fue para el jienense una cita muy especial. "No sabía que teníamos tantos amigos en Marbella, y a esos que eligen este microclima como refugio está dedicado este concierto”. No sería, ni mucho menos, la única dedicatoria de una noche con un tramo final en el que Carmen Lomana se convirtió en protagonista.

El mejor cantautor rock que ha dado este país apareció en el escenario vestido de negro y morado y con ese bombín que ha sido durante tantos años su imprescindible compañero de viaje, aunque ahora su cara se nos presenta más bien hinchada y sin arrugas. Cosas de la supervivencia. Él mismo reconoce que sus musas ya tienen varices y su voz de lija está cascada. “Este es el único grupo en el que todos los músicos cantan mejor que el cantante”. Pero no importa; su música jamás ha estado representada sólo por su voz, sino por unas letras a menudo sublimes que son auténticas confesiones a libro abierto y por un sonido ecléctico que bebe sobre todo del rock anglosajón, pero también de rancheras, tangos, baladas, inolvidables incursiones en el rap y las canciones de cantautor más puro. Y a esta multiplicidad de formatos y realidades, a las mismas mentiras piadosas de siempre suena este último disco que Sabina estrena en directo con el apoyo en la composición de su amigo, el poeta Benjamín Prado, y la producción de un advenedizo, Leiva, que ha sabido actualizar la música sabinera sin destrozar su esencia y recuperando el paso perdido de sus últimos discos de estudio, de los que apenas sonó una canción, ‘Peces de ciudad’, que ya forma parte de sus clásicos.

Sabina lo advirtió: “Primero os torturaremos con las canciones nuevas y luego Dios dirá”. Así, comenzando por el single ‘Lo niego todo’ y terminando por la estupenda y stoniana ‘Las noches de domingo acaban mal’, cayeron de un tirón hasta siete temas nuevos que el público recibió con interés. El considerado por muchos el Dylan español desapareció del escenario en un par de ocasiones para descansar, dividir actos y dejar el protagonismo a su corista María Barros y a los dos grandes hacedores de su sonido. Pancho Varona interpretó de aquella manera ‘La del pirata cojo’ y Antonio García de Diego cantó ‘La orilla de la chimenea’. A la décima canción volvió a salir para cantar algunos de sus mejores temas. ‘La canción de la Magdalena’ y ‘El boulevar de los sueños rotos’, con fotos de Chavela Vargas de fondo, engancharon a la audiencia que ya estaría en vilo durante el resto del espectáculo.

Si alguien todavía tiene dudas de que Sabina se ha convertido en el ‘amigo canalla’ de los adinerados sólo tenía que pasarse por aquí para convencerse. Entre el público había mucho marbellero y poco marbellí, y prueba de ello fue el pequeño salto de éxtasis de los asistentes con la estrofa referida al casino de Torrelodones en “19 días y 500 noches”. Entre la audiencia pululaban representantes del mundo del deporte como José Ramón de la Morena, J.J. Santos (que apareció citado en la canción ‘No tan deprisa’ en lugar de J.J. Cale nada menos), el expresidente del Real Madrid Ramón Calderón y varios futbolistas. Respecto a la inagotable farándula, destacaba gente como Rosauro Varo, José María Cano, Nuria Fergó, Arantxa de Benito, Agustín Bravo o la gran Rosa Villacastín​. Sabina dedicó ‘Lágrimas de mármol’ a “uno de sus amigos del alma y ejemplo de valores cívicos, Jesús Maraña, y a Sara y a Jimena”. A esta última, su gran amor, pareció señalar con esmero durante el hermoso estribillo de ese himno para divorciados que es ‘Contigo’.

Los mejores momentos llegaron con su clásico mix entre ‘Y sin embargo te quiero’, de Quintero, León y Quiroga, e ‘Y sin embargo’, donde Sabina no dudó en meter un ‘Despacito’, y otra dupla de ‘Noches de boda’ con ‘Y nos dieron las diez’, que fue dedicada a Carmen Lomana en la noche de su 69 cumpleaños. Ella, muy diva, se levantó de su palco VIP agradecidísima y ya no se sentó, y entonces se convirtió de repente en el foco de las miradas de este último acto. Para el final, tras una electrizante versión de ‘Princesa’ y otra más Orquesta Mondragón de ‘Seis de la mañana’ a cargo del guitarrista Jaime Asúa, hubo un pequeño bis con ‘Contigo’ y ‘Pastillas para no soñar’. Y así terminamos el concierto, preguntándonos quién le iba a decir al Joaquín Sabina de hace veinte años que iba a convertirse en el divertimento de los millonarios.

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