Jamie Cullum disuelve la frontera entre el jazz y el pop

Jamie Cullum disuelve la frontera entre el jazz y el pop
HUGO CORTÉS

El músico británico ofrece un vibrante espectáculo ante unos 2.000 espectadores en el ciclo de conciertos ‘Ciudad de Fuengirola’

Txema Martín
TXEMA MARTÍN

El pasado lunes en una húmeda noche el interior del Castillo de Sohail de Fuengirola se mostraron las credenciales por las que Jamie Cullum (Essex, Inglaterra, 1979) es uno de los mejores músicos de su generación y uno de los artistas británicos más reconocidos y respetados en el panorama internacional. Las dos mil personas que estuvieron a punto de llenar esta fortaleza disfrutaron de un espectáculo vibrante y lleno de vitalidad en el que Cullum, un músico de jazz con alma de ‘showman’, llenaba todo el escenario rivalizando con sus 1,64 metros de altura a base de saltos, golpes, movimientos y gestos superlativos en la parada costera de una gira que le ha llevado por algunos de los festivales y ciclos de jazz más prestigiosos de nuestro país.

Cullum saltó literalmente al escenario a las 22:30 acompañado por cuatro músicos tan versátiles como él, que se intercambiaban instrumentos como si nada: el trompetista también tocaba la guitarra. El de las percusiones se marcaba unos impresionantes solos de saxo. La impresión es que sobre ese escenario el individuo más tonto sabía latín. Después de saludar al público con un excelente “buona sera”, el de Essex, británico hasta la médula aunque con un bisabuelo español, dejó claro que no estaríamos ante un concierto de jazz al uso; tampoco en uno de pop. El repertorio, comenzando por ‘Work of art’, dejaba al principio con un sonido falto de potencia que se rectificó pronto y un piano que no dejó de dar problemas hasta la cuarta canción. Este piano sería de hecho uno de los grandes protagonistas de la noche: lo tocaba sentado, de pie, se tiraba al suelo sobre su estructura, lo utilizaba como instrumento de percusión en algunas canciones y hasta se marcó un ‘pizzicato’ con las cuerdas. Digamos que durante el concierto Jamie Cullum se movía tanto que, si le quitáramos el sonido, parecería que estábamos en una sesión de música de baile. De hecho, a pesar de no contar con ningún sonido pregrabado, las comparaciones con la música electrónica resultan aquí muy certeras. En algunos momentos, Cullum parecía ‘samplear’ su propio sonido como si de un dj se tratase, algo que se puso de manifiesto en la vibrante versión del ‘Don’t stop the music’ de Rihanna, que mezcló con versos del ‘Runaway’ de Kanye West, y alargando tanto las notas de jazz que transformaba la canción en otra cosa. A nadie le extraña que Jamie Cullum, considerado un prodigio del jazz, diga ahora que su aterrizaje en la música se produjo gracias al rap y al heavy. Quizá la mayor virtud de este artista, conocido por sus versiones de clásicos de la cultura popular, es que sus canciones no son meras reducciones de canciones a piano y voz. Lo que hace él es todo un ejercicio de apropiacionismo: se lleva composiciones ajenas a su terreno para darnos lo mejor de él casi sin que nos demos cuenta.

Así ocurrió en las canciones ‘Don’t you know’, original de Ray Charles, o con una larga versión de la mítica ‘What a Diff'rence a Day Made’, que se interpretó con todo el público en silencio. Y es que aquí la interactividad fue protagonista en muchos momentos. La audiencia, mezcla británica y nacional, respondió con una entusiasta obediencia a las peticiones del artista de dar palmas, saltar y sobre todo de hacer coros con varias canciones como ‘Next Year Baby’, todo un himno generacional interpretado de una forma que dejó claro que, además de ser un ‘crooner’, Cullum es también un ‘showman’ superdotado que imprime desenfado a cualquier espectáculo.

Su elevada mezcla de jazz y pop se ha curtido en garitos de Inglaterra y se ha traducido en siete discos de estudio que han ido en continuo ascenso a partir sobre todo de su tercer trabajo, ‘Twentysomething’ (2003), que fue el que le catapultó a la fama, pero es en su directo donde mejor se expone este talento. En todas sus intervenciones se mostró feliz de estar en la Costa del Sol y reconoció haber pasado el día en la playa, “como en unas vacaciones”. Habló con el público y agradeció no ver a muchos ingleses quemados por el sol. Así inauguró una última media hora del concierto que fue memorable. En este tramo cayeron una elegante versión del gran hit de Ed Sheeran, ‘Shape of you’, una relectura ‘reggae’ y bailable del góspel ‘Sinnerman’ popularizado por Nina Simone y que fue otra fiesta, o la fusión entre dos canciones, ‘Get your way’ y ‘Get outta my life’, en la que terminó sonando una de Bob Marley. Aquí, en plena subida, Cullum abandonó el escenario pero el público no le dejaría ir muy lejos. Los bises llegaron con ‘All at sea’, que tuvo que repetir por un ataque de risa, mezclada con ‘High and dry’ de Radiohead, muy tarareada por un público disfrutón que se despidió de este artista a regañadientes y con ‘Mixtape’, una canción propia cuya letra es un homenaje a la música que cualquier aficionado podrá asumir como propia. El público se quedó con ganas de más, algo que no es malo sino el resultado de un espectáculo que se dejaba querer. Esta es la evidencia de que Jamie Cullum es un artista al que hay que seguir la pista, y que lleva el jazz, esa música enorme, a lugares insospechados.

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