Jaime Zatarain: «’Priscila’ es un paso adelante para aceptarnos tal y como somos»

Jaime Zatarain caracterizado como Tick./SUR
Jaime Zatarain caracterizado como Tick. / SUR

El actor, conocido por su papel en diferentes musicales, desvela las claves de la gran producción ‘Priscila, reina del desierto’, que llega hoy al Teatro Cervantes

Fernando Torres
FERNANDO TORRES

El confeti está listo y las bolas de discoteca pulidas al máximo. Uno de los fenómenos musicales de los últimos años con más de 400.000 espectadores en Madrid llega hoy a Málaga (Teatro Cervantes, 20.00 horas). Jaime Zatarain, uno de los componentes del elenco de ‘Priscila, reina del desierto’ –adaptación al teatro musical de la película ganadora de un Oscar al mejor vestuario–, atiende a SUR entre ensayos antes de partir hacia la Costa del Sol.

- Ha participado en musicales como Mamma Mía o el de Los 40 Principales… ¿qué hace que tu papel en esta obra sea diferente?

-Mi participación en Priscila es el mayor de los retos que he tenido en el mundo de los musicales. El personaje lleva la línea de acción durante todo el espectáculo. No solo el mío, los tres protagonistas están todo el rato formando parte de la música y, además, tienen que estar en la dualidad constante del hombre y la ‘drag queen’. Ese binomio se sucede durante dos horas y media.

-Suena complicado...

-Estamos los tres cantando, bailando, y actuando todo el rato, la acción es continua. Hacemos una media de 25 cambios de vestuario por personaje. Es de los retos más grandes bonitos a los que me he enfrentado porque el personaje tiene un arco maravilloso.

«El vestuario es un personaje más de la obra, nos cambiamos de ropa 25 veces de media»

-El vestuario de esta obra es importante...

-Hay que tener en cuenta que el vestuario es ganador de un premio Oscar, Tony, y también de otros premios en España. Es uno de los protagonistas de la función. Es un desfile continuo de trajes espectaculares. Tenemos un equipo alucinante que hace que algunos cambios se produzcan en menos de diez segundos, es una locura, difícil pero a la vez divertido.

- ¿Cómo describiría la trama de la obra desde la perspectiva de su personaje?

-Todo empieza por una llamada que recibe Tick, mi personaje, de su exmujer. Ella y yo tenemos una buena relación y al teléfono me dice que ya está bien de posponer afrontar el conflicto de conocer al hijo que tenemos en común desde hace siete años. Como solución me propone ir a trabajar al mismo casino en el que está ella. Para eso tengo que cruzar el desierto australiano. Ni corto ni perezoso, propongo hacer un road trip con mis dos mejores amigos, que marcan otras generaciones. Para más inri, el road trip lo hacemos conduciendo un autobús destartalado y nos suceden mil aventuras..

-Lleva casi cuatro años con Priscila, ¿le ha calado algún mensaje o le ha descubierto con pensamientos nuevos?

-Es mucho tiempo para ser una función, es cierto. Sí. El mensaje de Prisicila me lo llevo… creo que ya me lo llevaba antes pero ahora me quedo con un gran canto a la tolerancia, a la diversidad y a aceptarse a uno mismo. Eso es lo que transmitimos al espectador, y es el mayor de los regalos. Después de tanto tiempo te das cuenta que al transmitirlo al espectador lo recibes de vuelta y se crea una conexión que nunca había vivido antes sobre un escenario.

«La gente se pone a bailar y cantar al final de la obra; creo que son las mejores dos horas y media de felicidad que se pueden comprar con dinero»

- ¿Ha habido alguien que se haya escandalizado?

-La verdad es que no… al revés, la gente que ha ido al teatro con prejuicios ha venido después a darnos las gracias por abrirles los ojos y hacerle pasar dos horas y media de felicidad y buen rollo. Creo que Priscila es un paso adelante para aceptarnos como somos... podemos decir que la intolerancia está a la orden del día desgraciadamente y todavía faltan muchos cambios hacer. Hacen falta muchas obras como esta en las carteleras de todos los teatros. Me atrevería a decir que desde que se estrenó hay gente que vive las cosas de otra manera. .

-Volviendo a que llevan casi cuatro años rodando la obra, ¿cómo se afronta la convivencia del equipo?

-Con mucho amor y muchas ganas [ríe]. Por eso creo que cuando un musical triunfa es porque hay un equipo solvente y, aunque suene a tópico, somos una gran familia de 90 personas que trabaja por todo el país. Se lleva bien, el escenario uno mucho y te enseña muchas caras de la gente que vive en él. De ahí salen grandes amistades que pueden durar mucho tiempo.

- ¿Qué espera percibir del público de Málaga?

-No he tenido la suerte de estar en Málaga hasta ahora pero todo el mundo me hablan maravillas de Málaga y su público, me lo han dicho de diferentes espectáculos. Según me han contado hay un ansia maravillosa por ver teatro. Te lo digo de verdad, no por quedar bien [ríe de nuevo]. Todo el mundo me dice «ya verás Málaga, vas a flipar». ¿Sabes qué pasa? Que en Priscila estamos muy mal acostumbrados porque, aunque se note la diferencia entre ciudades, el público con la función está reaccionando igual sin importar donde estemos, la gente acaba en pie, cantando, bailando, y vamos esperando siempre eso, en cada ciudad. Es estar ‘bien mal acostumbrados’.

- ¿Puede llegar uno a acostumbrarse a esa reacción?

-Pues… yo creo que sí, que te acostumbras. Que no se me mal interprete, yo le llamo acostumbrarse a que lo esperas, esperas esa reacción del público, y digo esto porque nos avalan dos años en Madrid y dos de gira por todo el país con esa reacción cada noche. En esta profesión no puedes dar nada por hecho, pero lo cierto es que siempre hemos vivido esa respuesta.

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