La imposibilidad de los Cranberries en directo

Flashback

Todos los detalles escabrosos de la privacidad de la cantante de canciones que han marcado nuestra vida sirve para atestiguar es el componente terapéutico de la música

Dolores O’Riordan, cantante y guitarrista del grupo irlandés The Cranberries./
Dolores O’Riordan, cantante y guitarrista del grupo irlandés The Cranberries.
Txema Martín
TXEMA MARTÍN

En esta trágica semana para la cultura malagueña también hemos despedido a quien fuera para muchos de los que fuimos adolescentes en los noventa un auténtico icono de la música. Como si fuera una premonición maldita, Dolores O’Riordan confesaba en una entrevista sus dudas sobre si llegaría a cumplir los 50 años de edad. Lo repentino de su muerte hizo disparar de inmediato los rumores de suicidio en ningún caso infundados: la líder de The Cranberries era conocida por demostrar a menudo un comportamiento errático y una tormentosa relación con la prensa. En 2014 fue detenida por agredir a una azafata en pleno vuelo y se hizo pública su bipolaridad. Dos años más tarde tuvo otra denuncia por agresión a un policía. Nos enteramos tarde de las circunstancias que marcarían su personalidad para siempre. Gracias a sus contadas entrevistas a corazón abierto, supimos que durante su infancia O’Riordan sufrió abusos sexuales durante cuatro años por un miembro de confianza de su familia, un hecho que seguramente actuaría como detonante de sus problemas con el alcohol y las drogas, las dietas tóxicas, los impulsos suicidas, etcétera. Todos estos detalles escabrosos de la privacidad de la cantante y compositora de canciones que han marcado nuestra vida sirve para atestiguar una cosa, y es el componente terapéutico del arte en general y de la música, en particular.

Uno de los grandes puntos fuertes de la banda siempre fueron sus directos: ahora en Internet se puede comprobar el poderío de sus conciertos. Mis dos intentos de ver a The Cranberries en vivo resultaron frustrados. El primero fue en el año 2000 en uno de los primeros y más míticos festivales de nuestro país. El Espárrago Rock de aquel año se celebraba en Jerez de la Frontera y fue suspendido al segundo día, que era la jornada en la que actuaban los irlandeses en un cartel que completaban artistas como Lou Reed, Skunk Anansie, Fermín Muguruza o unos Dover en plena ebullición. Una tormenta apocalíptica surgió de la nada durante el concierto de Cipress Hill hasta que un rayo hizo volar la corriente por los aires y hundirnos a nosotros en el barro. Aquella noche se produjeron las experiencias más surrealistas de mi vida por aquel entonces (luego vendrían muchas más) con tiendas de campaña flotando en la caótica zona del camping y protección civil repartiendo chubasqueros, y una pequeña manifestación de fans al día siguiente en la entrada a la zona de los camerinos en las que a todos nos pareció ver a Dolores O’Riordan en un autobús. El segundo intento tuvo menos gracia y fue el año pasado, cuando el festival Starlite de Marbella anunció un concierto que poco después fue suspendido, al igual que gran parte de su gira europea, por problemas de salud de la irlandesa. Mala pinta.

Se funde a negro un mito de los 90 y que pertenece a una época muy concreta. Nosotros descubrimos a The Cranberries gracias a su segundo trabajo, ‘No Need to Argue’ (1994), que fue el disco más vendido en la España de 1995. Su trallazo ‘Zombie’ está ahora mismo rozando los 700 millones de reproducciones en Youtube, algo insólito en una banda de los noventa y para una canción que tiene más de 25 años de antigüedad. En contra de lo que ocurrió en otros mercados, en nuestro país también fue especialmente exitoso su cuarto disco, ‘Bury the Hatchet’ (1999) que contenía temas inolvidables como ‘Just my imagination’, ‘Promises’ o la genial ‘Animal instinct’. Ahora no voy a dármelas de falso fan: a The Cranberries le perdimos de vista pocos años después, un desinterés rematado con un receso musical con que duró de 2004 a 2008, momento en el que la irlandesa sacó algún disco en solitario, con poca fortuna hasta su reunión y un disco malísimo, ‘Roses’ (2012), que ya no tenía ni de lejos la frescura de los primeros y en los que los excesos vocales de la cantante se hacían más insoportables. De hecho su carrera estuvo marcada por las malas críticas pero aupadas por la histeria del momento. The Cranberries ha sido responsable de gallos más agudos en el cambio de voz de nuestra adolescencia.

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