El hombre orquesta conquista Fuengirola

Un momento del concierto/F. Torres
Un momento del concierto / F. Torres

Muchachito Bombo Infierno protagoniza en el Castillo de Sohail una noche de timbales, swing y rumba catalana a partes iguales

Fernando Torres
FERNANDO TORRESFuengirola

Nunca un instrumento había dado tanto de sí. Un hombre, un set de percusión, una banda entregada y un público dispuesto a todo. Esos fueron los ingredientes del concierto que acogió anoche el Castillo de Sohail, en Fuengirola. Muchachito Bombo Infierno, la banda de Barcelona responsable de éxitos como ‘Siempre que quieras’, demostró que la sencillez no es enemiga del talento, y que con poco se puede hacer mucho. Los catalanes derrocharon energía y electricidad en un espectáculo en el que las cuerdas vocales fueron más importantes que la pirotecnia.

Los músicos ocuparon sus puestos a la hora prevista, aunque por problemas con la organización, los teloneros La Pompa Jonda no pudieron actuar hasta el final de la noche, para no retrasar a los cabeza de cartel. Ataviados con chaquetas negras y rojas, cada integrante de la banda se situó en el escenario, dejando libre el trono del rey del bombo. Una batería diseñada para ser manejada con los pies, y en el taburete, guitarra en mano y con sombrero calado, Jairo Perera, el muchachito mandamás, dispuesto a demostrar que no hace falta estar de pie para entregarse en cada canción. ‘Me tienes frito’, ‘Aire’, y ‘Tiempos modernos’ fueron los temas escogidos para iniciar el concierto, que sonaron en tropel, sin que el público pudiera respirar. “Vamos a hacer despegar Fuengirola”, fue la premisa que descorchó el resto del show.

Tuba, trompeta, guitarra eléctrica, bajo y percusión digital elevaron los decibelios. Como guinda del pastel, un pintor dibujó dos grandes paneles a las espaldas de los músicos. Pereira dedicó largos ratos para charlar con el público, pidiendo “gritos de rock and rolles” con la intención de comprobar el estado de ánimo de los asistentes. No hubo tiempo para bailes lentos. Anoche todo fueron saltos y ritmos acelerados, una trenza de ska, rumba y swing que puso a prueba la forma física del conjunto. La habilidad de Pereira para transmitir su entusiasmo al respetable se tradujo en manos levantadas y aplausos desenfrenados a cada redoble final.

“Vamos ahora con una de cantautor”. Así presentó ‘Caraguapa’, una rumba destemplada sobre un amor imposible. ‘Sin vigilancia’ puso en bandeja a los encargados de los vientos la oportunidad de derrochar talento, algo que no faltó a lo largo de toda la velada. Acto seguido, Pereira se quedó solo en el escenario, acompañado de su guitarrista, Diego Pozo. Ambos ofrecieron un duelo de guitarras españolas, en el que interpretaron ‘Seré mecánico por ti’, de Kiko Veneno, tema que dedicaron a Tabletom.

El buque insignia de la banda sonó en torno a las 12 de la madrugada. “¡Ojalá no te hubiera conocido nunca!”, el estribillo de ‘Siempre que quieras’ fue el más coreado de la velada. Antes de despedirse, agradecido, Pereira invitó a subir al escenario a La Mari, vocalista de Chambao. La malagueña y el barcelonés protagonizaron el final del concierto, que siguió lleno de baile y energía positiva con la Pompa Jonda.

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