Fito: «El rock and roll nos da libertad para no madurar»

Fito Cabrales. /Ignacio Pérez
Fito Cabrales. / Ignacio Pérez

El cantante está de celebración: cumple 20 años al frente de los Fitipaldis con una gira que mañana le trae a Málaga y ha recuperado «las ganas de escribir»

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

La cita de la entrevista es a las diez de la mañana. Un claro síntoma de que ha traspasado la barrera de los 50. «Me da por recordar que yo con 20 años no las hacía a esta hora», dice Fito Cabrales mientras ríe. Cuando rondaba esa edad pasó un tiempo en Benalmádena ganándose la vida como camarero, de allí volvió a Bilbao para trabajar a las órdenes de su padre en un puticlub y poco después comenzaría su andadura con Platero y Tú.

¿Volvería a los 20? «¡No por dios!», exclama inmediatamente. Hace ya dos décadas que comenzó su idilio musical con los Fitipaldis, una efeméride que estos días celebra con 'Fitografía' –una caja con discos, dvds y un libro– y una gira de solo 20 ciudades. Málaga entre ellas. El autor de 'Por la boca vive el pez' y 'Soldadito marinero' se subirá mañana sábado al escenario del Auditorio Municipal con todas las entradas vendidas.

Quizás sea un mito eso de que los músicos de rock trasnochan.

–Los músicos de más de 50 sí madrugamos. Los chavales de 20 creo que no hacen entrevistas a estas horas.Me da por recordar que yo con esa edad tampoco.

Revisando su trayectoria veo que estuvo un tiempo trabajando y viviendo en Málaga. ¿Cómo fue eso?

–Justo cuando acabé la mili, hace diez minutos más o menos, fui a trabajar allí.Fui camarero durante un año o así en Benalmádena.

–¿Se dejó algún amor por aquí?

–Amor a la ciudad y al mar (risas).

De su biografía siempre se recuerda que trabajó en un burdel.

–Suena como una novela, pero no tenía nada de glamour. Justo después de dejar Málaga me fui a trabajar al puti. Yo tenía 20 años y era el camarero más serio del mundo. En aquella época en los clubs eran todas españolas y mucho más mayores que yo. Yo era un chaval recién salido del pollo... A mí me mimaban, me ponían la corbata bien y me peinaban, porque yo también tuve pelo (risas).

–¿Volvería a los 20?

–¡No por dios! ¡Qué despistados que somos de jóvenes! Lo que echas de menos es esa energía en cualquier cosa que haces en tu vida. Si sales a dar un paseo lo haces con energía, quieres con energía, odias con energía... No lo echo de menos porque los que vivimos encima del escenario tenemos ese síndrome de Peter Pan. El rock and roll nos da libertad para no madurar mucho. Luego cuando bajas del escenario vuelves a tener 51 años.

Cuando se celebran 20 años se hace obligatorio mirar atrás. ¿Pesan más los aciertos o los errores?

–Tienen que ver las dos cosas. No se puede acertar todo el rato, no se pueden hacer todas las cosas bien. O, bueno, por lo menos yo no puedo (risas). Equivocarse es fundamental porque las cosas que tú crees que ahora no te han salido bien son las que te van a indicar para donde vas a ir. Para acertar hay que disparar muchas veces.

Nunca ha tenido pudor en reconocer sus problemas y hablar de un tema tabú como son las drogas. ¿Hasta qué punto han marcado su vida?

–Siempre intento no esquivar el tema cuando salen en conversación porque lo tomo como algo muy normal. Solemos tener muchos miedos disimulados que intentamos tapar con cualquier cosa que nos quite esas ansiedades. En mi caso era el speed, pero podría ser el alcohol, la farlopa, la heroína... Lo único es que yo tuve la suerte de tener una banda de rock and roll y de poder salir de gira. Hasta que no te pegas la hostia bien dada, hasta que no está destrozado todo lo que has construido, no se acaba uno de dar cuenta. Y una vez que está todo mal, tener algo a lo que agarrarte es imprescindible, más allá de la terapia.

–¿Hablar de ellas con naturalidad es mejor que demonizarlas?

–Trato de quitarle la importancia que realmente tiene, porque si alguien lee que es el fin del mundo... Tienes derecho a meter la pata y luego intenta enderezarte. Siempre se queda en el cerebro un clic que en cualquier momento puede saltar, pero puedes luchar por tener una vida mejor.

«Me siento triste, desbordado y avergonzado», dice sobre la condena al rapero Valtonyc

En el libro de 'Fitografía' sus compañeros le dedican muchos elogios. ¿Cómo se gestionan para que no se le vaya a uno la cabeza?

–Pues sí, se te va (risas). Por escrito tiene todo más trascendencia y de alguna forma te tienes que alejar porque es fácil que te salga una especie de ego y que te creas que eres un tío demasiado bueno. Pero claro, es mi caja, tienen que hablar bien (risas). Pero te voy a decir la verdad, es que eso lo veo a diario. Desde que empecé en esta profesión, he sentido el aprecio y el cariño de mis compañeros. El mismo que yo tengo hacia ellos. Si un músico tiene admiración por algo, es por otro músico. Y luego si en lo personal nos conocemos y todo casa bien, llega la amistad.

Admiración que no envidia.

–No, envidia también. Yo tengo envidia de cómo canta Carlos Tarque y de cómo toca la guitarra Carlos Raya. ¡Tengo una envidia de la hostia!

–¿Qué le parece la condena de tres años de cárcel al rapero Valtonyc?

–Es lo que nos ha tocado. No sé como se ha llegado a esto. Me siento desbordado, la verdad. No he visto cómo iba aumentando poco a poco la presión, la censura, el puritanismo... De repente me ha cogido por sorpresa. Me siento tan triste como desbordado y avergonzado. No encuentro la explicación de qué nos ha pasado, por qué meten a un chaval en la cárcel por cantar lo que sea, me da igual. Cada libro que leo hoy en día no podría estar publicado, cada disco que escucho, ni cada película que me gusta si te lo tomas todo desde el punto de vista de declaraciones y no como una expresión artística.

–¿Ahora usted se piensa más lo que escribe?

–Tengo tan poca capacidad para escribir como para encima ponerme filtros. Si aparte de pasar mis propias penurias tuviera que estar pensando en si eso está homologado... yo me retiro, me vuelvo al puticlub (risas).

Antes de la gira comentaba que estaba estancado. ¿Ha recuperado la inspiración?

–No, lo que sí he recuperado y es igual de importante, si no más, son las ganas de escribir. En el fondo no hay un motivo claro, pero sí que tiene que haberlo. De todo lo que pasa en la vida el único culpable es uno mismo. Si una canción no me sale es que inconscientemente no quiero hacerla. Hay algo dentro de mí que me está frenando y no sé qué es. Pero no me quiero preocupar demasiado.

–¿Se ve otros 20 más en el escenario?

–Es que no me puedo imaginar haciendo otra cosa. No hay nada que me llene tanto.

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