El espíritu de La Botica se hace música

El público, numeroso para este tipo de eventos, fue llenando el auditorio a lo largo de la tarde-noche.
El público, numeroso para este tipo de eventos, fue llenando el auditorio a lo largo de la tarde-noche. / Francis Silva

El I Festival de Cantautores recuerda a las históricas tardes de domingo en la desaparecida ‘catedral’ de los solistas malagueños

Iván Gelibter
IVÁN GELIBTER

Hace ya algunos años –unos tres o cuatro– que la presión de una normativa absurda sobre la prohibición de la música en directo en los locales de Málaga obligó a cerrar La Botica. Quizá no tenía 50 años de historia, pero este bar situado en la calle Cañón era entonces la referencia de los cantautores malagueños, que encontraban sobre sus tablas la primera salida de sus canciones al mundo exterior. Especialmente relevantes eran sus tardes de domingo de micro abierto, en las que uno podía escuchar largas horas de música por la módica cantidad de 3 euros, que daba derecho a una cerveza.

Esta regulación que tanto daño ha hecho a los artistas locales; unida a cuestiones más personales de los propietarios del local, dio por acabada la aventura de La Botica, dejando huérfanos a los cantantes y creadores y a buena parte de sus seguidores. Sin embargo, el día de ayer significará para el sector un nuevo empuje que tanto necesitaban. El recinto del Eduardo Ocón fue el escenario elegido para la celebración del primer Festival de Cantautores de Málaga; una cita que pretender no ser ni mucho menos la última, y que registró una buena asistencia teniendo en cuenta que no se trata precisamente de una música ‘mainstream’. Ni en las mejores tardes de La Botica se llegaron a reunir, como ayer, casi 300 personas para oír unas canciones que prácticamente nadie se sabe, pero cuyas letras cuentan historias que suenan familiares a los malagueños.

Tyler Faraday, una gran voz. / Francis Silva

Así nació Malagautor, un festival que tiene la vocación de mostrar lo que se hace y se toca en la provincia en uno de los enclaves, quizá, más acertados para hacerse oír, y que ya es casi una referencia en la escena alternativa malagueña, como se demostró durante los conciertos de la feria. A través de seis horas de música al aire libre y con acceso gratuito, se presentan ocho propuestas diferentes que, en algunos casos son ya auténticos clásicos para su pequeño público.

Nuevo sonido

Ángela González fue la primera en actuar en el festival organizado por Malaparte Producciones, Málaga en Vivo y el Ayuntamiento de la capital. González ya se ha llevado premio en el III Certamen de Cantautores de la Provincia de Málaga y en el concurso de Música Joven de Alhaurín el Grande, entre otros, y representa la savia más nueva de esta generación que quiere emular a referencias como Vanesa Martín o El Kanka, que precisamente nunca dejaba pasar la oportunidad de acercarse a La Botica.

El público, que fue llegando de manera gradual a lo largo de la tarde, pudo disfrutar también de la voz de Tyler Faraday, que presentó sus nuevas canciones a traves de sonidos totalmente reconvertidos al folk. Algunas de sus letras, además, han sido compuestas muy recientemente, como él mismo aclaró, tras contar que otro de los ‘grandes’ de Málaga, Rafa Toro, le había acogido en su casa durante este verano.

El Peluo Yonki y Artin Safarian durante la actuación. / Francis Silva

El que fuera –y sigue siendo– otro pilar de este movimiento, Marcos Alonso, era el encargado de ir presentando a todos los artistas. Alba Jiménez, El Peluo Yonki y Artin Safarian, Peter Edgerton, Ana García y Gabardino fueron subiendo al escenario para ir dejando retales de varios minutos que demostraron que ser cantautor tiene muchas acepciones; al menos en lo relacionado con los estilos y sonidos de cada uno de ellos.

Y todo para llegar a la traca final, cuando Rafa Toro y Alberto García conseguían hacer de la melancolía y los recuerdos de años mejores el sino de sus recitales. La Botica, por desgracia para la cultura, ya no existe. La música en el Eduardo Ocón no suena igual que en la sala. Aún así, su espíritu hecho carne se paseó durante varias horas entre aquellos que creen en la música de autor.

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