DOLORES LA PARRALA

GONZALO ROJO

Tratamos hoy de una cantaora nacida en 1845, que fue conocida artísticamente como Dolores La Parrala. Se llamó Dolores Parrales Moreno y sobre su naturaleza nos dejó dicho: «Moguereña soy, señores,/ y lo llevo a mucha gala / porque en todos los rincones / la Parrala es la que gana». Aunque inició su carrera artística en su localidad natal, Moguer (Huelva), fue en Sevilla, según nos cuenta Fernando el de Triana, donde completó su formación. La Parrala adquirió gran fama en el Café de Silverio, que fue maestro y referente en su carrera, al igual que ella la principal transmisora de sus cantes, en especial de las siguiriyas, al cantaor Antonio Silva 'El Portugués', de quien fue profesora. La Parrala ejecutó con facilidad gran variedad de palos como la serrana, el polo, la liviana, la siguiriya y la soleá. El diario 'El Alabardero', de 12 de julio de 1879, comentaba: «Son muchos los adoradores del arte de Silverio y La Parrala».

Según la prensa del XIX, Dolores actuó en París junto al guitarrista Paco el de Lucena y la bailaora malagueña Trinidad Huertas 'La Cuenca'. Concretamente el año 1880 el diario 'La Provincia', de Alicante, anunciaba su actuación en el Teatro Español: «Allí canta una soleá que no hay más que oír. De peteneras y otros cantes no hay que hablar. La Parrala es el mejor argumento que se puede emplear para saber hasta qué extremo es delicioso oír el canto flamenco en el Teatro Español». En 1884 pasó una larga temporada en el granadino Café Cantante de la Plaza de la Marina, junto a Juana la Macarrona; de donde pasó al malagueño Café del Sr. Bernardo, en la calle Siete Revueltas, y más parte al Café Imparcial, de Madrid, en ambos cantando junto a Juan Breva. En 1912, el periódico 'El Papa Mosca', de Burgos, la anuncia para el otoño junto a Paquiro, La Chorrúa y otros.

Tres años más tarde, en 1915, falleció en la calle Puerto, de Huelva, en la misma casa en la que también vivía Fernando el de Triana, quien la escuchó cantar horas antes de su muerte esta siguiriya: «De estos malos ratitos / que yo estoy pasando, / tiene la culpa mi compañerito,/ por quererlo tanto». La Parrala estuvo rodeada de un halo de misterio y confusión. Núñez de Prado hizo de ella un retrato demoledor, aunque resaltó su gran calidad artística. Varias fuentes la identifican como compañera sentimental de Paco el de Lucena, cuando la verdad es, que a la muerte de Paco y según el certificado de defunción, «el finado estaba casado con Eusebia Olmedo Díaz, mayor de edad y de la misma naturaleza, no quedando sucesión de este matrimonio».

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