Crítica de música

Brahms, Mahler y Martinu con la OFM

MANUEL DEL CAMPO

Arrancó la vigésimo octava temporada de abono de la Orquesta Filarmónica de Málaga en el Teatro Cervantes anteayer –ayer tendría repetición– bajo la batuta de su director titular y artístico maestro Manuel Hernández-Silva, que ofreció un repertorio con obras de Brahms, Mahler y Martinu.

La pieza de Johannes Brahms (1833-1897), ‘Obertura para un Festival Académico’ se basa en unas canciones de taberna de los universitarios y tiene como final al ‘Gaudeamos igitur’ responde a su agradecimiento por haber sido nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Breslau en 1879 (ello se lo sugirió el director de música de ese Centro, que era amigo suyo, como forma de expresar su gratitud). Puede hablarse de una obra de circunstancias pero al tiempo señalar su bella factura y orquestación. Traducción correcta de la OFM con significativa brillantez en su último tramo, sonaron los primeros aplausos para director y orquesta.

Seguían las ‘Canciones de un camarada errante’ de Gustav Mahler (1860-1911) que junto a sus otros dos ciclos de lieder ‘La canción de la tierra’ y las ‘Canciones para los niños muertos’ complementan lo esencial de la producción sinfónica del compositor, sinfonías aparte. ¿Fueron escritas las ‘Canciones de un camarada errante’ primero para voz y piano y después con acompañamiento de orquesta o al contrario? Existe cierta inseguridad cronológica si bien no se ignoran las varias revisiones que realizó Mahler de esas cuatro canciones, consecuencia del fracaso de su enamoramiento de la soprano Johanna Richter. Composición de juventud admirable, en la que José Antonio López asumió su fundamental parte mostrando una amplia tesitura desde la nobleza de su centro a los agudos cercanos al falsete. Expresiva la orquesta y entonada la voz cantante al servicio de la obra, el público poco numeroso de anteanoche acogió bien la traducción del ‘camarada errante’.

Ocupaba la segunda parte del programa la ‘Sinfonía nº4’ de Bohuslav Martinu (1890-1959) músico checo no muy conocido entre nosotros, que completa junto a Dvorak, Smetana y Janacek el cuarteto de grandes compositores de su país. Esta obra resulta curioso de escuchar. Contiene demasiados temas en su desarrollo, cambios sostenibles en la dinámica, recreación en las fuertes sonoridades, especialmente vientos y percusiones. Su versión por la OFM tuvo sus mejores momentos en el impulso rítmico demandado por un seguro y claro de gestos y actitudes maestro Manuel Hernández-Silva, superando los profesores de nuestra orquesta las dificultades de la complicada partitura. Al término de su ejecución al auditorio mostró su complacencia hacia todos los intérpretes.

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