Beret: el músico que debió quedarse en poeta

Beret, de negro, durante la primera canción de anoche./Ñito Salas
Beret, de negro, durante la primera canción de anoche. / Ñito Salas

El joven artista sevillano reúne a 2.000 personas en Málaga con un show intenso pero carente de un nivel musical que sí alcanzan otros raperos

Iván Gelibter
IVÁN GELIBTER

La industria de la música no es lo que era. Afortunadamente. Las redes sociales y las plataformas digitales han dado un vuelco absoluto a la forma en la que dialogan público, artistas y discográficas. Una buena campaña en las redes con un mensaje musical que convenza a los jóvenes tiene visos de ser un éxito. Qué más da que no salga en la tele, si alcanza millones de visitas en Youtube.

Esta democratización de la música es un fenómeno tremendamente positivo, principalmente porque el público escucha lo que quiere y no lo que imponen; y porque a su vez el artista puede ganarse la vida de una forma digna sin estar eternamente esclavizado a una multinacional.

A pesar de ello, hay ocasiones en las que los gustos del público están reñidos al nivel musical que presenta un artista en concreto. Beret (Sevilla, 20 años) es uno de esos ejemplos. Este joven que dice hacer rap y reggae (todo al mismo tiempo) es el niño de las -ojo- 113 millones de reproducciones en su canal de Youtube. Lleva dos años de gira por toda España haciendo un 'sold out' detrás de otro, y su éxito entre los de su edad para abajo parece no tener fin.

Anoche (al cierre de esta edición el concierto no había terminado) fue el turno de Málaga. El éxito de convocatoria fue el mismo que en otras ciudades, y metió ni más ni menos que 2.000 personas en la Sala París 15, que para aquellos que no sepan de aforos, es el doble de lo que cabe en el Teatro Cervantes. Desde que salió al escenario (primero 'pinchó' un Dj y 'cantó' un tipo que luego se quedó con el artista principal), Beret fue capaz de hacer saltar, cantar, bailar e incluso llorar a toda la audiencia que había reunido.

Haciendo una lectura detallada de sus letras, es inevitable reconocer que como poeta, el chico tiene talento. El problema, quizá, sea haber dado el salto a coger un micrófono o a producir un concierto. Gritos; desacompasamientos con la música; un Dj que insistía una y otra vez con los mismos 'gags' musicales de trompetas... Un sinfín de cuestiones que todo aquel que haya tenido la suerte de haber estado en un buen número de conciertos habría detectado.

Y eso, antes de que caiga la crítica sobre la crítica, no es un tema de rap. Kase-O, por ejemplo, es una muestra de cómo el hip hop puede ser urbano y musicalmente refinado. Beret es un ídolo de masas; un joven que consigue que sus vídeos estén en la cabeza de decenas de miles de jóvenes de este país. Es lo que tiene la democratización de la música. Que somos más libres de elegir; aunque la elección, objetivamente, deba trabajar un poco más cómo cantar en un escenario.

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