Arcángel: «Solo quiero disfrutar de la libertad expresiva»

Arcángel, frente al Teatro Cervantes, donde presentará su espectáculo 'Al este del cante'. /Ñito Salas
Arcángel, frente al Teatro Cervantes, donde presentará su espectáculo 'Al este del cante'. / Ñito Salas

En su nuevo álbum, el onubense se rodea de un coro de voces búlgaras con el que continúa su exploración por el flamenco

FERNANDO MORGADO

Francisco José Arcángel Ramos (Huelva, 1977) es el cantaor al que adoran escritores como Elvira Lindo o Luis García Montero. Él cree que al flamenco «le viene bien que todo tipo de gente se interese por él y se sienta de la familia». Siempre ha trabajado con la «puerta abierta» y buscando la diversión que le produce experimentar e innovar con su arte. Lo último es 'Al este del cante', un disco grabado en directo con el coro de las Nuevas Voces Búlgaras que presentará mañana en el Teatro Cervantes.

¿Cómo de arriesgado es grabar un disco en directo?

–No más que en un estudio. No le otorgo un plus de riesgo a que algo se haga en directo. Lo que sí lo tiene es hacer algo que no esté en tu zona de confort. El riesgo no está en la fórmula, sino en la propuesta. Me gusta estar permanentemente huyendo de esa zona. Si estoy cómodo más tiempo del necesario acabaría por dejarlo todo, porque lo que busco es divertirme.

El concierto

Fecha
Jueves, 31 de mayo, a las 20.00 horas.
Lugar
Teatro Cervantes.
Entradas
Entre 12 y 36€ a través de unientradas.es y en las taquillas del Teatro Cervantes.
La banda
Arcángel (voz), Dani de Morón y Rycardo Moreno (guitarras), Agustín Diassera (percusión), José Manuel Posadas (bajo), Giorgi Petkov (director del coro).

¿Cuándo se fija en la música búlgara para incorporarla a su repertorio?

–Fue hace muchos años. Cuando escuché por primera vez ese sonido, ese eco, me impactó muchísimo. Fue de la mano del maestro Enrique Morente. Siempre estuvo rondando en mi cabeza la posibilidad de hacer algo con el coro, sin saber si iba a ser capaz o iba a disponer del contexto apropiado para hacerlo. Al final el destino me lo puso por delante. Unos productores búlgaros me contrataron para dar un concierto en Sofía y allí surgió la posibilidad. Creí que quedaría en una simple conversación, pero a los seis meses estábamos eligiendo los temas para el repertorio. Todo fue un poco fortuito.

¿Fue difícil irse 'Al este del cante'?

–Siempre creo que cuando se lleva a cabo un proyecto de estas características, en el que intentas dialogar de la manera más natural posible con un género que no tiene nada que ver con lo que haces normalmente, hay que hacer un esfuerzo importante por intentar comprender al que tienes enfrente. Es algo obligado. No fue fácil, pero sí placentero. Había muchas cosas a las que renunciar, muchas que aprender y estudiar previamente... Además de superar la barrera de la confianza, que para mí es la más importante. Se le estaba pidiendo al coro de voces búlgaras que hiciese unos arreglos ex profeso para un flamenco poco tradicional, un concepto un poco complejo que necesitaba de una confianza mutua para que nadie creyese que íbamos a la deriva.

¿Que tienen en común los dos géneros?

–Creo que poco, sinceramente. Lo que hay en común es un lenguaje musical. Quizá lo que puede enlazar un arte con el otro es que en ambos predomina la voz sobre otros instrumentos, pero es algo que ocurre en otros géneros. También el búlgaro es un canto popular que refleja el sentir del pueblo y como tal, no busca tanto la perfección como un lenguaje específico muy ligado a lo auténtico.

Madurez

Sobre su voz, el poeta Luis García Montero cree que ahora es más madura, ¿está de acuerdo?

–Espero que sea así, pero no puedo afirmarlo. El paso del tiempo tiene que servir para algo, a veces incluso para desaprender, como decía un amigo mío. Espero que en mi caso haya servido para madurar bien.

¿Cómo fue el proceso de elección del repertorio del disco?

–Quizá esa fuera la cuestión más complicada, porque elegir un repertorio que facilitara el entendimiento era importante. Si hubiese pretendido que el coro hiciese una seguiriya o una soleá con tintes tradicionales me habría costado más. El repertorio que me ofrecieron obedecía a esas razones.

¿Es complicado tratar de renovar temas como 'La leyenda del tiempo' de Camarón o 'La aurora de Nueva York' de Morente?

–No es difícil aportar algo nuevo ni darle una visión diferente, lo difícil es acercarse con respeto. Yo lo hago con el convencimiento de que no voy a mejorar ni a rectificar a nadie, sino a disfrutar de un patrimonio, de un legado importantísimo. No es necesario aportar nada, simplemente divertirse cantando. No tengo ese problema, la única dificultad era intentar no defraudar al propio género.

A la vanguardia

Tanto Camarón como Morente fueron artistas que estuvieron a la vanguardia del flamenco, ¿se considera también un 'explorador' como ellos?

–No sé si estoy en la vanguardia. Donde sí sé que estoy, y donde me quiero situar, es en la libertad expresiva. Solo quiero disfrutar de esa libertad expresiva, a la que no llego por el camino del narcisismo ni la petulancia. Creo que ellos simbolizan una parte importante del flamenco y lo dotaron de libertad en una época en la que era complicado romper estructuras. No me cuesta nada mostrar el agradecimiento que siento por lo que nos dieron y que creo que nunca podremos devolverles.

Aparte, por el disco ronda también la figura de Federico García Lorca. ¿Qué significa para usted?

–Es uno de mis pilares. A través de la literatura de Lorca se ha expresado muchas veces el concepto de libertad. Él la practicó hasta las últimas consecuencias. Creadores en los que yo me apoyo se apoyaron a su vez en él.

Una de las mejores canciones del disco es 'Vieja blancura', ¿cómo nace?

–Es un tema popular búlgaro al que cambié el ritmo al flamenco. Se lo enseñé y empezamos a navegar. Siempre surge un hilo del que tirar.

¿Le produce satisfacción que gente como Elvira Lindo o Luis García Montero haya alabado su arte?

–Ese es el camino que yo persigo. Si cualquier género se dirige solamente a las personas que ya lo consumen, como mínimo su futuro será incierto. He sentido muchas veces que desde dentro, sin querer, la gente se ha visto rechazada o cohibida por la estructura cerrada del flamenco. La música, el arte en general, solo hay que sentirla. Luego ya se pueden emitir juicios de manera más profesional o no. Nosotros no debemos ser un tapón para la gente que simplemente quiere entrar a curiosear.

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