Anastacia, la mujer blanca con voz de ébano, brilla en Starlite

Anastacia, durante el concierto de anoche.
Anastacia, durante el concierto de anoche. / Jorge Rey

La americana no solo no ha perdido talento con la edad, sino que ahora se hace aún más dueña del escenario

IVÁN GELIBTER

España conoció a Anastacia hace unos 17 años. Ocurrió en medio de aquella locura llamada Operación Triunfo, y aunque ya había sacado al mercado su primer trabajo –un éxito mundial–, su presencia como ‘coach’ ocasional en la Academia y su posterior actuación ante Bisbal, Chenoa, Rosa y compañía causaron un moderado furor en un mundo de la música que por entonces manejaba unos códigos bien distintos.

Frente a esas camisas con cuellos infinitos (e imposibles) de ellos; y los pantalones acampanados por debajo y pegados por arriba de ellas, esta americana de 48 años ya presentaba una estética que ha conseguido hacer suya, y que estaba liderada por unas gafas con cristales de colores y mucha pedrería en el resto del atuendo.

Parece que aquello ocurrió en otro tiempo pasado –habrá que analizar si fue mejor o peor–, pero la Anastacia que ayer brilló sobre el escenario de Starlite no dista mucho de aquella que se presentaba entonces con las credenciales de haber hecho famosa tras participar en un concurso parecido a OT, que por cierto no ganó.

«Es blanca pero tiene voz de negra», decían entonces. Lo comentaba el vulgo y lo repetía Michael Jackson, que tras escucharla en la pequeña pantalla decidió llamarla y proponerle que fichara por Sony. Lo cierto es que hay que reconocer que Anastacia sigue teniendo esa misma voz; la que por momentos sugiere que debe ser un exponente del soul, y que luego pasa a ser una estrella del rock, como cuando anoche versionó ‘Best of you’ haciendo uso de unos aullidos dignos de Dave Grohl. Y luego resulta que no, que en realidad es una diva del pop ‘mainstream’; un hecho que le habrá servido para vender más discos, pero que en los últimos años más parece una manera muy lucrativa de desperdiciar un impresionante talento.

Aún así, este portento vocal supo perfectamente adivinar adónde iba a cantar. Para muchos de los artistas, Starlite es un escenario diferente en el que hay que poner sobre el escenario algo más de lo habitual. Ya sea por su inteligencia –o porque el año pasado ya estuvo en la cantera de Nagüeles–, la americana se dejó de tonterías de discos nuevos y cantó lo que su público (unas 2.500 personas) había venido a escuchar. Y claro, ella sabe muy bien como interpretar ‘Sick and Tired’ o ‘Paid my dues’. Su voz, que sigue siendo más de una Shaniqua que de una rubia con nombre ruso, no ha perdido en estos años ni un solo de los matices que la elevaron entonces. Y por si a alguien no le quedaba del todo claro, ya se encargaba ella de pasar del falsete al agudo; del grave a un grito prolongado que solo terminaba cuando se dejaba de aplaudir.

Tanto era el interés de circunscribirse a un ‘setlist’ de grandes éxitos, que el concierto se hizo corto. En realidad, se hizo corto porque así estaba programado. 17 escasas canciones divididas en unos 90 minutos que no fueron todos musicales. Se regodeó en las presentaciones de sus tres coristas-bailarinas-violinistas-tamborileras; de su pianista; del batería; y del guitarrista; éste último definido por Anastacia como lo dijo Lars Von Trier: «el jefe de todo esto».

El 'latineo' está de moda

Hay artistas que son genios interpretando, pero a la vez un coñazo como director de conciertos. Por suerte éste no fue el caso de Anastacia, que pese a cambiarse casi tantas veces como Madonna, sus salidas y entradas del escenario no evitaron el ‘palique’ con el público. En inglés y a veces en ‘spanglish’, Anastacia contó por qué estaba feliz de estar en Marbella, la superación de su cáncer en el mejor momento de su carrera e incluso lo que hizo la tarde de ayer. Al menos no versionó ‘Despacito’ –una moda recurrente entre artistas anglosajones que debería ser recurrida en el Constitucional–, aunque sí dejó para el recuerdo el momentazo de la versión de ‘I’m outta love’ en modo cumbia mientras bailaba algo que debía intepretarse como salsa. Pero eso sí, que si ella quiere volver, hay muchos que la vamos a seguir esperando.

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