El poder hipnótico de Vicente Amigo

Vicente Amigo, anoche en el Teatro Cervantes.
Vicente Amigo, anoche en el Teatro Cervantes. / Salvador Salas

El guitarrista abre el Terral con una combinación de delicadeza, garra y sabiduría flamenca que llena el Cervantes

Regina Sotorrío
REGINA SOTORRÍO

Solo un foco, una guitarra y él. Suficiente para que en un Teatro Cervantes casi al completo se haga de repente el silencio. Se escuchan tímidos ‘oles’ de fondo, casi en un susurro, nadie quiere romper la magia del momento. Pasan diez minutos o quizás quince. No lo sé. Cuando Vicente Amigo empieza a rasguear el instrumento se pierde la noción del tiempo, se entra en otro estado. Esos dedos interminables hipnotizan a quien los ve, incapaz de apartar la mirada.

Así, con solo Vicente, comenzó la magistral lección de guitarra flamenca con la que anoche se inauguraba el Festival Terral en el Teatro Cervantes. Después se incorporarían el resto del equipo: segunda guitarra (Añil Fernández), cajón (Paquito González), cante (Rafael de Utrera), baile (El Choro) y también un bajo eléctrico (Ewen Vernal). Porque Vicente Amigo es ante todo flamenco –«No hay un purista más purista que yo», declaraba hace unos días en una entrevista a SUR–, pero un flamenco del siglo XXI sin complejos ni miedos de perder la raíz. Esa ya va por dentro.

Los seis músicos, con el guitarrista en el centro del escenario, se convertían en uno en la interpretación de los temas. Perfectamente coordinados y acompasados, se entendían con las miradas y las sonrisas. Impresionante el baile de El Choro en sus dos intervenciones. En el repertorio, tangos, seguiriyas, tientos, bulerías... siempre a su estilo. Temas de años atrás, como ‘Autorretrato’, y también de su último disco (‘Memoria de los sentidos’), como ‘Amoralí’.

Va por José Tomás

Vicente Amigo se sube al escenario para tocar, no para hablar. Se limitó a expresar su alegría de volver a esta tierra «maravillosa por diversa y profunda». Un lugar que le trae recuerdos de José Tomás, el torero de Galapagar que reside en Estepona y «al que hace mucho tiempo» que no ve. «Me siento torero cuando vengo aquí», añadió. Y, por eso, al diestro le dedicó el concierto. Poco más dijo, apenas un par de referencias al calor del escenario –«más que en Écija»– calentado por los focos y las imágenes que se proyectaban a su espalda.

«Me siento torero cuando vengo aquí», dice el músico, que dedica el recital a José Tomás

Pablo Alborán y el guitarrista DanielCasares asisten como público

Pero sí le dijeron a él. «Maestro» le gritaban algunos, «Dios» le llegó a llamar alguien. Y algo de omnipresente tiene, al menos en esos dedos afilados que no se agotan. De un punteo delicado pasan un segundo después a un ritmo frenético en el que cualquiera diría que se multiplican. Pero él ni se inmuta en su silla, ni se le altera la melena, como mucho hace un leve movimiento de pie al compás de la guitarra. Hace parecer sencillo lo que es puro virtuosismo, una combinación de delicadeza, garra y sabiduría flamenca que puso al público en pie. Entre ellos un colega, el guitarrista Daniel Casares (que mañana estará en ese mismo escenario con Dulce Pontes), y un popular admirador, el cantante Pablo Alborán, que pasó inadvertido en un palco. Porque a Vicente Amigo hay que escucharle pero, sobre todo, verle.

Fotos

Vídeos