Diario Sur

Danza Invisible celebra en casa su 35 cumpleaños

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Danza Invisible desgranó anoche su repertorio ante un público entregado. / Hugo Cortés

  • La banda malagueña repasa sus grandes éxitos en el auditorio municipal de Torremolinos, donde creció musicalmente

Los componentes de Danza Invisible subían ayer al escenario del auditorio municipal de Torremolinos dispuestos a celebrar sus treinta y cinco años en la música, pero acabaron convertidos en espectadores del homenaje rendido por colegas y espectadores. Como prólogo, varios artistas locales interpretaron algunos de los éxitos de la banda malagueña, con más de una veintena de discos en el mercado. Luego, Danza. Con un concierto dividido en dos partes, el grupo liderado por Javier Ojeda desgranó canciones instaladas para siempre en la memoria musical colectiva, como ‘Sabor de amor’ o ‘A este lado de la carretera’, y otros temas menos populares pero dotados de una vigencia incontestable. El redescubrimiento de ‘En equilibrio’, su cuarto álbum, editado en 1998, marcó parte de la noche, que quedará señalada en rojo, por la pasión de doble dirección mostrada ayer, en la historia de Danza Invisible.

La entrega desplegada por las miles de personas que abarrotaron el auditorio y corearon un tema tras otro saldaba, de alguna manera, la deuda contraída por Torremolinos con su principal grupo durante más de una década, tiempo en que estuvieron incomprensiblemente «vetados» por el equipo de gobierno. Aquella época ya pasó. «Por ahí se escapa, / por ahí se pierde. / Por ese camino / del que nunca vuelve», canta Ojeda en un mítico estribillo que anoche adquiría condición de metáfora. No hicieron falta más palabras. Ya se dijo lo necesario en septiembre de 2015, cuando la banda volvía a tocar en Torremolinos doce años después. Ayer era tiempo de celebrar. Y de recordar. La proyección de un carrusel de fotografías de la banda, algunas de ellas inéditas, sacadas de la biografía del periodista Salvador Moya, recondujo la memoria de los más despistados y también de los más jóvenes.

La banda, que tocó temas como ‘En celo’, alcanza los 35 años en plena madurez creativa, con un directo poderoso en el que predomina su clásico sonido entre el pop y el rock, con incursiones en otros géneros. A mitad del concierto, el grupo malagueño invitó a varios artistas locales que tocaron temas como ‘Diez razones para vivir’. Con una puesta en escena contundente, coronada por una pantalla de grandes dimensiones en la parte superior central del auditorio, el grupo exhibió su dominio escénico y la amplitud de registros vocales de Ojeda.

El espectáculo se prolongó durante más de tres horas. Torremolinos se sumaba así a la relación de escenarios que han sido testigos de las grandes onomásticas del grupo, como el Teatro Cervantes de Málaga, que acogió un concierto para conmemorar su vigésimo quinto aniversario. Una década después, el municipio que los vio crecer musicalmente tomaba el relevo del principal teatro de la capital. El concierto celebrado ayer demostró que Danza Invisible ha salido definitivamente del ostracismo institucional. La larga ovación confirmó que, para el público, nunca se habían ido.

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