Diario Sur

El flamenco se sigue reivindicando

Un momento del espectáculo celebrado ayer en Diputación por el Día del Flamenco.
Un momento del espectáculo celebrado ayer en Diputación por el Día del Flamenco. / Álvaro Cabrera
  • La Lupi, Antonia Contreras y Davinia Ballesteros repasan la actualidad del arte jondo en su día internacional

  • Del nombramiento como Patrimonio Inmaterial hace seis años queda el prestigio mundial y el orgullo de los artistas, pero a nivel de trabajo «la situación está igual»

El aplauso que entonces se escuchó en Nairobi (Kenia) se transformó en palmas y bulerías en Andalucía. Hace seis años, tal día como hoy, la Unesco otorgaba al flamenco un título que ya ostentaba desde hacía décadas, aunque sin el marchamo oficial. La expresión artística más universal del país era por fin, al segundo intento, reconocida como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

De aquello queda hoy el prestigio internacional, el orgullo de los artistas y un Día del Flamenco que cada 16 de noviembre recuerda que este es un arte valorado en todo el mundo. «Pero a nivel de trabajo estamos igual», asegura La Lupi, una de las bailaoras malagueñas con más proyección. «No es que haya variado mucho», añade la tocaora Davinia Ballesteros, la única malagueña con la licenciatura de Guitarra Flamenca. «Nada es diferente», coincide la cantaora Antonia Contreras, la última ganadora de la Lámpara Minera. El arte flamenco se reivindicó entonces, y lo sigue haciendo hoy.

Ellas tienen motivos para celebrar la fiesta del arte jondo, pero admiten que todavía hoy hacer las maletas es casi la única salida para quien quiere vivir sin apuros del flamenco. «Ha sido así desde que tengo uso de razón», puntualiza La Lupi. «Porque fuera es donde realmente valoran el flamenco», apunta Ballesteros.

El trabajo está más allí que aquí. «Y más de uno nos vemos con el agua al cuello», reconoce Contreras. La cantaora, la primera malagueña con la prestigiosa Lámpara Minera, habla con una sinceridad abrumadora: «El estado en el que estaba el flamenco me obligó a presentarme a un concurso». Nombre habitual de peñas y festivales, en los últimos años se sentía fuera del circuito: «Solo apuestan por artistas my conocidos, con disco reciente o que hayan ganado un premio de relevancia. Yo solo tenía muchos años trabajando por salir adelante».

Renovación

Tras 12 años sin participar en un certamen, en agosto se atrevió con el Festival del Cante de las Minas en La Unión. Y ganó. No solo un premio económico, también «bienestar personal»: «Se me reconoce como cantaora de entrega y de lucha». Los 15.000 euros del galardón ya tienen destino: un disco que pronto saldrá a la calle con letras inéditas, una línea de renovación del flamenco que siempre defiende. Desde agosto el teléfono suena más. «Pero tengo muchos compañeros que están pasando dificultades. Se nos exige una legalidad, y para que podamos llevarla a cabo necesitamos que se nos dé trabajo», afirma. De momento y tras años de ‘vacas flacas’, la Consejería de Cultura ha anunciado que en 2017 destinará 535.000 euros para el tejido asociativo y profesional del flamenco, cien mil euros más que en el ejercicio anterior.

Pero falta más. «Que se solucione el tema legal de los tablaos y que haya más infraestructuras», reclama La Lupi, que hace así referencia a la movilización que encabezó la bailaora Marina Aranda para que se den licencias a actuaciones en vivo en el centro de Málaga. La Lupi, como reconoce, es una afortunada. 2016 le deja su debut neoyorquino, el estreno de ‘Mudanza’ (que el 11 de diciembre se verá en el Cervantes)y una agenda internacional de vértigo. En perspectivas, tiene Alemania, Japón, Italia y la vuelta a EE UU. Se siente profeta en su tierra: anoche mismo actuaba con Luisa Muñoz y Rancapino Hijo en el espectáculo con el que las peñas malagueñas celebraban el Día del Flamenco en el Auditorio de la Diputación. Pero no le han regalado nada. «Yo he alquilado teatros y colgado carteles a las cuatro de la mañana. Me he arriesgado y he trabajado mucho», afirma.

Rancapino Hijo, durante su actuación.

Rancapino Hijo, durante su actuación. / Álvaro Cabrera

Las nuevas generaciones también pelean por un espacio. Davinia Ballesteros compagina la dirección de la escuela de guitarra Fernando Moreno en Jerez de la Frontera con sus recitales. La malagueña acaba de llegar de un mes en Turquía, donde ha comenzado la gira de un espectáculo (‘Mosaic of guitars’) que une su toque flamenco al tango de una guitarrista argentina y al clásico de una vietnamita. Una experiencia enriquecedora que espera poder repetir en España. «La pena es que estando en la cuna del flamenco es muy difícil encontrar flamenco aquí», lamenta. Y, paradójicamente, la demanda de espectáculos es mayor entre turistas extranjeros –que buscan arte jondo auténtico, «no el de guiris»– que entre locales. Para cambiar las tornas, ella da su receta:empezar por las escuelas.