Diario Sur

La eterna juventud de Clarke

Clarke alternó el contrabajo con el bajo eléctrico. :: paula hérvele
Clarke alternó el contrabajo con el bajo eléctrico. :: paula hérvele
  • El legendario bajista puso la guinda al Festival de Jazz

No hay nada mejor para conservar la energía que rodearte de juventud, debió pensar Stanley Clarke antes de formar su nueva banda. El mítico bajista estadounidense, nacido en Philadelphia en 1951, firmó anoche el cierre de la trigésima edición del Festival Internacional de Jazz de Málaga, y lo hizo con la compañía de una formación compuesta por talentosos veinteañeros. Tardó poco Clarke en presentar a sus músicos: al piano, el prodigio georgiano, Beka Gochiasvili; a los teclados, Cameron 'Planetary Prince' Graves, y en la batería Michael 'Blaque Dynamite' Mitchel.

Clarke, con gafas de sol, camiseta, vaqueros y zapatillas deportivas, aprovechó sus primeras palabras para disculparse por su pobre nivel de español, a pesar de que su esposa es chilena. Pero nadie estaba allí para escucharle hablar. El Teatro Cervantes, lleno casi por completo, solo quería que Clarke abrazara el contrabajo como solo él sabe hacer, como lo lleva haciendo desde hace más de cuarenta años.

El bajista no se hizo de rogar en su exhibición y ya en la primera pieza arrancó los aplausos de una audiencia entusiasmada y agradecida de tenerlo sobre las tablas del teatro malagueño. El toque de Clarke, que también utilizó su instrumento para hacer percusión, se complementa con el virtuosismo de sus acompañantes: el primer solo de batería llegó como un terremoto y el jovencísimo Gochiasvili alternó el piano de cola con los teclados en varias demostraciones de un talento descomunal.

Y así, en una frenética sucesión de notas y cambios de ritmo, Clarke parece rejuvenecer hasta aquella época en la que compartió el liderato del grupo Return to Forever con Chick Corea. «Yo siempre tengo la misma edad, cien años», dijo entre risas antes de cambiar al bajo eléctrico y adoptar esa postura tan característica en la que convierte su mano derecha en un gancho que tan pronto acaricia las cuerdas como las pellizca con energía.

Así enfrentó una composición que su ídolo, Charles Mingus, dedicó a un amigo fallecido, 'Goodbye Pork Pie Hat'. El ambiente del Cervantes se transformó entonces al son de esta balada de blues que con tanta pasión interpreta Stanley Clarke y en la que se luce una vez más el pianista georgiano. Los temas de su último álbum, 'Up', tuvieron mayor presencia en el repertorio del legendario músico, al que se vio disfrutar de lo lindo sobre el escenario, a veces como protagonista y otras cediendo la atención a su banda. Los solos se sucedieron hasta el final y marcaron una velada que puso la guinda a un Festival de Jazz que será recordado por el extraordinario nivel del cartel y por la extraordinaria respuesta de los aficionados.