Diario Sur

Rocío Molina taconea sus 'afectos' ante su público

La artista veleña presentaba por primera vez uno de sus espectáculos en el teatro de la capital. :: álvaro cabrera
La artista veleña presentaba por primera vez uno de sus espectáculos en el teatro de la capital. :: álvaro cabrera
  • La bailaora malagueña se apoya en la música de Rosario 'La Tremendita' en un espectáculo que llena el Cervantes

Daba gusto observar el ambiente en los alrededores del Teatro Cervantes en la tarde de ayer, pocos minutos antes de que diese comienzo la tercera cita del ciclo de danza que ha empezado con tan buen pie. La plaza bullía de gente, que miraba impaciente el reloj esperando a las siete de la tarde para acomodarse en un patio de butacas en el que luego no iba a caber un alfiler -ni tampoco en los asientos de los palcos ni los niveles superiores-.

El reclamo justificaba con creces la expectación de los aficionados malagueños al baile flamenco, que por fin iban a poder ver sobre las tablas del recinto más importante de la capital a Rocío Molina. Hacía casi ocho años -desde que interpretó 'Oro viejo' en el Auditorio de la Diputación- que la artista veleña, Premio Nacional de Danza en 2010, no ejecutaba en su tierra una de sus coreografías.

Cuando las luces del escenario se apagaron, entre la audiencia se hizo el silencio total, roto poco después con el contrabajo de Pablo Martín. Comenzaba 'Afectos', pieza creada en 2012 que le valió a Molina ser finalista en los XVII Premios Max de las Artes Escénicas en la categoría de Mejor Espectáculo Revelación. Seguidamente entró en escena Rosario 'La Tremendita', que agarró su guitarra y ocupó un sillón en uno de los laterales. Un perchero y la luz de tres bombillas completaban la decoración de la escena.

Espectáculo sobrecogedor

Entonces salió Rocío Molina, tacones en mano, y el público contuvo la respiración ante la presencia de la de Vélez-Málaga. Sentada en un taburete, abrazó una guitarra española, su pareja de baile en el primer acto de 'Afectos'. El contrabajo hacía las veces de instrumento flamenco mientras Molina se ponía de pie para dirigirse hacia Rosario, que en apenas unos segundos demostró su dominio de la guitarra y la autenticidad de su cante. Es 'Afectos' un espectáculo sobrecogedor en el que no solo dos artistas de la talla de Molina y 'La Tremendita' despliegan todo su duende, sino que van más allá al jugar con la luz, el vestuario, los silencios y la habilidad de Martín con su herramienta y los 'loops', con los que se permite generar infinitas líneas de contrabajo.

Molina consigue precisamente lo que quiere: «Engrandecer cosas sencillas, que resultan ser las más difíciles». Introduce al espectador en una vorágine en la que se funde el baile flamenco más tradicional con la danza contemporánea, en el que con sus tacones rojos y un cuadrado de madera es capaz de emocionar al menos aficionado.

Vestida de luto y con la cabeza tapada por un pañuelo o al alegre ritmo de 'Chiribí chiribí', la malagueña transmite la misma pasión, esa que le lleva a crear piezas como esta, en las que también hay sitio para las guajiras de Juan Breva en un momento con aires cubanos. «Yo me compré un cariño en la feria del amor, qué bonito era el juguete y qué caro me costó», susurró Molina a 'La Tremendita' para animarla a encarar un final que puso al Cervantes en pie.