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Javier Claudio: «Los jóvenes deben perder el miedo a aburrirse en un concierto de clásica»

Javier Claudio, durante un ensayo con alumnos del proyecto Promúsica.
Javier Claudio, durante un ensayo con alumnos del proyecto Promúsica. / Álvaro Cabrera
  • El violinista y director de las orquestas Promúsica recibe el reconocimiento de la Fundación Musical de Málaga por su trayectoria, volcada en los últimos años en los jóvenes

No tenía que irse muy lejos para aprender a tocar el violín, al maestro lo tenía en casa. Nieto del violinista Joaquín Claudio Martín (fundador de la Orquesta Sinfónica Provincial) e hijo del violonchelista Joaquín Claudio Kraus (miembro de la Sinfónica durante 50 años), la música le venía en los genes. Y él se encargaría de cultivarla con los años. Javier Claudio (Málaga, 1966) recibe este miércoles la Insignia de Honor de la Fundación Musical de Málaga como reconocimiento a su trayectoria. Una carrera que le ha llevado a dirigir la Orquesta de Cámara Rosa Faria de Málaga, a integrar durante quince años la Sinfónica y a ser concertino de la Camerata Clásica Andaluza bajo la batuta de Octav Calleya. Hoy reparte su tiempo entre el Conservatorio Superior, la facultad de Ciencias de la Educación y su proyecto más ambicioso: la tres orquestas que forman el proyecto didáctico Promúsica, que una temporada más vuelve a la Sala María Cristina de la Fundación Unicaja. Siempre rodeado de jóvenes.

¿Qué supone este premio?

Supone un aliciente. No se hacen las cosas para conseguir premios, sino porque a uno le gusta, pero siempre es un revulsivo para seguir trabajando por la juventud de Málaga.

Después de siete años en activo, ¿qué aporta Promúsica a la escena musical?

Hemos ofrecido 200 conciertos, hemos hecho ocho giras internacionales -el año que viene vamos a un concurso de Bratislava- y hemos recibido premios. Todo eso no es fruto de un día, sino de un trabajo continuado. Para los jóvenes supone muchísimo, ponen mucha ilusión en cada programa que abordamos. Para las familias, es una garantía de que el niño no va a dejar el instrumento: una vez que entran en el proyecto, ya siguen adelante. Los lazos de amistad que hacen son perennes. Y para Málaga, tener un proyecto tan activo como el nuestro ayuda a hacer público.

¿Qué ha aprendido de trabajar con niños, adolescentes y jóvenes?

Muchísimo, creo que más que ellos. Me he tenido que enfrentar continuadamente a un repertorio para orquesta de cuerda que yo no conocía en su totalidad. Cada año hay obras nuevas que no he trabajado nunca como director. Y aprendo de cada uno de los alumnos y de los padres que forman el proyecto, de sus valores, de cómo reaccionan a las situaciones. Para mí sigue siendo un gran aprendizaje. En las giras hemos estado con chicos de diferentes países, desde China a Canadá, y también ellos y sus profesores nos enseñan. Las vivencias han sido muchísimas y ha sido muy enriquecedor.

Promúsica es una excepción, las nuevas generaciones no se sienten atraídas por la música clásica, ¿qué está fallando?

Esa pregunta me la hago todos los años en la facultad, donde soy profesor asociado de Educación Musical. A mis alumnos les pregunto por qué no van a los conciertos y la respuesta es «porque no ha encartado». Pero después, cuando descubren la música clásica se sorprenden. Lo que falla es la enseñanza, si en los colegios hubiera más música y bien dada habría más aficionados. Pero es que los padres tampoco van. No hay tradición. Todos los que estamos relacionados con la enseñanza y la música tenemos una responsabilidad común en este asunto para implicar a los jóvenes. Pero para eso se les tiene que ofrecer programas muy asequibles y explicárselos bien. Yo lo hago antes de interpretar cada obra en la Sala María Cristina. Trato de acercar la música, porque eso es vital.

Parece que las nuevas generaciones le tienen miedo, respeto.

Piensan que eso es una cosa muy aburrida y luego cuando llegan allí se dan cuenta de que no es así. Nosotros tocamos música hasta de Michael Jackson, y ellos no piensan que eso se pueda tocar con una orquesta. El público no sabe dónde están los límites de la música clásica. Y hay que hacerla entretenida. Los jóvenes tienen que perder el miedo a aburrirse en un concierto clásico.

Músicos como Ara Malikian tocan Mozart al violín con pantalones de cuero y el brazo tatuado. ¿Hay que quitarle seriedad a la clásica?

Sí. La música ya es suficientemente seria para poder descubrírsela a los jóvenes de una forma divertida. El fondo es una cosa y la forma es otra diferente. Se puede presentar de forma atractiva al público. Porque cuando la prueban, les encanta. No es el precio de la entrada, es cuestión de tenerlo como tradición, como rito: cada dos semanas ir al teatro.

Cuando no escucha música clásica...

Escucho rap, rock and roll, jazz, música de los 80. Hay que abrir el oído y escuchar todo tipo de música siempre que sea buena. En mi asignatura de la facultad vemos todos los estilos porque acercándoles a los diferentes tipos de música se aprecia más la clásica, son conscientes del mérito y el trabajo que tiene.