La 'chanson' en Marbella

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Charles Aznavour no dejó de demostrar anoche por qué es un grande de la canción / Josele-Lanza -

  • A sus 92 años, Charles Aznavour da un recital en Starlite apto para varias generaciones en el que no faltaron sus grandes temas como ‘La boheme’, Que c’est triste Venice’, ‘Les deux guitares’ y ‘Emmenez-moi’

  • Pese a tener un trabajo no muy antiguo, ‘Encores’, no decepciona al relatar, paso a paso, la historia de su carrera

Si por algo destaca en estos últimos años el festival marbellí Starlite es, sin duda alguna, por traer a la Costa del Sol auténticos mitos de la música, que quizá en otro contexto se plantearan muy mucho aterrizar en la provincia para que tengamos el orgullo de disfrutarles. De toda esta cosmogonía, el francés Charles Aznavour debería, cuanto menos, formar parte de los míticos. Desde que aterrizó anoche en la cantera de Nagüeles a sus perfectamente bien llevados 92 años con la canción de ‘Les emigrants’ –un sentido homenaje a sus orígenes armenios–, hasta un final al que esta edición no pudo alcanzar, el artista no dejó de reiterar por qué es un grande de la canción. Y todo ello, salvo contados momentos, de pie; primero con chaqueta y luego sin ella, con esos tirantes rojos que nunca ha dejado de ponerse.

Pese a tener un trabajo no muy antiguo, ‘Encores’, Aznavour no decepcionó al relatar, paso a paso, la historia de su carrera. No faltaron, por supuesto, ‘Paris au mois d’août’, ‘Mourir d’aimer’ y algo ya de este siglo, ‘Je voyage’, un tema grabado con su hija Katia, a la que invitó a subir al escenario para interpretarla juntos. Con los gajes que produce la edad, el dueño de la ‘chanson’ necesitó de un ‘prompter’ que le fuera recordando las letras de todas sus joyas, aunque quizá gracias a esa ayuda el cantante no falló de manera excesiva en ninguna de sus notas, con una energía que renovaba en los pocos segundos que dejaba entre éxito y éxito, pese a que su voz, como es lógico, no es la misma que hace 50 años.

El castellano se coló en el repertorio con adaptaciones como ‘Dime que me amas’, ‘El barco ya se fue’ y ‘Quien’ (temas que han sido traducidos por el gran Rafael de León), pero se dirigió al público en un francés para todos los niveles.

Luego llegó el tiempo de ese melodrama tan propio: ‘La mamma’, ‘Désormais’ y un ‘Il faut savoir’, entre otras, que no eran sino la excusa para ir de una tierra a otra; de la ‘chanson’ más tradicional hasta un elemento más festivo, incluyendo algún elemento más innovador y menos de baile, con sintetizadores y ritmos diferentes. «He escrito unas 1.400 canciones; ¿sabéis cuántas terminan con ‘mon amour’?» preguntaba. «Más de trescientas», se contestaba ante las risas de los seguidores. Pasada la hora de recital llegaron los éxitos más conocidos. ‘Les plaisirs démodés’, en la que una vez más representó ese baile abrazado a una pareja imaginaria; ‘Hier encore’, el ‘Yesterday when I was young’, y ‘Comme ils disent’, recordando a otros tiempos con piano y acordeón. Delante de aquello, la carretera amenazaba con mostrarnos las que nos sabemos: ‘Que c’est triste Venice’, ‘Les deux guitares’, ‘She’, y por supuesto ‘La bohème’ y ‘Emmenez-moi’. Después acabaría el concierto, sí. Pero este no será el último de Aznavour. Nunca lo es.