Ara Malikian, el rockero del violín

Ara Malikian, durante el concierto de anoche en el Teatro Cervantes.
Ara Malikian, durante el concierto de anoche en el Teatro Cervantes. / Salvador Salas
  • El violinista cuelga el cartel de 'no hay entradas' en su concierto en el Cervantes

Oír un «¡Qué guay!» adolescente a las puertas de un teatro cuando acudes a una noche de música clásica no es muy común. Salvo que seas Ara Malikian. El violinista de origen armenio agotó entradas en un Teatro Cervantes en el que grandes y pequeños vibraron por igual con Manuel de Falla que con Led Zeppelin. Y es que Malikian es como una estrella de rock, pero del violín. Con tatuajes y pantalón de cuero emerge de entre el patio de butacas tocando con una pasión que lo deja de rodillas y entregado a su violín como el mejor rockero lo haría con su guitarra eléctrica.

Dice que sobre el escenario busca transmitir y, sin duda, lo consigue con una facilidad asombrosa porque su cuerpo desborda música como pocas veces se ha visto en un artista.

En la gira de ‘15’, el disco que presenta y que sirve para celebrar su feliz estancia en España, debe de perder varios quilos: baila, salta, gira sin vértigo... Su repertorio es un auténtico viaje no apto para turistas perezosos. Líbano, Alemania, Inglaterra, Madrid... Kilómetro a kilómetro, Malikian hace gala de un virtuosismo humilde, saltando de Vivaldi a Radiohead o del maestro Sarasate a otro maestro, Paco de Lucia. Se refiere a los clásicos como el «jamón ibérico» y a sus composiciones como «los palillos de pan» que lo acompañan. Una curiosa metáfora que surge de un recuerdo, de ese momento en el que se enamoró de nuestro jamón al llegar a España en los años 90. Porque claro, ¿qué sería de un viaje sin anécdotas? Sin saber que, durante sus años en Inglaterra, Boy George echó a Malikian de su banda porque se entretuvo descubriendo a unos desconocidos Radiohead. O que sus escasos conocimientos de alemán le llevaron a amenizar bodas judías.

Pero, lamentablemente tenemos que llegar a la última parada del viaje. Sin apenas darnos cuenta nos hemos trasladado a 1915, a un juego de sombras y melodías lejanas con las que Ara homenajea al pueblo armenio para no dejar que se olvide lo que sufrieron.

Y así, el público alcanza el final de trayecto puesto en pie con las palmas rojas de tanto aplaudir y Malikian y su banda intentando despedirse con Bach porque nadie quiere marcharse. Como en el mejor concierto de rock.