Diario Sur

Rock and roll en la banca

Eloy Pardo presenta mañana en Málaga su libro ‘Cambio de ritmo’.
Eloy Pardo presenta mañana en Málaga su libro ‘Cambio de ritmo’. / SUR
  • De día lleva corbata, de noche coge la guitarra eléctrica. El director de banco Eloy Pardo cuenta en un libro cómo se convirtió en el roquero Still Morris

Por la mañana lleva corbata, por la noche coge la guitarra eléctrica. A primera hora ocupa un despacho como director general de un banco, a última hora se sube al escenario de una sala de conciertos. A la luz del día es Eloy Pardo; cuando se apaga se convierte en Still Morris. Mitad banquero y, desde hace unos seis años, mitad roquero. En un momento delicado para su sector, Eloy Pardo (Barcelona, 1956) decidió compensar la «asepsia afectiva que tiene el negocio bancario» retomando una pasión de juventud:la música. Hoy va camino de lanzar su quinto disco bajo el pseudónimo de Still Morris, se cruza el país dando conciertos y ha volcado su experiencia en un libro con mucho sentido del humor. Esta tarde presenta en FNACMálaga ‘Cambio de ritmo. De la banca al rock y de la cabeza al corazón’.

Y volver al rock, asegura, le ha hecho mejor banquero, «más emotivo, más humano». «Cuando eres feliz eres mejor en todos los frentes», asegura. La banca se ha convertido así en su «forma de ganarse la vida»; yla música en su manera de «entenderla».

Con el libro, «un maravilloso accidente» que le llegó tras trascender su historia a la prensa, quiere demostrar que otra vida es posible. «Está todo tan encorsetado, tan teledirigido por lo políticamente correcto, que la vida nos va comiendo en lugar de decidir nosotros nuestras vidas. La sociedad nos va idiotizando poco a poco y es complicado dar rienda suelta a uno mismo», reflexiona. Pero si se quiere, incluso tras cuatro décadas dedicado al sector financiero, se puede.

El qué dirán

Ahora en su trabajo todos asumen que hay un roquero entre sus filas, pero el salto de la oficina a las tablas no fue sencillo. Para empezar por él mismo. «Tenemos una sociedad muy marcada por el miedo al qué dirán, con muchos prejuicios», reconoce. Y también por la reacción de los otros. «Fue como abrir un telón y ver la auténtica realidad de la vida y de las personas. Hay gente que creó más vínculos conmigo porque vieron el lado humano de un ejecutivo; otros lo entendieron menos y se alejaron». Recuerda, por ejemplo, que tras una comisión un responsable le cuestionó sobre su afición a la música. «‘¿Será clásica, no?’, me preguntó», explica.

Entre el público, siempre que pueden, aplauden sus dos mayores fans, sus hijos de 28 y 24 años. «Habían conocido a un padre encorbatado, siempre ocupado, y ahora me ven subido a un escenario con una guitarra eléctrica. Ha sido precioso», afirma. Conciliar tampoco es sencillo. «Requiere sacrificios, se consigue a base de robarle horas al sueño, a las vacaciones, al fin de semana... Pero se hace con gusto». Componer una canción y mostrarla lo compensa todo. Banquero y roquero se afectan e influyen mutuamente. Y por eso a Still Morris siempre le quedará algo de Eloy Pardo: «Me desespera el desorden y la informalidad que tiene el mundo de la música».