Francisco Martínez: «La música no sólo amansa a las fieras; perfecciona el cerebro»

Francisco Martínez, en el aula de Percusión.
Francisco Martínez, en el aula de Percusión. / Ñito Salas
  • Primogénito de una saga de músicos malagueños, el director del Conservatorio Superior lidera desde la trinchera de su despacho la batalla por convertir en universitarias las enseñanzas musicales

Es capaz de citar en dos minutos y sin atisbo de pedantería a Theodor Adorno y María Zambrano (objeto de su tesis doctoral) para ilustrar su opinión sobre la política. Y a la par, admitir que se emociona con ‘Quédate’, de Funambulista. O que es devoto del ‘Don Juan’ de Mozart por ser «la ópera más importante de la historia de la música». Francisco Martínez (Málaga, 1967) parece, a veces, un hombre del Renacimiento. Devoto de Juan Ramón Jiménez, lee a la Generación del 27 y a Goethe y su conversación es una constante sucesión de referencias; de Bach a George Steiner. No en vano, este catedrático de Historia y Ciencia de la Música por la Universidad de Granada tiene también estudios de Derecho, Matemáticas y Filología Hispánica. Y es el primogénito de una saga que encabeza su padre, exdirector de la Orquesta Sinfónica de Málaga, músico de la banda municipal de Málaga y profesor ya jubilado; y que completan otros tres hermanos, también músicos y docentes. Desde hace dos años, dirige el Conservatorio Superior,  una trinchera desde la que abandera el reconocimiento de las enseñanzas musicales como universitarias.

–Qué paradójico que a ustedes les cueste tanto hacerse oír.

- Pues sí que lo es. La razón de eso está en los dos frentes. Por un lado, en la falta de autoconvencimiento que tenemos los propios del gremio. Y por otro, está la sordera ambiental, incrementada los últimos tiempos por las iniciativas legislativas del Gobierno.

- ¿La ‘ley Wert’ no les gusta, no?

- La Lomce está siendo una catástrofe, porque resta presencia a la música en los estadíos iniciales y medios de la enseñanza general. Y a eso añada usted la sordera institucional; no nos atienden en nuestras demandas frente a ese mal histórico de la ubicación en el sistema educativo.

- ¿Se sienten la hermana pobre del sistema?

- Por supuesto, somos la hermana pobre. Y la cenicienta, sin baile de medianoche ni príncipe a la vista.

- ¿Por qué en un país que premia tanto el talento artístico cuesta tanto el reconocimiento en la enseñanza reglada?

- Por un lado, a los artistas en general, y a los músicos en particular, nos falta espíritu militante; por ejemplo, los colegas de la educación fisica lograron en su tiempo la integración universitaria de una manera muy brillante y los departamentos hacen piña, quizá por ese espíritu competitivo. Y tal vez eso sea porque saben alinearse en un vector de fuerza y hacer presión. Nosotros adolecemos de un grado de dispersión tremendo y muchas veces nos perdemos; se nos va la fuerza en las discusiones un poco bizantinas y gran parte de nuestros males están ahí.

- Dígame las razones por las que la enseñanza musical debería ser universitaria.

- La música es un componente fundamental de la cultura. Y a la vez, es un arte y una ciencia, con un peso histórico que ha sobrepujado incluso a la importancia de otras disciplinas que sí forman parte de las enseñanzas universitarias, como las bellas artes, por ejemplo.

- ¿Ciencia?

- Hay que saber que la música y la manera en que funciona en nuestro cerebro se está revelando como una llave maestra para entrar en ese territorio, que va ser el gran reto de la ciencia en el siglo XXI: el cerebro. La neurociencia ya lo está admitiendo.

- O sea que va a ser verdad eso de que la música amansa a las fieras.

- No sólo amansa a las fieras, sino que perfecciona nuestro cerebro. Cada vez parece más claro que el cerebro de un músico alcanza un grado de optimización de su funcionamiento que difícilmente podemos alcanzar a través de otras actividades. Eso parece ser un clamor cada vez más intenso en el terreno de la neurociencia; un clamor al que los políticos parecen ser bastante refractarios.

- Ya ¿Y qué música le ponemos a los políticos para que les empiecen a escuchar?

- Como parece que piensan sólo en dos dimensiones o en blanco y negro, podríamos empezar con algo fácil; tal vez música minimalista o, si acaso, acercarlos a Mozart, que es una música muy clásica que parece como descendida desde lo celeste pero que atesora un alto grado de sensualidad y humanidad.

- ¿Sensualidad?

- (Risas) Aunque la lujuria es un pecado capital, quizá es el más simpático y a lo mejor les vendría bien.

- ¿Qué música escucha un director de conservatorio?

- Con el tiempo uno se deshace de los prejuicios intelectualistas. Y dejas de pensar que escuchar música sesuda y de prestigio te irradia ese prestigio. Y me acerco a una música sólo porque me emociona. Por eso escucho igual a Bach, Mozart o Brahms; o me conmuevo con ‘Quédate’ de Funambulista.

- ¿Hay algún género al que le haga ascos?

- Por mi formación instrumental, la ópera me cuesta más; aunque he hecho descubrimientos como Mozart. Su ‘Don Juan’ es la mejor ópera de la historia de la música.

- ¿Es cierto eso de que la música es infinita?

- Me quedo con lo que escribieron Steiner o Zambrano: la música es la más inhumana de las artes, porque atiende a principios que están por encima de los patrones con los que los humanos medimos el mundo.