El Museo de Prado celebra su década prodigiosa

Se cumplen diez años de la ampliación de Moneo en el claustro de los Jerónimos con la vista puesta en la de Foster en el Salón de Reinos

MIGUEL LORENCI MADRID.

«Con la ampliación de Moneo en los Jerónimos hace una década el Prado vivió una revolución feliz que le catapultó del siglo XIX al XXI». Así resume el director de la pinacoteca, Miguel Falomir, la «década prodigiosa» que ha convertido al Prado en uno de los grandes museos del mundo. Lo hizo el día que en el que se cumplía una década de la inauguración de la ampliación más decisiva en dos siglos y en presencia de su artífice, Rafael Moneo. «No fue fácil, pero si me la planteara hoy haría lo mismo», dijo el arquitecto navarro, un premio Pritzker que cede el testigo a otro. Y es que cuando concluya la nueva actuación en marcha del Salón de Reinos de Norman Foster, el Prado será el único museo del mundo ampliado por dos ganadores del 'Nobel' de arquitectura.

«La ampliación marcó un antes y un después», dijo Falomir, muy satisfecho de que gracias a ella «se dispararan todos los indicadores del museo», que pasó de un poco más de un millón de visitantes a los tres millones del año pasado. Con un coste de 152 millones de euros, aportó mas de 22.000 metros cuadrados y también «trajo más rentabilidad, más medios y exposiciones más ambiciosas, multiplicó la oferta educativa y el patrocinio, y permitió restaurar más cuadros que nunca», enumeró. A su juicio, es la demostración de que «invertir en cultura no es un capricho ni una frivolidad; es algo tan esencial como invertir en infraestructuras. Si haces 50 kilómetros de AVE o de autovía, a todo el mundo le parece bien, pero a veces se piensa que invertir en el Prado es una frivolidad», lamenta Falomir.

Está el director muy pendiente de los presupuestos del Estado. Si se aprueban los de 2018, habrá una partida para abordar la ampliación de Foster. Si se prorrogan los del 2017 habrá que esperar un año más para el inicio de las obras en el Salón de Reinos previstas para el otoño de 2018. «Pero lo importante es la decisión política, que es clara, y espero que no sea problemática», dijo Falomir de una ampliación que permitirá exponer casi 300 pinturas y que tiene una esencia distinta a la de Moneo.

«En la de Moneo lo más importante es lo que no se ve, lo que nos permitió ganar espacios propios y dignificar los talleres, los depósitos y los servicios». «Con ella las necesidades del Prado se cubrieron para un siglo y sin ella no estaríamos donde estamos, en la primera línea mundial, ni seríamos un museo del siglo XXI, algo que hay que decir sin complejos», expresó Falomir.

Fue la ampliación una catapulta hacia el futuro que «envejece bastante bien» según Moneo. Una década después se felicita por su actuación y por el camino del Prado hacia ese gran campus que será en unos años con la peatonalización de la calle Felipe IV y la conexión en superficie del edificio de Villanueva.

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